Dr. Antonio Guerrero AguilarComo a las cinco de la mañana del día 16 de septiembre de 1810, el padre Hidalgo ordenó a Jesús Galván, para que tocara las campanas para llamar a misa. Ya cuando estaban congregados en el atrio, el padre Hidalgo expuso su célebre Grito de Independencia. Después comisionó a cada uno de los jefes para que fueran a detener a los 19 españoles que había en el pueblo. Mientras tanto, en la calle, frente a la casa de Hidalgo se hallaban los simpatizantes del movimiento, esperando instrucciones de éste. Se fueron a la cárcel del pueblo para liberar a todos los presos, quienes se unieron al grupo y se congregaron en el atrio del templo.


Los asistentes conformaron un improvisado ejército armado con machetes, garrotes, hondas y muy pocas armas de fuego, luego se les incorporó el destacamento del regimiento de la Reina compuesto por 34 soldados. En esa mañana, Ignacio Allende organizó aquella fuerza que sumaba 800 efectivos, de los cuales solo la mitad tenían caballo.

Salieron del pueblo de Dolores para dirigirse hacia Atotonilco el Grande, en cuyo templo había una pintura con la imagen de la Virgen de Guadalupe, que fue tomada por Hidalgo y colocada en un asta a manera de estandarte. Con esta imagen se presentó ante su gente y gritó: “¡Viva la Virgen de Guadalupe! Viva la América!”. La tropa contestó: “¡Mueran los gachupines!”. Llegaron a San Miguel el Grande en la noche del 16 y tomaron esa plaza con relativa facilidad. Luego Allende convenció a su regimiento que estaba destacado ahí para que se sumaran a su causa. En esa población acamparon tres días.

Luego con una fuerza compuesta por 6 mil hombres, llegaron a Guanajuato el día 19 de septiembre y al día siguiente tomaron Celaya. Ahí el padre Hidalgo fue proclamado capitán general del Ejército de América, mientras que Allende y Aldama fueron nombrados tenientes generales, el cual ya contaba con más de 20 mil hombres. Durante la campaña Ignacio Allende se hizo famoso por su ética y caballerosidad en el mando, pues siempre se mostró respetuoso con la población civil y no castigaba a los presos ni a los contrarios. Pero lamentablemente la turba que marchaba como ejército insurgente, en muchas veces ni siquiera respetaba las órdenes de los jefes independentistas, cometiendo fechorías y robos por los lugares que pasaban.

El 24 partieron hacia la ciudad de Guanajuato; después de una histórica y cruenta batalla, la plaza cayó el 28 de septiembre y en la cual hubo un considerable número de españoles muertos en la Alhóndiga de Granaditas. Como ya se había mencionado, la turba enardecida se dedicó al robo y al saqueo de la población, de no ser por Allende quien ordenó detenerlos para evitar la rapiña de los seguidores. Después del famoso episodio de la Alhóndiga de Granaditas, el ejército insurgente se abasteció de armas, municiones y dinero, lo cual le aseguraba continuar con la lucha independentista. De Guanajuato partieron hacia Valladolid, población que tomaron sin muchas dificultades el 17 de octubre. En Valladolid se incorporaron al ejército insurgente varios regimientos realistas.

Hidalgo tomó los recursos disponibles y con la confianza que le daba su numeroso ejército, se dirigió hacia la ciudad de México. En el pueblo de Charo se les presentó el padre José María Morelos, a quién Hidalgo comisionó para que organizara los ejércitos insurgentes en la región sur de México. Hidalgo se dirigió a Morelos y le señaló que parecía más bien un militar que un sacerdote. Los héroes se despidieron en Indaparapeo y ya no se volvieron a ver. Se dice que la entrevista fue corta aunque decisiva. Las tropas insurgentes continuaron su marcha por Acámbaro, en donde Hidalgo fue proclamado generalísimo e Ignacio Allende capitán general de un ejército que ya sumaba 80 mil hombres. Pasaron a Maravatío, lugar en el que se incorporó Ignacio López Rayón. Continuaron por Ixtlahuaca y llegaron a Toluca el 28 de octubre de 1810, que recientemente había sido evacuada por Torcuato Trujillo, cuyas fuerzas enfrentaron a los insurgentes dirigidos por Allende en la famosa batalla del Monte de las Cruces el día 31. Tras 6 horas de combates, los realistas se retiraron, por lo que los insurgentes victoriosos avanzaron hasta Cuajimalpa.

Tras permanecer dos días acampados en el llamado Monte de las Cruces, Allende insistió en la necesidad de marchar sobre la ciudad de México que se encontraba a menos de 30 kilómetros de distancia, argumentando que eso les daría gran prestigio, pues lograrían la prisión o huida del virrey y en consecuencia la desorganización del gobierno virreinal, lo que los acercaría a la independencia total. Inexplicablemente el padre Hidalgo ordenó la retirada. Se dirigieron a Querétaro y en Aculco fueron dispersados por las tropas realistas de Félix María Calleja, por lo cual dividieron las tropas insurgentes. La estrella del movimiento insurgente de Hidalgo y Allende perdía su fulgor. Es más, estos problemas le ocasionaron serias diferencias con los jefes militares.

Mientras Allende se dirigió a Guanajuato, Hidalgo se fue a Valladolid con poca gente. A pesar de la organización defensiva, Allende fue derrotado en Guanajuato, pues no recibió ayuda de los otros jefes insurgentes. Hidalgo se trasladó a Guadalajara y fue bien recibido por las autoridades el 28 de noviembre. A los pocos días Allende llegó con sus tropas. Pero Calleja había tomado Valladolid y recibió la orden del virrey para combatir a los insurgentes en Guadalajara. Hidalgo tomó la determinación de enfrentar a las tropas realistas en el Puente de Calderón apoyado por el genio militar de Allende. Pero tras un reñido combate, el 16 de enero de 1811 las tropas insurgentes fueron derrotadas.

La debacle comenzó cuando explotó uno de las carretas insurgentes que estaba cargada con municiones. Entonces los improvisados soldados insurgentes se vieron desconcertados y ya no obedecieron a sus jefes. Calleja aprovecho el desconcierto y derrotó a los insurgentes que huyeron despavoridos por falta de disciplina militar. Hidalgo regresó a Guadalajara y de allí se traslado a Aguascalientes, para seguir su camino hacia Coahuila y Texas. En Aguanueva lo estaban esperando Ignacio Allende, Aldama y Abasolo, quienes estaban muy disgustados por las tácticas militares de Hidalgo, por lo que lo destituyeron del mando militar, siendo substituido por Ignacio Allende a quién se le dio el nombramiento de generalísimo. En Saltillo decidieron emprender su marcha hacia el norte, con la supuesta intención de llegar a los Estados Unidos, para solicitar apoyo y abastecerse de armas.

Apenas unos días antes, el general Mariano Jiménez, comisionado por Hidalgo para promover la Independencia en las llamadas Provincias Internas de Oriente, tomó Saltillo el 8 de enero de 1811. Allí nombró a don Pedro de Aranda como jefe del gobierno libertario de la provincia de Coahuila y Texas, con sede en Monclova, mientras que Mariano Jiménez se trasladó a Monterrey. No sabían que se estaba formando una contrarevolución con la intención de atraparlos y hacerlos prisioneros. El Grito de Dolores terminó en el desierto, en un lugar conocido como Acatita de Baján el 21 de marzo de 1811.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales