Dr. Antonio Guerrero AguilarPara conocer el maravilloso siglo XIX, es necesaria la lectura acerca de la obra del literato, escritor, viajero, militar, funcionario público, educador y ex secretario de Hacienda, Manuel Payno es muy importante para conocer la vida y las costumbres del siglo XIX. Su manera de narrar, escribir y sobre todo, su vida llena de acontecimientos que lo ligan de una u otra forma con la historia de México. La imagen testimonial que Manuel Payno elaboró acerca sobre la vida y las costumbres de México decimonónico, así como del noreste mexicano, son aportes significativos a las letras mexicanas para conocer y entender mejor nuestra historia. Si alguien conoció y vivió plenamente el siglo XIX, ese fue sin duda Manuel Payno.


Manuel Payno y Flores nació el 28 de febrero de 1820 en la ciudad de México, hijo de José Manuel Payno y Bustamante y de María Josefa Cruzado. Por línea paterna estaba emparentado con el general Anastasio Bustamante. Se puede decir que nuestro biografiado es uno de los escritores que más vivió intensamente el siglo XIX. Fue meritorio en la Aduana de México en 1834, diputado al Congreso de la Unión, diplomático, Ministro de Hacienda en dos ocasiones, Senador y Presidente de la Cámara Alta, catedrático de historia de México y fundador de la Escuela Nacional Preparatoria, conspirador en el Plan de Ayutla y participante en el golpe de estado a Ignacio Comonfort con el Plan de Tacubaya, liberal moderado, simpatizante de Maximiliano de Habsburgo y posteriormente patriota con la causa republicana en los primeros años de la presidencia del General Porfirio Díaz.

Autor de una buena cantidad de obras literarias e históricas. Sobresalen Los bandidos de Río Frío, tal vez el estudio costumbrista más amplio que existe en la literatura mexicana, El Fistol del Diablo, El hombre de la situación, El libro Rojo entre otros más.

Entre 1837 y 1844 radicó en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, a la que llegó junto con Guillermo Prieto. Ahí trabajó como empleado aduanal, luego como contador en la misma dependencia y en 1840 como secretario particular de Mariano Arista en el Ejército del Norte que tenía precisamente su cuartel general en ese puerto fronterizo, llegando a alcanzar el grado de teniente coronel. Desde 1838 empezó a contribuir con narraciones cortas para varios periódicos, revistas y publicaciones de la ciudad de México. En pocas palabras, su vocación literaria se forjó en la frontera aledaña al Río Bravo o Grande del Norte.

En 1839 emprendió un viaje hacia el Presidio de Río Grande, actual Guerrero, Coahuila, por lo que conoció varios puntos río arriba: Reynosa, Camargo, Mier, Revilla (actual Guerrero Viejo) y Laredo que en ese entonces aún pertenecía a Tamaulipas. El escritor nos cuenta en sus crónicas, que sus impresiones de viaje, fueron anotadas en su cartera y las enriqueció con entrevistas personales de los habitantes de la región.

En una de sus relatos, nos dice que llegó a los diecinueve años, montado en un alazán tan flaco como brioso, una espada tan larga como desafilada, unas pistolas de media vara de largo que habían pertenecido a su abuelo y una cabeza llena de pensamientos románticos.

En 1886 Payno fue nombrado cónsul mexicano en Santander, España y luego pasó con el mismo cargo a Barcelona en donde permaneció cinco años. Aprovechó su estancia para recorrer las principales ciudades europeas. Regresó a México en 1894 en donde volvió a ocupar un escaño en el Senado de la República, en donde fue elegido presidente, cargo equivalente para la época como de vicepresidente del poder ejecutivo. Sus últimos días los pasó en San Angel, en donde murió el 4 de noviembre de 1894.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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