Dr. Antonio Guerrero Aguilar

Para muchos estudiosos, la historia de México desde el imperio de Iturbide en 1821, pudiera llamarse con propiedad la historia de las revoluciones de Santa Anna...

Dr. Antonio Guerrero Aguilar Para muchos estudiosos, la historia de México desde el imperio de Iturbide en 1821, pudiera llamarse con propiedad la historia de las revoluciones de Santa Anna, unas promovidas por él mismo, otras proclamando unos principios y favoreciendo mañana los opuestos; elevando a un partido para oprimirlo después y levantar al contrario. Fue el protagonista en todos los sucesos del poder político del país a partir de la segunda década del siglo XIX y la suerte de México ha venido a enlazarse con la suya. Unas veces mantuvo el poder más absoluto, en otras padeció las prisiones y el destierro cruel.

Dicen que Santa Anna fue un buen organizador pero un mal político, personaje volátil, astuto y pésimo militar, supo guiar y sentirse querido por una sociedad que pensó ser mejor que la norteamericana. Gobernó a México como si fuera una de sus haciendas. Supo valerse de una etapa en la que se apoyó en la misma estructura de la colonia, la de los fueros y privilegios que aún mantenían los del alto clero, los del ejército y de aquellos caciques y caudillos regionales. Para controlar políticamente a las fuerzas nacionales, se valió de intereses, fuerzas y de las clases sociales existentes. Fiel admirador de las hazañas napoleónicas, quiso ser como Napoleón Bonaparte, pero sin representar lo que éste personaje encarnaba.

Antonio López de Santa Anna nació en Jalapa, Veracruz el 21 de febrero de 1794. Poco antes de iniciar el Grito de Dolores, se inscribió como cadete en el Ejército Virreinal, en el cual fue escalando puestos y grados a costa de quien se pusiera en frente. Ascendió a teniente coronel realista. Lo importante para él era llegar lo más que se pudiera. Incluso se dice que cuando se pasó al bando trigarante, no desperdició el tiempo en tratar de enamorar a una hermana de Iturbide, quien prácticamente lo mandó a campaña para zafarse de las malas intenciones de Santa Anna. Hombre enamorado y dado a las aventuras de amor, estuvo casado en al menos tres ocasiones y tuvo contabilizados nueve hijos fruto de numerosas aventuras por los lugares en los que pasó y vivió.

Logró notoriedad política el 1 de febrero de 1823 cuando lanzó el Plan de Casamata con Guadalupe Victoria y se pronunció a favor de una república federal en San Luis Potosí. Hacia 1827 ocupó la gobernatura de su estado natal y al año siguiente se pronunció en contra de la elección de Manuel Gómez Pedraza y curiosamente apoya a Vicente Guerrero para que llegue a la presidencia.

Su único mérito militar de importancia, fue la defensa que hizo a favor de la patria, al frustar la expedición española de Isidro Barradas al derrotarlo junto con Manuel Mier y Terán en Tampico. Por su influencia y forma de moverse, logró que lo nombraran Benemérito de la Patria en 1830.

Fue once veces presidente de la República: lo raro es que en 1833 fue presidente tres veces, para regresar en abril de 1834 y dejar la silla en enero de 1835. El 18 de marzo de 1839 fue presidente por quinta vez, cargo en el cual apenas duró cuatro meses. Regresa a la presidencia por sexta vez el 10 de octubre de 1841. Pero un año después la volvió a dejar. El 5 de mayo de 1843 fue presidente por séptima vez, cargo en el cual duró cuatro meses. Regresa el 4 de junio de 1844 y a los tres meses renunció. Estuvo casi 15 días en la primavera de 1847, para regresar en mayo de ese año por décima ocasión. Una vez que los norteamericanos tomaron la capital, dejó de nueva cuenta la presidencia. Se desterró rumbo a Colombia. Regresó del destierro en septiembre de 1852 y el 21 de abril de 1853 ocupó por undécima ocasión la presidencia, la cual dejó el 12 de agosto de 1855.

En 1835 México cambió su sistema de gobierno federal a uno centralista. Entonces Zacatecas, Texas y Yucatán proclaman una rebeldía política en contra del gobierno centralista. Adujeron que ellos habían hecho un pacto con una república federal y no con una centralista.

El entonces gobernador de Zacatecas, el general Francisco García Salinas, amenazaba con crear un frente común de gobernadores que se rebelaran contra Antonio López de Santa Anna, quien al frente de un numeroso contingente marchó rumbo a Zacatecas y luego a Texas para regresarlos al redil centralista.

Pero antes de llegar a Zacatecas, se detuvo en la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Aguas Calientes, en dónde el entonces alcalde Pedro José García Rojas, aprovechó la estancia de su Alteza Serenísima para hacerle un baile en su honor, a la cual asistieron los principales miembros de la aristocracia hidrocálida. Entre vuelta y vuelta de vals, Santa Anna notó la belleza de la esposa de Pedro José García, llamada María Luisa Villa de García Rojas y decidió invitarla a bailar. Ya una vez cercanos, el presidente le dijo a la señora, que por un beso de ella haría lo que le pidiera.

Entonces María Luisa detuvo la danza y convocó la atención de los presentes en donde elogió a Su Alteza Serenísima. Anunció que aceptaría su oferta y que lo besaría a cambio de que hiciera a su marido gobernador. Santa Anna le dio el beso y en consecuencia, surgió el decreto con fecha del 23 de marzo de 1835 que dio existencia jurídica a un nuevo estado que recibió el nombre de Aguascalientes. La separación definitiva se dio hasta el 30 de diciembre de 1836 y el 16 de junio de 1856, Aguascalientes fue nombrado estado de la unión. De la leyenda queda constancia en el escudo de armas del estado, en el cual aparecían unos labios pintados de carmesí. Aguascalientes se separó de Zacatecas por un beso.

Cuando los texanos amenazaron de separarse de México, él mismo organizó y encabezó la marcha hacia Texas, a donde llegó en febrero de 1836 a San Antonio y participa activamente en la toma del Alamo. Pero en abril de ese año, fue completamente derrotado por las fuerzas de Sam Houston. Hecho prisionero, fue enviado a la capital de los Estados Unidos en donde fue recibido por el presidente Andrew Jackson.

Precisamente el 12 de abril de 1836 comete su peor error militar, pues después de comer carnitas y barbacoa se quedó dormido con su tropa, a lo que Sam Houston supo aprovechar y les cayó por sorpresa. Unos 2 mil hombres fueron completamente barridos por cerca de 700 norteamericanos que al grito de Remember the Alamo se alzaron con la victoria en la famosa batalla de San Jacinto. Algunos creen que una mulata al servicio de Houston, llamada Emily Morgan, tuvo que ver en la derrota y captura de Santa Anna, la famosa “Flor Amarilla” a la que himno de Texas recuerda con gloria y que después de la firma de los Tratados de Velasco, Santa Anna mantenía relaciones con esa mujer. Regresa a México y cuando los franceses trataron de invadir el territorio en la famosa guerra de los Pasteles, los combate en Veracruz, en donde perdió una pierna.

Fue una de las piezas fundamentales en la guerra e invasión norteamericana, a la cual llegó en medio de una mala fama, pues venía de entrevistarse con un enviado de James Polk y logró entrar por el puerto de Veracruz, con el permiso de los norteamericanos. En febrero de 1847 estuvo a punto de ganar la gloria, cuando ya mero lograba una victoria en la famosa batalla de la Angostura cerca de Saltillo, pero sorpresivamente se retiró del campo de batalla.

En esa injusta guerra, fue derrotado el 18 de abril en la batalla de Cerro Gordo y el 19 de agosto de 1847 favorece en cierto sentido la derrota de los mexicanos en el campo de Padierna. No se presenta en la batalla de Molino del Rey y abandona a su suerte a los defensores de Chapultepec. El 15 de septiembre de 1847 huye de la Ciudad de México al frente de su ejército.

El 3 de diciembre de 1853 autoriza la venta de la Mesilla a los Estados Unidos. Quiso servir a la patria durante la invasión francesa, pero fue desterrado de nueva cuenta por los mismos franceses en febrero de 1864. Dos años después, fue desfalcado y engañado en Nueva York.

El 30 de julio de 1867 llegó a Veracruz en donde fue sometido a consejo de guerra y sentenciado al destierro a la Habana, en donde permaneció hasta 1874, cuando el presidente Lerdo de Tejada le permitió regresar a México. Falleció el 21 de junio de 1876 en la ciudad de México. Toda una figura, con un carisma que ya quisieran tener nuestros actuales políticos y funcionarios públicos.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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