Dr. Antonio Guerrero Aguilar

Con motivo de las políticas de poblamiento desarrolladas en las postrimerías del virreinato y a principios del México Independiente, se permitió que colonos norteamericanos se asentaran en Texas...

Dr. Antonio Guerrero AguilarIntroducción

Con motivo de las políticas de poblamiento desarrolladas en las postrimerías del virreinato y a principios del México Independiente, se permitió que colonos norteamericanos se asentaran en Texas, que en ese tiempo pertenecía a las llamadas Provincias Internas de Oriente junto con Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Fue cuando la región noreste de México fue testigo de procesos migratorios de norteamericanos que se adentraron en la región, primero con la intención de poblar, luego durante la invasión y guerra con los Estados Unidos y posteriormente como inversionistas, aventureros o como profesionistas y pastores evangélicos. Por ejemplo, durante la ocupación norteamericana entre 1846 y 1848, arribaron a Nuevo León los primeros misioneros cristianos que daban asistencia espiritual a las tropas norteamericanas, así como periodistas y escritores que lo mismo venían a conocer la región como a describirla. Muchos de ellos se quedaron en algunos de los municipios de Nuevo León.

Quienes quedaron después de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, formaron familias en la región. Luego participaron activamente en los procesos de industrialización ya sea como empresarios, operarios y profesionistas independientes. Esas relaciones se estrecharon más después de la guerra civil norteamericana, pues los estados confederados comerciaban alimentos, armas y algodón, dando origen a las primeras élites empresariales de Nuevo León.

Fue tanta la presencia norteamericana en Nuevo León en la segunda mitad del siglo XIX, que un historiador se quejó de que las principales ciudades de Nuevo León como Monterrey, Montemorelos y Linares padecían procesos de aculturación, pues proliferaban periódicos y anuncios en inglés.

En tiempos del gobernador Bernardo Reyes, se procuró que Nuevo León buscara una salida al Río Bravo para ser un estado fronterizo y mantener relaciones directas con Texas. Precisamente en 1892, Nuevo León estableció la congregación de Colombia, gracias a una permuta de terrenos que hizo con Coahuila

Esta situación nos lleva, en una perspectiva histórica, a reflexionar sobre el papel que ha tenido la presencia norteamericana en Nuevo León, desde los primeros años de su establecimiento como estado en 1824 hasta el siglo XX, con la finalidad de resaltar las particularidades de un fenómeno generalizado y dada la cercanía del noreste mexicano con Texas y el sureste norteamericano.

Una región en dos países

La cercanía geográfica y las relaciones tanto sociales como económicas del noreste mexicano con el estado de Texas, han provocado una forma de vida sui generis, en donde prevalecen contactos estrechos entre ambos lados de la frontera.

Específicamente en muchos de los municipios de Nuevo León, se ha visto un proceso de aculturación en el que predominan los cambios en los modos de vida de la población. Se dice que Monterrey no le envidia nada a las principales ciudades mexicanas como la ciudad de México o Guadalajara, pero que si trata de parecerse y asimilarse en todo a las ciudades texanas, como por ejemplo en sus grandes avenidas y su desarrollo urbano, el sistema educativo de sus principales instituciones universitarias que marchan a la par con acreditaciones y condiciones biculturales, su vida comercial repleta de los llamados “malls” o “outlets”, la dependencia industrial y de comunicaciones, entre otras cosas.

Con la firma del Tratado de Libre Comercio, se benefició y privilegió a Monterrey como la ciudad plataforma y guía de la parte mexicana, con las relaciones trilaterales Estados Unidos, Canadá y México. Entonces la oleada de visitantes tanto norteamericanos como canadienses inundó los eventos sociales y económicos de la región. Pero esta relación no es nueva, por ello en ésta ponencia se describirán los momentos históricos en los que ha participado el intercambio social y económico entre nuevoleoneses y norteamericanos.

Los primeros contactos

Tal vez el primer dato que nos refiere a un primer encuentro entre los norteamericanos y los nuevoleoneses, data de 1806. Se trata de Juan Hickman, un militar desertor que se retractó de sus ideas luteranas y se convirtió al catolicismo, recibiendo el bautizo en la Parroquia de Monterrey. Luego contrajo matrimonio en 1813 con una señorita de Cerralvo de nombre Narcisa Benavides.

Al poco tiempo, el impresor norteamericano Samuel Bangs llegó en la expedición de Francisco Javier Mina y el padre Mier en 1817, quienes trajeron la primera imprenta en su desembarco en Soto La Marina, Tamaulipas.

Entre 1824 y 1828 Saltillo se convirtió en el centro de operaciones de compra y venta de tierras en Texas y eso trajo a los llamados “farmers” o inversionistas que pretendían también traer esclavos para que trabajaran en las plantaciones de algodón. Es más, Esteban Austin fue nombrado juez por las autoridades de Monterrey en 1824 y hasta fue representante por Coahuila y Texas en el Congreso de la Unión.

Después de la guerra y separación texana en 1836, las antiguas Provincias Internas de Oriente quedaron más cerca de la frontera en la cual radicaban muchos norteamericanos. Es cuando una buena cantidad de médicos incursionaron en varias localidades del Estado, ejerciendo desde la medicina general hasta la odontología en varios pueblos y con la apertura de la Aduana Marítima de Matamoros en 1838, se incrementó el flujo de embarcaciones, muchas de ellas con bandera norteamericana que recorrían el Río Bravo desde Matamoros hasta Roma, Texas.

Precisamente en ese año, con pretextos de reinstalar el sistema federalista en México, muchos militares mexicanos reclutaron en sus filas a filibusteros texanos para que participaran en contra del gobierno centralista. Después de que Texas fue admitido como estado de la Unión en 1845, hubo una declaración de guerra entre ambas naciones, por lo que fuerzas al mando de Zacarías Taylor, avanzaron por la franja de tierra situada entre el Río Nueces y el Río Bravo para apoderarse de las principales ciudades. Entonces el cuartel general con sede en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, fue trasladado a Monterrey, por lo que las tropas defensoras se congregaron en la región, para contener el avance de las tropas norteamericanas.

Mientras tanto, los regimientos extranjeros entraron por pueblos de Nuevo León como Cerralvo y China para marchar hacia Marín. Tomaron Apodaca el 18 de septiembre de 1846. Las tropas mexicanas se replegaron hacia Monterrey y cuando la ciudad estaba cumpliendo 250 años fundada, los festejos fueron opacados por la presencia de muchos norteamericanos que pelearon en el sitio a Monterrey.

Los fortines del Diablo, de la Ciudadela y de las Tenerías, además del bosque de Santo Domingo fueron testigos mudos del avance de los invasores quienes ya se habían apoderado de puntos estratégicos como San Jerónimo y el cerro del Obispado y así detener la ayuda militar de los mexicanos procedente de Saltillo. Bloquearon todo tipo de comunicaciones y destinaron patrullas que recorrían los principales caminos que comunicaban a Monterrey con los alrededores. Además se declaró toque de queda en toda la región.

Entre las brigadas que tomaron Monterrey, estaban el batallón de Maryland, los voluntarios de Columbia, la brigada Quitman, los rifleros del Mississipi, el regimiento de Tennessee y una buena cantidad de texanos que gritaban “Remember the Alamo”. Todos ellos lograron la capitulación de la ciudad de Monterrey el 23 de septiembre de 1846.

Muchas crónicas de la época refieren como la ciudad se aculturizó por completo: las calles se llenaron de letreros en inglés, predominaba la comida norteamericana, en especial los frijoles endulzados con tomate y piloncillo (tal vez el origen de los chili beans), las publicaciones en inglés y de numerosos visitantes que deambulaban por los alrededores, ya sea como turistas o cuidando los intereses de los norteamericanos. A ellos les debemos descripciones y dibujos muy interesantes de las calles de la ciudad y de paisajes de los alrededores. También establecieron un periódico llamado American Pioneer. El ejército de los Estados Unidos hasta nombró autoridades. Algunos de ellos se quedaron y sirvieron luego en gobiernos posteriores.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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