Lic. Antonio Guerrero Aguilar

También el mes de enero se caracteriza por el tradicional día de Reyes, en el cual comemos un pan circular que encierra una pequeña figura de niño que convierte a quien lo encuentre, en el rey de la fiesta y en el padrino de la “levantada del Niño”, el día 2 de febrero, en que se festeja el día de la Candelaria.

Lic. Antonio Guerrero AguilarTambién el mes de enero se caracteriza por el tradicional día de Reyes, en el cual comemos un pan circular que encierra una pequeña figura de niño que convierte a quien lo encuentre, en el rey de la fiesta y en el padrino de la “levantada del Niño”, el día 2 de febrero, en que se festeja el día de la Candelaria. Pero ahora, quien se saca el niño de plástico, contrae la obligación de pagar los tamales en ese día y en hacer una cena. La rosca representa el ocultamiento de Cristo, cuando el Rey Herodes, por temor a perder su reino, mandó matar a todos los niños menores de dos años. Por eso el pequeño se encuentra dentro de la rosca y representa al niño Jesús que San José y la Virgen María protegieron para no ser asesinado.

El día 6 de enero es la fiesta de la Epifanía y tiene su origen en los pueblos de oriente. En  ese día se da un aumento de luz en el firmamento. Si el 25 de diciembre es el día del solsticio invernal, el 6 de enero, después de 13 días de nacido, presenta a Jesús como el ser más luminoso. La palabra Epifanía es de origen griego y quiere decir manifestación, revelación o aparición y en éste caso, de los reyes de Oriente que llegaron a Belén, hasta el pesebre para ofrendarle oro, incienso y mirra.

Durante la edad media, la Iglesia transformó la Epifanía en la fiesta de los reyes magos, del cual se deduce que eran tres, por los tres regalos que le llevaron hasta el pesebre. Pero si nos fijamos bien, los evangelios – en especial el de San Mateo- no mencionan cuántos eran ni mucho menos sus nombres. Gracias a un libro apócrifo de fines del siglo VI después de Cristo llamado “Libro Armenio de la Infancia”, sabemos que eran tres reyes y a su vez eran magos o más bien astrólogos y sabios-adivinos que acostumbraban leer los signos de los cielos y su influencia sobre la tierra, actividad muy socorrida en esos tiempos entre los pueblos de la antigüedad.

Uno de ellos se llamaba Melchor, quien era rey de Persia (actual Irán), Baltasar, rey de la India y Gaspar, rey de Arabia, quienes montaban precisamente animales característicos de esos lugares: caballo, elefante y camello y quienes viajaron durante nueve meses siguiendo a la estrella de Belén que los guió hasta el pesebre en donde nació Jesús. De hecho los nombres de los Reyes Magos aparecen en un mosaico bizantino del siglo VI en Rabena, Italia y cambian de acuerdo a la región: en Grecia se les conoce como Apellicon, Amerí y Damscón y en hebreo Magalath, Galgath y Serakin. Pero en otros libros apócrifos se dice que no eran tres, sino tal vez cuatro y otros hasta 70.

Regularmente se les presentaba con tez blanca, pero con el transcurso del tiempo, la fe popular los representó con rasgos característicos a los continentes conocidos: Europa, Asia y Africa y en consecuencia, uno es blanco, el otro moreno y el tercero amarillo. La leyenda dice que luego de evadir a Herodes, se marcharon a la India en donde se dedicaron a propagar la Buena Nueva del nacimiento del Mesías hasta que murieron en ese país. Sus restos fueron depositados en Saba, luego en Constantinopla y en Milán, para guardarlos finalmente en la Catedral de Colonia en Alemania.

Antonio Guerrero Aguilar

Cronista de Santa Catarina


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