Te he contemplado
clavando en la cruz de la ignominia
que los hombres alzaron
queriéndote juzgar.

De tus labios resecos y sedientos
la sangre mana
y en lugar de una diatriba
le pides a tu Dios
que los sepa perdonar.

Hoy de nuevo el mundo vuelve
en una cruz,
tus doctrinas a colgar,
y de nuevo tú imploras:
ternura, compasión,
perdón para su mal.

¿Hasta cuándo?
los hombres
sedientos de oro y de poder.
¿Hasta cuándo?
seguirán odiándote
y en un vil madero
tus ternuras y bondades
dejarán desfallecer.

Miro la realización
de mis ideales
muy lejos de su sino.
Formada por el oido y por el mal
hay penumbra en mi camino.

Más es tanta la pasión que me domina
que como tú,
me someto a mi destino:
y sigo adelante
recorriendo mi camino
a cuestas con mi cruz.

Santos Noé



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