Profr. José Mario Elizondo MontalvoComo era de esperarse Castillo colabora en destazar el borrego ofreciendo a los comensales la pieza de su preferencia, Bautista de inmediato solicita una costilla, Armando se adelanta y tomo la riñonada y así se fue repartiendo nuestro amigo Javier entre todos nosotros, claro entre reparte y reparte él tomó unas costillas que estaban deliciosas, no solamente por su color café sino por el sabor que disfrutamos entre él y yo.

Después de paladear este manjar, que por cierto, abusamos en el consumo del mismo, tal vez motivados por la amistad, las bebidas o porque realmente teníamos hambre, había que cumplir con el ofrecimiento de visitar la labor de Lupito, en donde de acuerdo al deseo incumplido de mi amigo y compadre el Profr. Miguel Garza Durán, que por cierto no vino en este viaje, colocaríamos debajo de un árbol frondoso la mesa para un encuentro de dominó. Cargamos en la camioneta pickup propiedad de Lupito y partimos en un solo mueble rumbo a nuestro objetivo, el recorrido fue de varios kilómetros, cruzando las acequias de crecimiento regadío, llegamos y encontramos abundante sorgo que estaba en pleno crecimiento. Se acababa de realizar el riego y había abundante humedad y calor, fue entonces que al tratar de instalarnos para que disfrutáramos de una bebida espirituosa y el ansiado juego de dominó, nos vimos invadidos o atacados por miles y miles de zancudos, también llamados moyotes, que se caracterizaban por un fino silbido que nos obligó casi a correr de ese lugar al vernos imposibilitados para detener esa vorágine.

Regresamos tranquilamente a buen paso y como el objetivo era tomarnos un refresco, llegamos a un depósito en donde la intención era consumir una cerveza de marca “Corona”, que era uno de los caprichos de los que formábamos el grupo, y fue así que nos instalamos en el patio de este lugar protegidos con repelente y unas fumarolas de estiércol de vaca. Habían transcurrido varias horas, el tiempo no ganó y la exigencia de nuestro conductor Javier Castillo para el regreso, decidimos terminar el viaje pasando a recoger en la casa de nuestro anfitrión algunos implementos y materiales que habíamos llevado como complemento para hacer más placentera nuestra presencia.

Borrego al pastor


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