Celso Garza Guajardo

Los lugares y los rumbos: Los viejos ranchos de Sabinas

Celso Garza GuajardoSiempre me llamaron la atención los nombres de los antiguos ranchos pertenecientes al municipio. La mayoría de ellos tienen más de 100 y 200 años de formar parte de nuestra historia… ranchos donde se ha criado el ganado mayor y el ganado menor, donde existen viejas norias y de vez en cuando las siembras de temporal… papalotes rechinando a los vientos… ranchos que resistieron los embates de los indios apaches y comanches durante la mayor parte del Siglo XIX.

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Celso Garza Guajardo

Quehaceres y costumbres: Los buenos días barriendo la calle

Celso Garza GuajardoLos rayos del sol alejaban la noche y los últimos cantos de los gallos se oían si ecos: el nuevo día se daba en la Villa de Sabinas Hidalgo, despertando paulatinamente a todos sus moradores. El nuevo día de cada día, comenzaba. En aquellos días, los “buenos días” y el barrer la calle frente a la casa constituían el saludo y la noble acción al iniciar el alba de muchos pueblerinos de aquellos días.

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Celso Garza Guajardo

Los lugares y los rumbos: El jacalón y los “pavorreales”

Celso Garza GuajardoNunca llegué a distinguir si aquella construcción era un jacal de piedra, una casa habitación o un granero… no tanto porque no supiese lo que es una u otra cosa, sino porque en aquel solar la edificación estaba al fondo y desde el camino la distancia era algo para poder precisar…estaba la cerca de alambres y allá, más atrás, la acequia, la hilera de nogales y de sabinos y por ahí, a un lado, el jacalón de amarillas piedras y sillares…

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Celso Garza Guajardo

Los lugares y los rumbos: La leyenda del Cine Olimpia 1928-1991

Celso Garza GuajardoEn los días de nuestra infancia la plaza era el centro de un universo conocido. Todo giraba en torno a la plaza, las calles, las idas y venidas a la escuela, el bajar al río o el ir a visitar a los amigos. Todo pasaba por la plaza y ahí se impregnaron para siempre las imágenes que a través de los años nos han acompañado. En ese universo de la plaza, el Cine Olimpia era una constelación de voces, colores y fantasías que durante el día y por la noche nos impregnó una magia muy especial en la existencia aldeana que llevábamos.

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