Cerro

Autor Prof. Santos Noé Rodríguez Garza

Dedicatoria

A los niños y jóvenes de Sabinas Hidalgo para que se formen una ligera idea de la lucha que se entabló para fundar y hacer crecer nuestro querido pueblo.

Para mi querida negra, para mis hijos.

Para los compañeros de la asociación de escritores.

Para los amigos de siempre.

Bibliografía

Dr. Raúl Cuellar Moreno. Coahuila y sus hombres/ Los indios bárbaros del norte.

Prof. Israel Cavazos Garza. Nuevo León Montes jóvenes sobre la Antigua Llanura.

Prof. Miguel Guadiana Ibarra. Monografía sobre el municipio de Sabinas Hidalgo.

Prof. Francisco J. Montemayor. Sabinas Hidalgo en la Tradición, Leyenda, Historia.

Prof. Celso Garza Guajardo. Para contar la Historia de Sabinas Hidalgo.

Prof. Roberto Garza Cruz. El Valle de Santiago de las Sabinas.

José Eustacio Rivera. La Vorágine.

Pedro Nabor González Cárdenas. El Mestizaje en Nuevo León.

Wigberto Jiménez Moreno. La Guerra Chichimeca.

Francisco J. Santa María. Diccionario de Mejicanismos.

Portal Sabinas Hidalgo. net

Colaboradores:

Prólogo: Sr. Ramón Ábrego Vázquez

Revisión en etapas

1ª. Profra. Emma Guadiana Saavedra

2ª. Prof. Aleskar Santos Rodríguez Guadiana

3ª. Raciel D. Rodríguez Guadiana

Final Lic. Carlos Alberto Ábrego Hernández

Información local

Darío Antonio Rodríguez Garza

Mario Enrique Rodríguez Montemayor

Víctor Manuel Rodríguez Garza

Ramón Mario Rodríguez Garza

RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza–Durante 300 años nos cazaron, nos acosaron, nos persiguieron y no pararon hasta acabar con nosotros, bien decía fray Bernardo de Sahagún: “un hecho desgraciado, moralmente cuestionable, movido por la explotación desmedida de recursos naturales, el sometimiento y la intromisión cultural y religiosa, esto a la letra ha acontecido a estos indios, con los españoles, pues fueron atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes”.

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

–Todo lo que te acabo de decir, tus antepasados lo dejaron escrito en muchos apuntes que quedaron distribuidos en diferentes partes de este gran país; hay muchas opiniones y puntos de vista; la nación indígena que existía cuando llegaron los españoles era muy extensa, comprendía todo el continente, la única diferencia era el grado de progreso que había logrado cada tribu.

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza–¿Te das cuenta de las barbaridades que cometían con los nuestros? ¿Quienes eran más brutos e incivilizados? ¿Los aborígenes que defendían sus tierras y sus lugares de vida; o los españoles que venían con sangre y fuego a imponer sus creencias y a robar las riquezas de estas tierras? Traían ostentando como mandato divino, un ser humano clavado en una cruz, con ello querían convencernos de que nuestra forma de vida no era la apropiada y que debíamos someternos a las ordenanzas y costumbres que tal ser indicaba; sin pensar siquiera que nosotros teníamos nuestro Dios y nuestras creencias.

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaMencho replicó: Es que ustedes fueron muy difíciles y rebeldes Gonzalo de las Casas dejó escrito que: “Los guerreros chichimecas se interesaban en sus víctimas aun después de muertos. Quemaban a los enemigos muertos como a su propia gente, pero las cenizas de sus enemigos eran esparcidas al viento”.

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaComió, sestearon y volvieron a la majada tranquilamente. Por la tarde y noche hizo lo de costumbre, cenó y luego se sentó un rato, afuera de la choza leyó mientras hubo luz de día, entró encendió la lámpara y la colgó al centro de la habitación, se recostó recargado en la pared de palos y continuó leyendo, no supo que tanto tiempo, estaba tan interesante lo que leía, pero era necesario descansar, guardó el libro y se preparó para dormir; dulces momentos pasados al lado de la mujer que ama le permiten tener recuerdos que al hacerse patentes llenan de luz el alma, que a ratos se acongoja por la soledad; se acuesta sin pensar más que en el hijo que vendrá, poco a poco la nebulosa síquica que envuelve el espíritu lo cobija y se queda dormido.

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza Fresco, perfumado y muy limpio se dirigió a la peluquería de Don Manuel Garza Fernández que estaba en la esquina sur/oriente de Escobedo y Zaragoza; para cuando llegó ya había gente esperando; saludó y entabló conversación, les comentó de sus sueños; cada uno fue dando su punto de vista y platicaba lo que había escuchado de las gentes grandes.

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaMencho se quedó sin argumentos para refutarle al indio lo que le estaba diciendo; sus gentes no comentaban de que ellos hubiesen tenido indios que les ayudaran a cultivar la tierra, siempre supo que los temporales y labores las hicieron los colonizadores con su esfuerzo; “porque batallaban mucho para someter a un indio, ya que eran hábiles y feroces guerreros que dominaban con gran maestría el arco y la flecha, con un conocimiento profundo de los territorios donde habitaban y sobre todo habían desarrollado una impresionante capacidad para sobrevivir en las condiciones más difíciles que ofrecía la naturaleza”.

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaEl día pasó rápidamente, ya había encontrado solución al problema del corral: Conocía un pequeño túnel que estaba cerca de la majada era posiblemente una excavación que hicieron algunas personas buscando minerales, eso serviría para acomodar las cabras pues estaba seco y bien resguardado, aunque un poco alejado de la choza, además improvisaría con palos una puerta, ya que el Azote se encargaría de vigilar para impedir la entrada de un intruso.

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaLos truenos y los rayos de la tormenta estremecían el lugar, a ratos parecía que la montaña se venía abajo, con este escenario comenzó a soñar, y en la bruma de la ensoñación vio como la puerta del jacal se abría y entraban dos personas; uno era hombre y traía un penacho de plumas, se cubría la espalda con un cuero de venado y en la cintura le colgaban dos pedazos de cuero de coyote, andaba descalzo, portaba un arco y unas flechas; la otra era una mujer, como de un metro sesenta de alto, traía una falda de fibra tejida, usaba una especie de abrigo de piel de conejo, se adornaba con colmillos y caracoles; se quedaron mirándolo y le preguntaron:

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaHabía escuchado muchas leyendas de sus abuelos, pero él seguía intrigado con el señalamiento que la flecha hacía; ya en una ocasión que se le hizo tarde y regresaba del rincón de “Los Ajos” con la tenue luz del atardecer, creyó divisar a lo lejos a una persona recargada en la roca, y la vestimenta que traía era la de un nativo de la región, traía en las manos un arco y flechas.

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