La naturaleza se ha vuelto inclemente, aquellos veranos cálidos que soportábamos yendo a darnos un chapuzón al río, se terminaron, es tanto el calor que se siente que aún a la sombra de los árboles el aire azota tu cuerpo dejando una sensación de quemadura en la piel; en la radio anuncian que estamos a 41 grados centígrados a la sombra y a la intemperie el termómetro marca 44 grados, vemos con tristeza que muchos de los árboles frutales que se escaparon de la helada, sus retoños se han quemado con el sol; el agua potable para el consumo humano a disminuido y las norias se están agotando, los animales en el campo no tienen que comer, los ganaderos tienen que alimentarlos con pacas de zacate y otro tipo de forraje que consiguen a precios que se han elevado por la demanda; en épocas pasadas también hemos tenido veranos muy difíciles pero tal parece que el actual, pega con mayor inclemencia, desde julio del año pasado que nos azotó el huracán Alex, no ha vuelto a llover con la intensidad que la región necesita; estamos acostumbrados a las lluvias cíclicas que se presentan en diferentes épocas del año, ahora han fallado, dependemos mucho de los fenómenos metereológicos que se forman en el océano Atlántico y a veces nos conformamos con la colita de algún huracán que se desarrolla en el golfo.
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