Cuando lloran los valientes
En 1945 se filmaron en los alrededores de Monterrey, Guadalupe y Santa Catarina, escenas de la película “Cuando lloran los valientes”, dirigida y producida por Ismael Rodríguez. La protagonizaron Pedro Infante, Víctor Manuel Mendoza, Virginia Serret y Blanca Esthela Pavón. La película tiene una duración de 105 minutos y contiene algunos pasajes muy bellos de la localidad.
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Al proclamar las Leyes de Reforma, Don Benito Juárez le había venido a restarle poder a una iglesia católica, que por esos tiempos se sentía omnipotente, con un alta influencia en el poder gubernamental. Mientras que por nuestra región, asolada por una falta de orden como Nación. Habíamos sufrido los embates primeo la invasión Norteamericana (1848) y luego la de la intervención Francesa (1862)
Muchos mexicanos se han dejado llevar por las supuestas bondades que proporcionan las ya famosas tarjetas de crédito, llegando inclusive a declararse insolventes para pagar los créditos que a través de ellas ha podido conseguir para adquirir artículos de uso o de consumo. Esto no es otra cosa que no tener la precaución de saberse administrar, pues quien tiene ingresos por debajo de sus egresos, está condenado a la bancarrota.

La carretera nacional es un espacio del pueblo, que por la noche se ilumina de múltiples colores: Banamex, HSBC, Bancomer, Scotia Bank, Pollo Church's, La Quinta, Waldo's, El Alamo, Pollo Bonanza, Elektra, Pollo Loco y más, que en otra ocasión hablaremos de ellos; junto a las empresas citadas por mencionar algunas, también se encuentran las farmacias: Benavides, Guadalajara, Santos, Principal, Del Ahorro, Del Dr. Simi, ABC; lo anterior es el hoy del pueblo, un hoy lleno de bullicio, un ayer lleno de tranquilidad; hoy farmacias, ayer boticas.
La inquietud y la zozobra se habían apoderado de su ser, su madre le había dicho que al día siguiente la acompañaría a la ciudad para ir a visitar a sus tíos y consultar con el médico, primeramente lo envió con el Señor Ibarra para que le avisara, que los recogiera en la esquina de los colegios, pues el dueño del transporte hacía un recorrido levantando el pasaje, antes de emprender el viaje que se iniciaba a las cinco de la mañana; conocer la ciudad de Monterrey para él era una gran ilusión, pues los compañeros de la escuela que ya habían visitado la capital del Estado, contaban maravillas de una calle larga… larga… que se llamaba Calzada Madero, que tenía bancas y palmeras por el medio, y también un arco grandote donde estaba una mujer con unas cadenas rotas en la mano y que le decían la mona del arco. Durmió poco, pues en sueños se imaginaba mil cosas de las que había leído en los libros de la escuela, que contaban aventuras y tragedias; también tenía miedo de quedarse dormido y que no lo llevaran; al primer llamado de su madre se incorporó y de inmediato se aseó, se puso la ropa nueva y los zapatos, resplandecientes de lo limpio que los había dejado; era una fresca mañanita de abril y los gallos lanzaban las notas musicales de sus clarines al aire, anunciando que el lucero de la mañana estaba en medio del cielo con todo su esplendor, se despidieron de su padre, quien les hizo muchas recomendaciones para que no fueran a perderse y para que tuvieran cuidado con los automóviles que en la ciudad los había en abundancia.
A pocas personas se les puede aplicar el calificativo de "Don", ya que éste va precediendo a nombres de personas que por su edad y honorabilidad o por ser gente que goza de una buena posición económica, reciben esa distinción. En el caso del cual me ocupo en esta ocasión, me refiero a Don Nicasio Escamilla Garza, hombre justo, noble, sincero y honesto al que conocí desde mi tierna infancia, al ser mi padre uno de sus trabajadores por muchos años en el rancho de su propiedad llamado "El Cerrito", con una extensión de dos mil hectáreas, donde criaba ganado vacuno. Para mi, el calificativo de "Don" le quedaba por su edad avanzada y por ser un hombre honorable y de mucho respeto, mas que por el capital que en un momento dado llegó a poseer.