El Coronel
Hay una obra de la literatura del Nuevo Continente titulada “El Coronel no tiene quien le escriba” y hoy queremos escribirle al coronel de nuestro pueblo para decirle:
Recordamos tus pláticas matutinas de cada jueves y por muchos, muchos jueves; analizabas el estado de cosas que se vivía en el pueblo, y siempre preguntabas por la salud de mi madre. Una mañana de tantas frescas mañanas en la esquina, se acerca un hombre alto, muy blanco, de ojos de color y a primera vista me dije es norteamericano y hablaba el español de manera muy característica, pues era su segunda lengua, platica contigo, de perforaciones, de metales, de cotizaciones, se despide y con grandes pasos se aleja a lo largo de la calle.
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El pasado siete de agosto de 2011, viniendo de regreso con mi familia del municipio de Agualeguas, se me ocurre llegar a una quinta campestre situada al margen de la carretera en el poblado de Buenavista, para saludar a su propietario, el Profr. Maximiliano Garza Garza que hacía años no veía. Se encontraba en compañía de algunos familiares y amigos, entre ellos un hermano y el Sr. Oscar Jaime Cisneros. Me recibió como es su costumbre con mucho gusto y alegría por volvernos a encontrar de nuevo en aquella hermosa propiedad a la que tantas veces me ha invitado.
Dentro de los múltiples eventos realizados durante la celebración de la Feria de la Fundación de nuestra ciudad, destacó la entrega de la Medalla al Mérito Cívico Sabinense Don Manuel M. García.
Si en lo deportivo, mi compañero y amigo Profr. Erasto Cantú Guerra y un Servidor,
Acostumbraba salir a pasear por las tardes cuando ya los rayos del sol no pegaban tan directo, cuando las aves cruzaban el cielo buscando su refugio en las faldas de la sierra, caminaba por entre los surcos de la siembra que se veían un tanto marchitos, por las inclemencias del tiempo, pues hacia ya muchos días que no llovía; acostumbraba pensar en los tiempos idos, cuando de mozo montaba los caballos broncos y los sometía a su voluntad, haciéndolos caminar lentamente y con garbo, frente a las muchachas del barrio que lo veían pasar, admiraban su porte y su varonil presencia suspirando entusiasmadas.