La Loca
Deambulabas por las calles del pueblo, tu rostro a veces desencajado, tu mirada perdida en el horizonte, tu vestimenta relavada… y raída; te alimentabas cuando algún buen samaritano te proporcionaba un mendrugo de pan.
Los niños corrían de las esquinas hacia sus casas cuando te veían venir, entre ellos se decían: Allá viene Julia, Julia “La Loca”. Por los postigos semiabiertos de aquellas enormes y resistentes puertas antiguas, era observado tu paso, por los vecinos del pueblo y aferrados a las faldas de sus madres estaban los chiquillos del lugar, asustados, temerosos y deseando que pronto pasaras de largo.
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¿Quién ayudará a esa abuela viuda, quien se encargaba de cuidar a su pequeño nieto, mientras aquella madre soltera salía diariamente a buscar el sustento; y trabajaba como mesera en un Centro de Diversiones? Preocupado llega a su casa, con olor a humo, pero hoy no con el olor de humo de tabaco impregnado en su ropa como llegaba todas las noches; hoy su ropa traía un aroma distinta, su ropa olía a humo y a muerte.
Cuando las actividades del pueblo se desarrollan en un clima de intranquilidad, por los acontecimientos negativos que a diario se presentan, de pronto se desarrolla un acontecimiento académico que habla muy bien y pone muy en alto la labor docente que desempeñan los Maestros de la Preparatoria No. 5 de la U.A.N.L. que esta bajo la responsabilidad de su Director M E C José Rodolfo Chapa Morones.
¿Alguien puede creer que quien ocupa un cargo público y, a la vez, aspira a un cargo de elección popular pueda evitar que su anhelo lo distraiga entre semana y sólo pensar en ello los fines de semana?
Había en casa un álbum viejo de fotografías, El álbum era de gruesas pastas rojas. Las hojas de un papel tipo cartoncillo en color negro, a la que las fotos, eran sujetadas por una especie de “clichés” que contenían pegadura. Mis padres lo cuidaban mucho. Claro motivos había para hacerlo… eran toda una historia de vida. Siempre estaba metido dentro del ropero grande, ese el que tenía dos lunas. Solo era sacado esporádicamente. Allá cada año. En la niñez que pasé junto a ellos. Era toda una aventura para la imaginación, casi siempre lo sacaban por las noches cuando la paz y la tranquilidad reinaba en la casa. Observar las fotografías, que el álbum contenía. Unas muy elocuentes, de alegría… otras de dolor. Todos los sentimientos humanos, todos vertidos sobre aquel viejo álbum familiar. Siempre atento a las narraciones que me daban, de lo que la foto mostraba.