La devoción a la morena del Tepeyac en Higueras es muy antigua. El primer indicio a su devoción de la Guadalupana, está en el testamento de Diego González en septiembre de 1728, al declarar que tenía en posesión un retablo de nuestra señora de Guadalupe. De igual forma sabemos que cuando Marín se convirtió en municipalidad, los vecinos juraron mantener el culto como patronos a San Antonio de Padua y a la virgen de Guadalupe. En el testamento que otorgó su hija María Teresa González el 19 de junio de 1754 se menciona la existencia de una capilla en la hacienda que: "se compone de adorno necesario, de su ornamento con su alba, un incensario con su naveta de metal; un lienzo grande de Nuestra Señora de Guadalupe y un frontal de bastidor, un acetre de cobre con su hisopo, unos manteles, un misal nuevo, dos candeleros, unas crismeras de plata, un rudal de plata por dentro con humo de oro, una cruz de plata hueca para el Santo Oleo".
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