José Castellanos Maldonado

El inicio del año generalmente nos resulta un tanto complicado, por algo en este mes de habla de la “cuesta de enero”, pues venimos de un mes (diciembre) en el que los gastos se multiplican, y le seguimos durante el primer mes del año con el pago del predial, el refrendo y la tenencia vehicular, el seguro, y algunos más que exprimen nuestros bolsillos y golpean aún más, nuestra ya de por si castigada economía familiar.

Las cuatro fábricas pioneras de la industrialización en Nuevo León se asentaron entre Santa Catarina y San Pedro Garza García. Seguramente los inversionistas apoyaron sus proyectos al amparo de suficiente agua como para mover las turbinas y generar la energía necesaria como para mover los telares y los molinos. Había buenas tierras, cercanas a Monterrey y a la vera del camino real a Saltillo. Luego la vía de ferrocarril benefició más a nuestras fábricas para su producción. Esto atrajo la llegada de operarios, técnicos y obreros. Nuestros pueblos crecieron en consecuencia. Y el agua como recurso vital para la vida y el campo ahora propiciaron otro modelo de producción. Ya no era el campo ni la minería.

José Castellanos Maldonado

Una a una fueron cayendo las hojas del calendario, y, en menos de lo que se los escribo, terminó el año 2013, al menos esa es la percepción, en lo que, tal vez, influye la edad, pues cuando niños y aún de adolescentes, la percepción era distinta, y nos parecía que el tiempo transcurría más lentamente.

Sea como sea, lo cierto es que ya se fueron otros 365 días, tiempo que ya no es posible reponer, y lo que hicimos o dejamos de hacer, ya es historia.

Nuestra posición orográfica y geográfica en cierta forma favorece unas temperaturas extremosas. Dicen que en Monterrey el clima es “estable”: siempre está de la fregada. Hasta Alfonso Reyes lo escribió en un verso: “Monterrey de las montañas, tú que sufres a descompás, lluvia, calor y frío”.

La palabra Epifanía es de origen griego y literalmente significa “manifestación”. Para los griegos la Epifanía designaba a una entrada majestuosa de un personaje que por méritos propios y la fama obtenida podía presentarse ante los demás de una manera digna. También es la llegada de un rey a una ciudad y servía para indicar la aparición de una divinidad o una intervención prodigiosa de ella. En cambio para los paleocristianos, la Epifanía tiene que ver con la noción de luz expresada en el evangelio de San Lucas (1, 78): “por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una luz de la altura”. En el siglo II de nuestra era, algunas sectas gnósticas comenzaron a celebrar la fiesta del bautismo de Cristo el 6 de enero. Luego a mediados del siglo IV, San Epifanio (310-403) menciona una fiesta de la Epifanía en la Iglesia ortodoxa con la cual recordaban la venida del Señor. Por consecuencia no diferenciaban su nacimiento, su encarnación y su manifestación.

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