Profr. y Lic. Héctor Mario Treviño VillarrealMaría Gertrudis era una india de la nación ayagua, desde niña se diferenció del resto de sus congéneres por su simpatía, inteligencia y audacia. Tenía la virtud de cautivar a las personas, entabló relaciones con gente importante de la localidad y con los principales jefes indios de los alrededores, por su tacto e intuición, salvó varias veces al Real de inminentes ataques aborígenes. En una ocasión negocio la paz, con un grupo numeroso de guerreros hambrientos, a cambio de reses y caballada.

Era una mujer muy bella, bastante alta, cuerpo delgado, con buenas formas, pelo negro, peinado en trenzas, tez morena, nariz recta y ojos grandes.”i

Tales atributos frecuentemente le causaron problemas, motivaron disputas entre los hombres del pueblo, al grado de andar siempre con puñal en mano, para evitar ser raptada, desde muy pequeña se enseñó a defender y conoció la realidad de la vida, enfrentó infinidad de privaciones, las cuales superó con esfuerzo y coraje.

Era la clásica india ladina, oportuna en sus intervenciones, serena en situaciones difíciles, centrada y conocedora de los poderosos.

Como la mayoría de los suyos, María Gertrudis estaba al servicio de la familia, trabajaba en la casa de los Acevedo, en labores domésticas junto con sus padres, mientras sus hermanos se dedicaban al pastoreo de ganado y a las minas.

Por sus atractivos, era objeto de envidias y murmuraciones de parte de la mayoría de las mujeres de la comunidad, las cuales se encargaban de crearle una imagen poco digna.

Don Eusebio Acevedo, su patrón, influenciado por los amigos y el alcohol en ausencia de su esposa en varias ocasiones le propuso amoríos, pero fue rechazado, para burla de sus inseparables, que copa tras copa lo incitaban a la violencia.

Esa noche, Eusebio llegó a su casa bastante tarde, se dirigió al fondo del solar, al jacal de Gertrudis, prácticamente tiró la puerta, al verla indefensa se le arrojó encima, ésta tomó la daga de entre su falda y lo marcó en la cara, furioso cogió él la cuarta azotándola hasta el cansancio.

El primero de marzo de 1817, se informó al subdelegado sobre el incidente, la india agonizaba tras la golpiza. Jacinto Barrera, su padre, presentó la queja indignado.

Al comparecer Acevedo, con nerviosismo dio varias versiones contradictorias, por lo que inmediatamente se detectó que mentía.

La primera fue en el sentido “de que la había azotado al encontrarla con un hombre, el cual lo atacó hiriéndole la cara, luego dijo que era un muchacho, más tarde afirmó que eran varios, no distinguiéndolos en la oscuridad. Por último reconocido que le había dado porque era su sirvienta y él podía si quería, hasta matarla.”ii

En virtud de la declaración y al bando expedido por el señor Comandante General el 15 de noviembre de 1815, Acevedo fue multado con una fuerte suma, quedando en libertad. Sin embargo, el verdadero castigo lo recibió de su mujer, quien tardó años en perdonarlo. Gertrudis sanó de sus lesiones y junto con su familia consiguió otro trabajo.

i Archivo General del Estado de Nuevo León. Correspondencia de Alcaldes Primeros de Vallecillo. 1817.

ii Idem.

Mario Treviño Villarreal
CIHR-UANL



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