Profr. y Lic. Héctor Mario Treviño VillarrealAnte la grave amenaza de un inminente ataque sobre la población, por un numeroso grupo de naturales hostiles, el 10 de marzo de 1816, el Teniente Cura del Real, cerró la iglesia y se trasladó a Sabinas, no obstante que a nombre del vecindario le suplicaron no hacerlo sin antes dar cuenta a la jefatura eclesiástica correspondiente.

Tal situación provocó gran indignación, entre los lugareños, los cuales aseguraron “que semejante abandono no era justificable en virtud de que ya se habían tomado las providencias necesarias para la defensa.”i

La generalidad pidió a las autoridades del lugar, su regreso con todo cuanto extrajo de aquel sitio sagrado, a fin de asistir y condoler a sus feligreses en esos momentos tan críticos.

El día 11 de ese mes, Francisco Lazarte, Subdelegado del fundo minero, motivado por tales inconformidades, dirigió el siguiente oficio al señor Comandante General de las Provincias Internas de Oriente Brigadier Joaquín Arredondo y Mioño:

Ayer se mudó el teniente de cura de este real a el de Sabinas con el mismo ministerio, llevándose las imágenes, vasos sagrados y ornamentos, dejando la parroquia cerrada y a este desgraciado pueblo gimiendo por verse en una repentina orfandad espiritual, sin manifestar otra causa que el haberle hecho sufrir las hostilidades de los insurgentes e indios bárbaros bastantes sustos o temores desde el año del 13, y tener orden superior para ello.

La noche del día anterior pasé con gente de la comunidad a casa del capellán y rogué a éste en nombre de aquélla, como Juez Subdelegado, suspendiese el transportar las imágenes hasta hacerlo presente a la superioridad y aunque convino, no tuvo efecto por haber solicitado una rigurosa e irregular responsabilidad.

(...) Esta pobre localidad clamorosa por la restitución de las imágenes y de Padre que administre los sacramentos, ocurre por mi conducto a la grande piedad de ustedes, con el más profundo respeto, pidiéndole se digne acogerla bajo su poderosa protección y determinar se restituyan a este templo y que se ponga nuevo ministro y un corto destacamento, (...) que sirva de resguardo a los acometimientos de los salvajes; cuya particular gracia perpetuaremos todos, en el más humilde reconocimiento. Dios nuestro señor, guarde su importante vida por muchos años.”ii

Otro escrito similar fue enviado por el Comandante del Segundo Escuadrón de Milicias Andrés Mendiola, al Vicario Capitular del Obispado.

En la comparecencia, el clérigo explicó que salió del asentamiento por orden del Ilustrísimo Cabildo, en consideración del peligro que corría su vida y de que estaba ya prácticamente deshabitada la región.

Se inició una investigación al respecto, el resultado fue concluyente, el sacerdote debía regresar, lo cual se verificó el día 20 de marzo, al informar el Cura de Boca de Leones, el cese del amago indígena.

A raíz de ese problema, se mandó realizar con prontitud un listado o padrón de las almas por familias que existían en el distrito de esa Iglesia, el cual justificó plenamente su existencia.

iArchivo General del Estado de Nuevo León.Correspondencia de Alcaldes Primeros de Vallecillo. 1816.

ii Idem.

Mario Treviño Villarreal
CIHR-UANL



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