Profr. y Lic. Héctor Mario Treviño VillarrealDespués de la derrota de “La Chorreada” en la Sierra de Picachos, en manos de los realistas, el indio insurgente Juan Candelario de la Cruz vagó por las montañas y merodeó por distintos pueblos buscando reagrupar su gente, lo que logra a medias, pues no todos pudieron encontrarse; unos fueron masacrados en el intento y otros capturados. Arredondo, Perea y otros oficiales ejecutaron a cuanto insurrecto o sospechoso cayó en sus garras, querían dar un escarmiento a todos y dejar bien claro quienes representaban la fuera y autoridad. Se creó una ola de terror en torno a las tropas del rey, especialmente del sanguinario Capitán Perea y el implacable Brigadier Joaquín Arredondo y Mioño, azotaron la comarca cometiendo todo tipo de injusticias y asesinatos, en función de salvaguardar los intereses de la Corona.

De esta represión fueron víctimas el pueblo indígena y mestizo, y por supuesto los principales cabecillas del movimiento emancipados, juzgados algunos, otros simplemente ejecutados, pero todos o casi todos, exhibidos después de la tortura y muerte, colgándolos en árboles visibles o en las principales plazas públicas, no sin antes ser azotados y humillados.

Juan Candelario de la Cruz sufrió en carne propia la persecusión, lugar por donde pasaba tenía problemas, viéndose en graves aprietos, ya sea porque los soldados andaban muy cerca, o por denuncias y traiciones. Así se le tendió una emboscada junto con sus hombres cerca de la Misión de la Concepción donde fue aprehendido por Francisco Juárez, alcalde mayor. Más tarde se le condujo a declarar ante el teniente Adeodato Vivero, para ser recluido en la prisión de Monterrey, en espera de que se le abriera juicio por sedición.

Luego se le comprueba ser el autor intelectual de un plan de fuga, lo que acelera el proceso, reuniendo las autoridades diversos expedientes, nombrándose juez fiscal a José María de Sada, Capitán de Dragones Provinciales y Comandante del Tercer Escuadrón del Nuevo Reino de León, así mismo escribano a Segundo de la Garza, soldado de la Compañía Volante de la Punta de Lampazos, para que se hicieran responsables del desarrollo del juicio sumario, que diera fe de la conducta del indio revolucionario Juan Candelario de la Cruz, caso de carácter prioritario en el Nuevo Reino de León, todo esto el 22 de octubre de 1814.

Es importante hacer notar el trato especial que se le da, pues mientras que a otros insurgentes se les atrapaba y ejecutaba en el lugar de los hechos, Juan Candelario fue objeto de cuando menos dos o tres juicios parciales que conformaron la estructura para el veredicto final; situación no muy común en ese periodo y menos con esas autoridades; lo que hace suponer que algo tuvo que ver la rivalidad militar entre el indio y Arredondo.

Después de efectuarse diversas diligencias, (...) el día 5 de noviembre de 1814, fue dictada sentencia: se leyó en voz alta ante el acusado; consistía en ser fusilado de rodillas en la plazuela central del mercado, por orden del auditor de guerra y frente a José María de Sada juez fiscal, ejecutándose a las 8 de la mañana. El cuerpo de Juan Candelario de la Cruz fue sepultado en la iglesia Catedral de Monterrey.”i

Terminando así con la vida de este indio insurgente, que sin duda fue uno de los principales revolucionarios que ha existido en estas provincias, pues movilizó las fuerzas del reino, y trastornó el orden establecido en pro de la insurrección.

Juan Candelario de la Cruz, fue alma y motor del movimiento independentista en el norte del reino, encabezando a los desposeídos para su emancipación.

Es un héroe que permanece en el olvido y a quien debemos rescatar dentro de la historiografía nuevoleonesa.

i Archivo General del Estado de Nuevo León.Expediente 5/5. Sumario contra Juan Candelario de la Cruz, indio revolucionario del Real del Vallecillo, acusado de reincidir en su actitud. 1814. Monterrey, N.L.



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