Lic. Héctor Mario Treviño VillarrealEn lo referente a los descubrimientos del mineral de Vallecillo en 1766, el gobernador se da por enterado y dispone todo lo necesario para la confirmación de la noticia en cuanto a la firmeza, ley del metal y protección del mismo.

Don Ignacio Ussel y Guimbarda, Capitán de la Real Armada de Su Majestad, Teniente Coronel y Capitán del Nuevo Reyno de León.

Habiendo llegado a mí la noticia del descubrimiento de un nuevo mineral en una sierrilla que está en tierras del señor Don Salvador Lozano de esta ciudad y, que de su pueble puede resultar según me ha representado, algún perjuicio de sus haciendas especialmente al Rancho del Vallecillo, ordenó al Alcalde Mayor y Capitán de Real de Sabinas haga que los descubrimientos de dicho mineral y demás gente que sirve al laborío de las minas, se contengan para su habitación dentro de los límites del mineral a distancia, quedando más de una legua, hasta tanto quede cimentada la ley de los metales y firmeza de las vetas que los producen.1

En ese año y los posteriores se presentaron más denuncios, también surgieron disputas por su registro, como la demanda de Don Francisco Larrazábal, contra Don Bernardo del Puig, conocido en la comarca por el francés, ante el juez Don Bernardo Manuel Umarán en 1769.

El Real de Minas de San Carlos de Vallecillo fue elevado a la categoría de Villa por la Constitución Española de 1812, siendo confirmado por el Congreso Local hasta 1825.

El gobernador Ussel y Guimbarda intensificó y mejoró el trabajo minero en la región; al cual se le dio todo tipo de facilidades para su óptima explotación, resguardo y seguridad; pronto el nombre del mineral y su bonanza fueron noticia en el Nuevo Reino y en la Nueva España. Su auge fue comparado al de la Iguana, que al igual que este, atrajo a mucha gente, llevando trabajadores de San Luis Potosí, Durango y Zacatecas.

Se ordenó en estos fundos edificar misiones religiosas atendidas por franciscanos para velar por la fe y buenas costumbres de los habitantes del lugar, que con el furor y auge tendían al vicio, juego y corrupción, situaciones contrarias a la moral y religión.

El incremento poblacional fue muy importante, la influencia se dejó sentir con la llegada de todo tipo de individuos y familias, con la finalidad de hacer fortuna.

A pesar de todo, los habitantes de Vallecillo tuvieron que seguir luchando con un ambiente hostil, pues en la medida de su importancia, aumentaron los salteadores de caminos, ataques de indios, problemas de vicio y corrupción, siendo insuficientes los destacamentos militares para poner orden; así los indios y bandidos se encontraban por doquier, atacando en distintos puntos, para luego perderse en el monte, donde se organizaban para volver o se dispersaban para evitar ser sorprendidos por las milicias del Reino, por lo cual los habitantes siempre tenían que estar armados.

Las ocupaciones de los vecinos eran la minería, agricultura y ganadería, la minoría eran españoles, existiendo gran cantidad de familias de indios garzas, cenizos, sequíes y ayaguas.

Archivo Municipal de Monterrey. Ramo Civil. Volumen 96, Expediente 6.

Mario Treviño Villarreal
CIHR-UANL


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