Profr. Salvador Garza Inocencio

Lo vi llorar… eran las cinco cuarenta y cinco de la tarde de aquel miércoles. Con una serenidad asombrosa y su paso un poco cansado, no tanto por los años sino por la tribulación de aquellos momentos.

Profr. Salvador Garza InocencioLo vi llorar… eran las cinco cuarenta y cinco de la tarde de aquel miércoles. Con una serenidad asombrosa y su paso un poco cansado, no tanto por los años sino por la tribulación de aquellos momentos.

Lo vi llorar… pero observé que sus lágrimas no solo brotaban de sus ojos, sino provenían de lo más íntimo de su ser.

Lo abracé y sentí la serenidad del ser que ha cumplido su encomienda.

Por la vida muchas veces fuimos testigos de su junto caminar. A ella, muchas veces, muchas veces la observamos salir y acariciar las flores del jardín. Esta tarde de miércoles ella ya no está físicamente pero su espíritu y su alma bondadosa permanecerán siempre.

Estoy seguro que hoy muchos, muchos lloran su perdida, porque ella fue una mujer sencilla en su trato y en su presencia. La sencillez es grandeza y la sencillez de ella era enorme.

Yo y muchos más reconocemos su filantropía, su sencillez y su don de gente a toda prueba.


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