Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

Don Santos y su Ford (Décima quinta parte): El reto

Páginas Sueltas de la Historia de Sabinas

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

Los vaqueros de los diferentes ranchos que visitaba Don Santos, le lanzaban retos y le decían que su cucaracha no corría gran cosa, que sus caballos eran muy ligeros.

Don Santos Rodríguez conduciendo su Ford en un desfile

Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaLos vaqueros de los diferentes ranchos que visitaba Don Santos, le lanzaban retos y le decían que su cucaracha no corría gran cosa, que sus caballos eran muy ligeros.

Un día que terminó temprano de componer el papalote de un rancho de Don Jesús González, al iniciar el regreso al pueblo, un vaquero lo reta a correr rumbo a la puerta de salida, que estaba aproximadamente a tres kilómetros; Don Santos acepta el reto y hacen una apuesta de diez pesos.

La contienda consistía en que el que llegara primero, sería el ganador; los dos: caballo y fortinga, correrían por el mismo camino, siguiéndose el uno del otro. Don Santos: con el gato le levantó una rueda trasera a la fortinga y le dio cranck, y se encendió el motor; está era la manera que tenía de echar a andar, ya que carecía de motor de arranque.

Una vez encendido el carruaje, bajó la rueda y recogió el gato, le dice a su contrincante: ¡Ya estoy listo!.

El vaquero para entonces: ya había sujetado convenientemente la silla de montar, pues el cincho que la mantenía en el lomo del caballo estaba ajustado lo más posible.

Se montó el vaquero y dio la voz de arranque: Partieron rumbo a la puerta de salida y el vaquero se adelantó a toda velocidad, dejando a Don Santos y su Ford muy atrás; astutamente don Santos, a su fortinga, fue dándole chispa y gasolina, con dos pequeñas palancas que están junto al volante y la camioneta fue acelerando poco a poco, y la mantuvo a una buena velocidad, forzando al vaquero a que su caballo fuera lo más rápido posible. Habían corrido unos quinientos metros cuando el caballo empezó a ceder terreno, la fortinga se le acercaba y el vaquero estimulaba al caballo, queriendo recuperar el espacio perdido.

Llegó un momento en que la Ford, estaba a unos cinco metros de distancia detrás del caballo; viendo Don Santos que en la parte delantera del camino había un espacio donde una explanada le permitía salirse, giró el volante y acelerando un poco más, sobrepasó al caballo, que ya para entonces daba muestras de gran cansancio.

Un rato más de carrera; a lo lejos se divisaba la salida del rancho, el caballo dando un traspié cayó rendido; afortunadamente el vaquero solamente salió revolcado; Don Santos se detuvo y bajó de la Ford para ver que había sucedido, y al darse cuenta que el vaquero estaba solamente asustado le dijo: ¡ya vez que un caballo, no puede con la Ford! ¡Guárdate el dinero de la apuesta para que pagues el animal, pues no es tuyo, y se te va a morir , y reconoce que una bestia no le gana en resistencia a una máquina!.

Una lección que daban: Don Santos y su Ford.

Continuará…

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

Camioneta Ford de Don Santos Rodríguez