Francisco J. Echazarreta

Al panteón de la aldea, le sale niebla humeante de rocío, el frío de la madrugada se ha dejado sentir.

Francisco J. EchazarretaAl panteón de la aldea, le sale niebla humeante de rocío, el frío de la madrugada se ha dejado sentir.

A lado de una lujosa tumba, yace un montoncito de tierra, con una modesta cruz de madera... apenas se aprecian las letra en la cruz, es de una mujer que murió joven... por las cuentas de las fechas, cuando nació a cuando murió, debió de haber tenido treinta y dos años, una corona pequeña, arrastra casi la tierra, y a sido amarrada a la cruz... sujeto a la corona, un papelito que dice “un recuerdo de tu hija” y junto a aquel montón de tierra... el suntuoso mausoleo, lleno de sirios y gladíolos... los contrastes que da la vida... la ultima morada...

Los humanos viven “aprisionados” por su cultura y por el medio que los moldea.

Los árboles ya han tirado las hojas... y dan la impresión de ser gigantes fantasmas... que escuchan...

Desde hacía algunos días, vientos helados, presagian la llegada del invierno. El aire helado, barre las miles de hojas marchitas... Callados rumores.

¡Sus hijos vinieron a verlo! Don...
¿Para que?... Si todos estos años... me los he pasado “penando”.
¡Tome calma se lo digo!
Esta purgando sus fallas.

De pronto, como si el tiempo se regresara..
¡Ándele, Don... ayúdeme, hágalo por mis hijos.
Somos pobres, no tenemos que comer!
Vete a otro lado... Mugroso...

Noooo... por eso sigo penando.
Mas tu mujer, ¿por que sigues aquí?...

Viví en el pecado... con muchos hombres.
Pronto saldré de este trance... mi hija
A perdonado esos actos, hasta ha venido a verme.
Y siguen las pláticas, mientras allá arriba
En el mundo terrenal... la vida sigue igual...


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales