Francisco J. Echazarreta

Cuando el primero de diciembre del año 1967 se inauguró la primera transmisión de radio comercial en Sabinas Hidalgo, con su llegada vino a iniciar una nueva forma de anunciar a través de este medio, quien o quienes habían muerto en el pueblo. Pero y luego ¿Cómo es que se enteraban de los fallecimientos antes de que existiera este medio? Se preguntaran las nuevas generaciones. Pues he aquí una semblanza o mas bien un “recuento de recuerdos” de los acontecimientos comunes vividos por las familias Sabinenses.

Francisco J. EchazarretaCuando el primero de diciembre del año 1967 se inauguró la primera transmisión de radio comercial en Sabinas Hidalgo, con su llegada vino a iniciar una nueva forma de anunciar a través de este medio, quien o quienes habían muerto en el pueblo. Pero y luego ¿Cómo es que se enteraban de los fallecimientos antes de que existiera este medio? Se preguntaran las nuevas generaciones. Pues he aquí una semblanza o mas bien un “recuento de recuerdos” de los acontecimientos comunes vividos por las familias Sabinenses.

Al ordenar los servicios funerales, estos incluían la impresión de cierto numero de “Esquelas”, las cuales estaban hechas de un papel parecido al de las invitaciones de bodas, solo que estas, las distinguía de tener un contorno en negro, de tal modo que con tan sólo verlas relacionabas o lo asociabas con la de... ¿Quien murió?

Los dolientes se encargaban de entregarlas, casa por casa a sus familiares y amigos en el pueblo. Al recibir en casa una de estas invitaciones te ponías a pensar o buscar la manera de el como cumplir.

Les mandamos un ramo... o una corona... o bien un telegrama, aunque este ultimo medio era mas bien usado por las clase media acomodada.

En una familia modesta se recurría a tomar de un laurel sus hojas y armar un ramo al que se le agregaba rosas de algún rosal mas la correspondiente tarjeta o un papel blanco de quien las enviaba.

Los funerales o la velación del cuerpo se llevaba a cabo en las casas o el jacal pues se carecía del servicio de funerarias, las cuales se fundaron hasta 1969. Se limpiaba el patio, se colocaban sillas prestadas de los vecinos, se ponían las cuatro velas alrededor del cuerpo, cuando era sacado del lugar, se le ponía una cruz con cal en el piso, donde se había estado velándose y ahí en ese mismo lugar se rezaba el “novenario” (nueve días de rosarios) para que su alma descansara en paz.

Luego llevarlo a la Iglesia San José, misa de cuerpo presente; el ataúd lo subían sobre una “carroza” tirada por un caballo. La carroza una especie de vitrina o caja de madera de forma rectangular, pintada en colores gris o crema claro, con vidrios en los laterales de tal modo que el féretro se podía alojar en su interior y ser visto desde fuera, en la parte superior algunos ramos de los que la gente había mandado.

Las personas siguiendo a pie el cortejo, en su mayoría hombres con el sombrero en la mano y seguidos por cuatro o cinco carros de sitio (Taxi) con los dolientes (mujeres, niños y ancianos), en veces, coches tirado por caballos acompañaban el cortejo.

Era también una vieja costumbre y esta mas bien como una sugestión, en la de cerrar las puertas de las casas al paso del cortejo, y persignarse. Esto en las mujeres o bien quitarse el sombrero en los hombres como una reverencia de respeto por el alma del fallecido o la fallecida.

Al llegar al panteón las fosas no tenían “ademe” (cemento sobre las laterales) solo el puro poso aterrado, al terminar de bajar el cuerpo se llenaba con la propia tierra desalojada.

Y hete aquí que, hubo una época en la que al finalizar el evento, se contrataba los servicios de las personas como: Don Claudio Treviño, Gumersindo (GUME) Rodríguez, o el Sr. Roberto Carlos y otros mas, quienes salían con sus altavoces por las polvorosas calles del pueblo...

La familia........................ por este conducto y ante la imposibilidad de hacerlo personalmente, agradece las muestras de condolencias dadas......etc. etc”

Cayeron las hojas de los calendarios. Las carrozas terminaron abandonadas en el fondo de los solares... olvidadas.

Mas esto es para no olvidar de algunos... destellos de un Sabinas Hidalgo que se fue y ya no regresará.

Bullicios de un aire helado que sopla, tumbando hojas tras hojas, presagiando la llegada del invierno.


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