El secreto a voces por fin dejó de serlo, la renuncia de Rogelio Cerda a la Secretaría General del gobierno del Estado, se veía venir e incluso los "grillos de café" aseguran que Nati se tardó en aceptarle la dimisión.

Rogelio Cerda cumplió en la medida de sus posibilidades y de acuerdo a las difíciles circunstancias que rodearon su gestión; en el aspecto político, la complejidad del entramado actual donde se mueven más que intereses partidarios, coyunturas económicas o de filias y fobias a determinado candidato, nos proporciona un escenario difícil para hacer un balance de la actuación e influencia del ex Secretario General, además, necesariamente la responsabilidad recae en José Natividad González Parás.

Madrazo nunca fue el candidato presidencial de los funcionarios gubernamentales nuevoleoneses, lo cual repercutió en el fracaso eleccionario, al perder la mayoría en el Congreso Local, si el ungido tricolor hubiera sido de su agrado, otro gallo hubiera cantado en el corral legislativo, aun con la medianía de los contendientes priístas a las diputaciones locales.

La gran ancla que tuvo que arrastrar Cerda, desde la posición número dos del gobierno estatal, fue la cuestión de la inseguridad y la presencia notoria del crimen organizado; la situación se desbordó, se complicó la geopolítica de ese submundo que ha ganado espacios y desequilibrado el juego de poderes fácticos y si a lo anterior, le sumamos la resonancia de los hechos violentos en los medios masivos de comunicación, concluimos que este fue su tremendo dolor de cabeza.

Cerda no ocupó espacios protagónicos, nunca desplazó a Nati de los titulares de la prensa, radio o televisión, su actuación en este aspecto fue la de actuar casi a la sombra, se le puede criticar tal hecho, sin embargo, obró con prudencia, con inteligencia y evitó el desbordamiento de pasiones políticas y matreras.

Su inteligencia, caballerosidad, el conocimiento de la política y la raigambre de su estirpe, lo llevarán a superar tragos amargos y después de un buen descanso deberá reaparecer en la escena política, además, es un cuadro fogueado, con experiencia y no debe ser desaprovechado ni por el Gobernador, ni por su partido.


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