Después de tanto tiempo, sentía el peso de la edad, las reumas lo hacían caminar lento, arrastraba los pies, las articulaciones le dolían y la maldita arterioesclerosis hacía estragos, sin embargo, recordar las glorias pasadas, inflamaba su espíritu, el orgullo lo mantenía en pie.

¡Que tiempos aquellos! cuando mozo, no había quien se le resistiera, sobre todo, cuando iba en pos de la frondosa dama, luego salían algunos imberbes que le mostraban oposición, pero, con su avasalladora presencia los hacía a un lado y si alguno salía respondón, porque los hubo, con mil artimañas era eliminado; todo era felicidad, todo mundo contento, salvo los enemigos naturales, unos cuantos inconformes "mal orientados, retardatarios y conservadores"; los zurdos eran ruidosos, pero poco efectivos.

La nostalgia lo invadió, lejos, muy lejos, muy distantes, perdidos en la maraña del tiempo, estaban los felices momentos cuando amigos, colaboradores, obreros, campesinos, gente del pueblo, le daban apoyo incondicional, aunque bueno es puntualizar, que debía darles algo a cambio, por su solidaridad, fraternidad y convicción netamente revolucionaria.

La fémina dotada de muchos atributos, tenía una cualidad: permitía el derroche de su hacienda, voluminosas vetas en metálico la convertían en presa codiciada, pero él, fue su marido, su amante y compañero por siete décadas; los momentos de dulzura, sólo eran ensombrecidos por algún incidente internacional que hacía tambalear el erario o problemas de índole local, superados con la ayuda de amigos de los sectores cercanos.

Pero, hete ahí, no podía comprender cómo habían surgido los galanes que ahora se la querían quitar, ¡ingrata! después de haberle dado los mejores años de su vida, ahora coqueteaba con el señor PANfilo, diez años menor que él y con el joven Perredé; algo tenía que hacer, pero pronto, sentía que el tiempo se le venía encima, algo había que inventar para contrarrestar a los galancetes bravucones y novedosos.

La cirugía plástica no era el camino, ya se la había hecho en 1938 y vaya que se sintió como un nuevo galán, con otra fisonomía, dejando atrás calles y veredas torcidas e intrincadas; la segunda operación de su cara, no de su cuerpo, fue en 1946, le brindó mayor aplomo, madurez y reafirmó su institucionalidad, además, aprovechó el boom del desarrollo económico e industrial de la época, para colmar a la dama con atuendos que causaron envidia, hasta en el extranjero.

Pero, llegaron los años finiseculares, las neuronas sufrían con las indigestiones, ya no se coordinaban con los músculos, unos se movían a la derecha, hinchados por la carga de tantos pesos, otros se disparaban a la izquierda, como si estuvieran hartos de la misma situación; tambaleante, trataba de conservar la línea del centro, hacía esfuerzos sobrehumanos para seguir en el arduo camino.

Por fortuna tenía a la dama y ésta le ayudaba, aunque finalmente lo traicionó, le guiñó el ojo al tipo de las botas y desairó al hombre serio un tal Cuauhtémoc. Se sentía débil, necesitaba una transfusión, aire fresco, reglas nuevas en su existencia, que lo tonificaran, para no ser objeto de burla y desprecio; convocó a consejeros y le recomendaron intentar otro camino, no el ya tan trillado: el uso y abuso del poder, empleado para llevarse la mujer a casa.

En fin, don PRIsciliano se dio a la tarea de auscultar y encontrar la fórmula, para elegir a su abanderado y estar presto a defender la posesión de la dama: doña Presidencia; no tardó mucho en encontrar la solución: consulta a la ciudadanía mediante elección, pero con un candado novedoso: el ganador sería quien obtuviera la mayoría de los distritos, independientemente de la suma de votantes.

Los rostros se iluminaron y las manos encallecidas de tanto sostener la taza de café, la copa de buen vino o la fría cerveza, se unieron en estruendoso aplauso, para celebrar el parto de los montes, festinar la brillante idea, festejar el arribo de la democracia y la apertura de fin de siglo, todo con el objeto de dar respiración artificial al septuagenario.

El viagra democrático surtió efecto, se animó el vejete, añoró los años y años de placer, de éxtasis, de clímax con su amada Presidencia; por el momento, subió al máximo su potencia.

Por fin, el hedonismo partidario en todo su esplendor, especial momento aquél; ante tal situación, se consumó el placer solitario, se le rindió culto a Onán con la nueva versión de la democracia partidista mexicana; consumatum est, el rijoso tabasqueño y el duro poblano, dieron sabor a la contienda, pero ganó el gris Labastida.

Por vez primera, para el PRIsciliano, su eterno idilio con Doña Presi, terminó en impotencia; Labastida no pudo en el 2000 y seis años más tarde, Madrazo fue ninguneado por Elba Esther Gordillo aliado con el tal PÁNfilo. A sus años exclama: ¡A la tercera será la vencida!


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