Profr. Otoniel Arrambide VillarrealAdemás de ser un exitoso comerciante, Don Nicasio alternaba esta actividad con la de ganadero en el rancho de su propiedad "El Cerrito", predio de dos mil hectáreas el cual había cambiado por otro llamado "Rancho Oriente", situado en las proximidades del poblado San Carlos. Por varios períodos mi padre trabajó en esa propiedad de Don Nicasio, recordando que de escasos años de edad viví los primeros de mi infancia en ese lugar donde cada dos o tres semanas llegaba en su camioneta aquel hombre alto y corpulento, de escaso cabello en la parte superior de su cabeza, luciendo a los lados de la misma, abundante cabellera blanca, cubierta siempre por su inseparable sombrero de cazador el cual según nos comentaba, le servía para que su cráneo no se calentara por los rayos del sol; además usaba ropa adecuada para el trabajo, así como sus característicos botines de piel en color negro, dando así un aspecto de hombre bonachón y a la vez respetuoso con todos sus trabajadores.

Siempre llegaba en su vehículo cargado de mandado que sus trabajadores previamente le habían encargado y para él, abundante fruta y carne de res la cual asaba y compartía con sus empleados. En una ocasión llegó acompañado de un vecino suyo, un hombre maduro, ya entrado en años, quien tenía su cabeza calva por completo, la cual se cubría con un diminuto sombrero y que después de disfrutar de una deliciosa comida, le comentó a Don Nicasio que se iba a sentar bajo la sombra de un portal, contiguo al corral con paredes de leña; quedándose dormido profundamente, mientras mi padre y Don Nicasio conversaban animadamente, mi pequeña hermana Andrea, observaba con curiosidad la calva de aquel señor que dormía placenteramente y sin pensarlo mucho, fue por un vaso de agua, vaciándole el contenido del líquido sobre la cabeza, despertando en el acto todo sorprendido, corriendo mi hermana a esconderse toda llena de temor mientras los demás hermanos reíamos por aquel atrevimiento que nos causó mucha gracia, no solo a nosotros sino que también al mismo hombre, a Don Nicasio y a mi padre; desapareciendo así el riesgo de un posible regaño por tal proceder.

Fue tanto lo que Don Nicasio amó a su rancho que se fue a vivir a él durante algunas temporadas, construyendo para tal efecto una modesta casa, contigua a la de sus trabajadores. Allí moró en compañía de su amada esposa, la señora Sarita y su nieto Juan Manuel Cabello Escamilla quien por aquel tiempo contaba con dos o tres años de edad. Como la presa de donde nos surtíamos de agua para el uso doméstico se encontraba a una distancia de unos ochenta metros, colocó un tinaco sobre una plataforma pegado al bordo, extendiendo con sus propias manos la red hidráulica desde allí hasta la cocina de su casa, instalando una llave donde por gravedad llegaba el agua, evitando de esta forma el trabajo de acarrearla en cubetas.

Por las mañanas Doña Sarita invitaba a mi madre,a mis hermanos y a mi, a su casa para que escucháramos programas religiosos, a través de un radio que era alimentado de electricidad por una enorme pila seca usada en aquellos años; siendo ella quien nos dio las primeras lecciones bíblicas lo cual mucho agradezco.

En sus años mozos, Don Nicasio, según pude apreciar en una fotografía familiar, usaba un abundante y retorcido bigote, mismo que admiraba su esposa, por lo que el día que se decidió razurarsélo para siempre, ella lloró desconsoladamente.

Don Nicasio era un hombre muy dinámico ya que cuando era día de herrar, bañar y señalar su ganado vacuno, se introducía al corral juntamente con los vaqueros, para lazar y tumbar los animales y en no pocas veces lo vi exponer su físico en esa riesgosa actividad. Además en época de Navidad o Año Nuevo, llegaba a su rancho con ropa nueva la cual regalaba a sus trabajadores, como un noble gesto de gratitud y agradecimiento hacia ellos.

Por aquellos añorados años, los habitantes de Sabinas Hidalgo, repetían de boca en boca, un pequeño diálogo en honor a Don Nicasio y sus cuatro hermanos: "Jesús, si Nicasio se cayera a un pozo, ¿Lo Zacarías, Gregorio?, Claro, es mi hermano".

Don Nicasio se retira del comercio en 1958, para atender a la compañera de su vida, su amada y fiel esposa quien sufre de una enfermedad que la postra en cama por largo tiempo, atendiéndola como se merecía, hasta que Dios la recogió en su santo seno. Después de este período, prosigue con su trabajo de ganadero, retirándose del mismo por problemas de salud en 1972, falleciendo al siguiente año a la edad de setenta y siete años, dejando tras de sí, un excelente ejemplo como hijo, hermano, esposo, padre, abuelo, patrón y como un gran luchador en la vida al desarrollarse como exitoso comerciante y ganadero. ¡Así recordamos a Don Nicasio Escamilla Garza!

Nicasio Escamilla Garza
Nicasio Escamilla Garza.

Profr. Otoniel Arrambide Villarreal
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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