Profr. Otoniel Arrambide VillarrealEste padecimiento desde siempre la humanidad con toda seguridad lo ha padecido, solo que hasta principios del siglo pasado se iniciaron los estudios al respecto, el cual tiene como característica principal la pérdida de memoria.

Al respecto fluyen de mi mente varios sucesos que de alguna manera tienen que ver con los síntomas iniciales. Resulta pues, que cierto amigo del ejido Matatenas, en una ocasión se encontraba trabajando como ayudante en una construcción a unas cuadras de su casa; al concluir por la tarde la jornada, solicita prestada la carretilla con la cual iba a llevar a sus vacas un poco de nopal chamuscado y picado, el encargado de la obra en construcción se la facilitó con la condición de que al día siguiente la regresara; escuchando lo anterior, se dirige a su hogar e inicia con aquel instrumento el traslado del alimento para sus animales y al concluir, conociéndose a sí mismo de su paupérrima memoria, para no fallar, poco antes de irse por la noche a la cama, colocó atravesado en la puerta principal el instrumento en cuestión. Al día siguiente en punto de las ocho de la mañana, se hizo presente en el trabajo pero sin la carretilla, por lo que su jefe le reclama tal proceder, siendo hasta entonces en cae en la cuenta de que vio tapando la puerta el mencionado instrumento por lo que para salir de su casa, la brincó con la agilidad que le caracteriza, encaminándose muy tranquilo y como sin nada a su trabajo.

En otra ocasión esta misma persona regresaba de su pequeño predio ganadero en compañía de un amigo, venía él, tripulando su camioneta; al llegar a una puerta se detiene para permitir a su compañero bajarse y abrirla, al suceder esto, pone en marcha su vehículo y no se detiene hasta llegar a su hogar; a los pocos minutos llega todo sudoroso aquella persona lleno de enfado y reclamándole airadamente por haberlo dejado olvidado en aquel lugar.

Por los años sesentas del siglo pasado vivía en Los Colorados de Abajo un matrimonio maduro hablando cronológicamente, el esposo dedicado a los trabajos del campo y ella una abnegada ama de casa. Un día deciden viajar a Sabinas Hidalgo en el autobús que por las mañanas por allí pasaba, procedente de Parás, Nuevo León, llegando a la ciudad, ella se queda en casa de una de sus hijas, mientras que él, se traslada a Nuevo Laredo con el propósito de adquirir algunas refacciones para su tractor, quedando de acuerdo que al regresar pasaría por ella. Pues bien, resulta que este señor, de vuelta a Sabinas Hidalgo, se baja del autobús sobre la carretera nacional y con su santa paciencia se para cargando sus bolsas en la primera esquina de la calle Luis T. Mireles (la cual es la prolongación de la carretera a Parás) y al primer conocido que pasa en automóvil le pide un "raid" a Los Colorados de Abajo; llegando a su casa se da cuenta que estaba cerrada y que había olvidado a su cónyuge en Sabinas Hidalgo.

¡Vaya memoria de hombre!

Profr. Otoniel Arrambide Villarreal
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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