Profr. Otoniel Arrambide VillarrealPara los que vivimos cerca de la frontera norteamericana, nos hemos dado cuenta que la ciudad de Laredo tiene algo mágico y atractivo para el turismo mexicano, en especial para las mujeres, no existiendo mejor noticia cuando acuerdan en familia acudir de compras a ese lugar, es como una terapia que alivia aunque sea pasajeramente, todas sus dolencias y achaques, cambian de apariencia en forma positiva y el pobre marido se nota preocupado al pensar que terminado el efectivo, salen al desquite las famosas tarjetas de crédito, mismas que sufren un incremento significativo y por consiguiente las deudas en los bancos, los que en última instancia salen ganando por los altos intereses que suelen cobrar sin que exista autoridad alguna dispuesta a frenar su ambición desmedida para llevar más a sus grandes arcas financieras.

Esto para las mujeres, "No tiene la menor importancia" como lo dijera el célebre actor mexicano Arturo de Córdoba, ellas son felices adquiriendo prendas necesarias para su uso personal, otras no tan necesarias, aunque sí para su ego muy particular; es por ello que recorren incansablemente las mas afamadas tiendas sin experimentar cansancio alguno a pesar de tantas horas transcurridas durante las cuales alternan con el caminar por los amplios y confortables andadores donde contemplan diversidad de artículos colocados sobre los aparadores.

Por todo lo anteriormente comentado, viene a mi memoria las sabias palabras de un buen amigo mío que me decía: "Entre más cerca vivamos de Laredo, mejor para nosotros, porque nuestras mujeres se conservarán más sanas y joviales, ya que la solución a sus padecimientos la tenemos al alcance de nuestras manos, basta para ello caminar en nuestro vehículo por carretera unos cuantos kilómetros"; dicho esto medio en broma y medio en serio.

El anterior relato no es con el fin de ofender a nadie, pero si es un fiel reflejo de lo que nos ocurre a muchos mexicanos, que sin ponernos a pensar, acudimos al país más rico y poderoso del mundo para comprar muchos de sus productos, ocasionando una enorme fuga de divisas que van a aumentar aún más el capital de nuestros vecinos y por consiguiente la creciente pobreza del pueblo mexicano. Reflexionemos detenidamente sobre este comentario y hagamos lo conducente, consumiendo hasta donde nos sea posible los productos mexicanos para ayudar a nuestro país a salir del grupo de las naciones más pobres del planeta, hagamos Patria, consumamos lo nuestro, porque: ¡Lo hecho en México, está bien hecho!, ¡Que viva México! y ¡Que vivan todas y todos los mexicanos!

Profr. Otoniel Arrambide Villarreal
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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