El abogado, escritor, historiador y filósofo frances Francois Marie Arouet que arrastró proveniente del fanatismo el calificativo de “Venenoso” alguna vez afirmó: “Podré no estar de acuerdo con lo que usted cree, pero daré la vida por el derecho que tiene usted de decirlo...” Con lo anterior exteriorizaba su amor a la verdad, su respeto al pensamiento ajeno, su dignidad de tolerante.

Sí, a esa ya en desuso, alejada y hasta extraña virtud que nos invita a comprenderlo todo, sin perder nuestra propia concepción de la existencia, nuestra, valga la redundancia, propia manera de pensar y de vivir.

Ser abierto a las opiniones ajenas no te compromete a compartirlas, solo te conduce al análisis y aproveches si algo tiene de bueno, porque nada tiene que ver una creencia religiosa, una convicción científica, una posición política, con el verdadero sentido de la grandeza humana.

Mantener una relación amistosa donde va de por medio el amor es muy complicado si no aceptamos al otro como es, el pensamiento hermético limita nuestro concepto personal, reduce el entorno hasta quedar en una impenetrable burbuja, caso común de algunos políticos que no salen de la zona de confort y se la pasan rodeados de aduladores.

Imposible encontrar un ser humano igual a ti, todos somos diferentes si no hay una hoja de un árbol idéntica a la otra, ¿Por qué exigir a los demás sean como nosotros?

Precisamente porque somos diferentes, convivimos en este mundo para correspondernos, lo que a ti no te tocó, se me dio a mi y ofreciendo algo de lo mío a cambio de lo tuyo, realizamos el sueño de las almas nobles: Nos ayudamos mutuamente.

Sin dedicatoria a nadie en especial considero justo y necesario dejar de ser tan pequeños, comprender que todos debemos crecer, no tan inseguros que cuando algo o alguien amenaza con contradecirnos nos pegue “la chiflazón” trasformándose en agresores, al grado de ignorar, alejar, despreciar y hasta anular denigrando la tan cacaraqueada filosofía al terminar el año.

Al contrario, en esta época de meditación y alegría a la vez, se presta para practicar la tolerancia, fomentando con ello la amistad, desechar la hipocresía y expresar sin demagogias: Felices fiestas navideñas 2013.



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