“Oh pueblo que le dio fama y origen a la industria en Nuevo León”. La Fama de parajes y sitios pintorescos. Desde Ábregos, Rivero, Cantú Treviño, Sánchez, Calderón y González. La de lugares de descanso y recreo veraniegos. Donde Alfonso Reyes jugó de niño. Donde confluyen vecinos procedentes de la villa de Santiago, Parras, Arteaga, San Jerónimo, San Pedro, la sierra, la Leona y Santa Catarina. Donde vivió Morones Prieto. La del sindicato que gobernó Santa Catarina entre 1952 y 1976. Si otros municipios presumen ser la cuna grupera de Nuevo León, aquí fue donde todos los grupos saltaron a la Fama. La de los bailes y fiestas interminables. Si algo distingue a sus habitantes, es la capacidad de participación y exigencia políticas. Y en eso tuvo que ver el profe Efraín Díaz. La Fama tuvo hermanas: la Fama Montañesa de Tlalpan, la Estrella, el Porvenir, la Aurora y la Leona. Donde se acumularon los primeros capitales que apostaron a hacer de Monterrey la capital industrial de México. Si otros lugares preparaban enchiladas y tacos, en la Fama hacían las tortillas y tostadas para los antojitos mexicanos. La de los tacos de harina que se venden en la Burrolandia. La que sufrió por tener servicios públicos. La de vialidades que no tienen camino y se cierran. Aquí el desarrollo urbano se hizo entre el río Santa Catarina y el camino de los Saltilleros. La polifacética y culta que tiene cercanas a la UDEM y a la prepa 23. Si los emperadores y sacerdotes mexicas hablaban en el templo mayor, los políticos o quienes dicen serlo, deben hablar o vienen a hablar en Fama.

El 22 de junio de 1854 un grupo de empresarios y comerciantes locales como internacionales, se presentaron ante el notario público de Monterrey don Bartolomé García, para legalizar la formación de una sociedad anónima, presentando un capital de 75,000.00, divididos en 15 acciones de 5,000 pesos cada una. Manuel María de Llano, ex gobernador liberal de Nuevo León y ex alcalde de Monterrey se quedó con tres acciones, Cloussen y Cía, Valentín Rivero y Gregorio Zambrano, con dos y media acciones cada uno; José Morell una y media, Pedro Calderón, el sacerdote José Ángel Benavides y Mariano Hernández una acción y Ezequiel Steel con media acción. La nueva empresa fue llamada LA FAMA DE NUEVO LEON, S.A. Cuatro años antes habían comprado unos terrenos en la antigua hacienda de Ábregos, un lugar propicio para instalar una factoría por la abundancia de agua que garantizaba la continuidad de la fuerza motriz utilizada en ese tiempo. Inmediatamente se inició la construcción del edificio para las instalaciones: el sillar de tierra para los muros, el techo de vigas y terrado y el piso de hormigón y el acueducto de piedra. Le llamaron LA FAMA DE NUEVO LEON para diferenciarla de otra fábrica textil fundada en 1833 por Valentín Gómez Farías, conocida como LA FAMA MONTAÑESA. Con la fábrica se hicieron casas para los obreros.

La Fama de Nuevo León surgió al amparo de una política nacional de fomentar la industria y las relaciones mercantiles del entonces ministro del interior y relaciones exteriores don Lucas Alamán, quien al retirarse de la política, las siguió promoviendo como director de la Junta de Fomento de la Industria desde 1839 hasta su muerte ocurrida en 1853. Pero también coincide con el proceso de acumulación de capitales después de los tratados de Guadalupe Hidalgo, cuando un grupo de políticos y militares de la región se dedicaron al intercambio de algodón y armamentos por alimentos y ganado. El algodón salía exportado por Galveston y Nueva Orleans. De pronto ya no permitieron su salida y sus productores aprovecharon la recién establecida aduana de Piedras Negras. El algodón llegaba a Monterrey y salía por Matamoros rumbo a Inglaterra. Otra vez prohibieron la salida de los barcos y el algodón se quedó en el noreste para favorecer el establecimiento de fábricas textiles y de hilados. Eligieron un terreno con suficiente agua y además situado en el camino real a Saltillo. A partir del 22 de junio de 1854 se construye la fábrica y alrededor de ella las casas para sus trabajadores. Hace 160 años, de La Fama surgieron los capitales con los cuales se formaron las principales industrias de Monterrey. La Fama bien puede considerarse como la “empresa madre” en la industrialización de Nuevo León, solo superada en antigüedad por la compañía textil La Estrella de Parras de la Fuente que se abrió en 1836. Los accionistas y sus hijos fueron los que abrieron la cervecería, la fundidora y la vidriera a fines del siglo XIX y principios del XX. Lamentablemente todas esas empresas textiles ahora son parte de la historia.

Donde actualmente está la Fama, estaba la hacienda de Ábregos, perteneciente a Cosme de Abrego. Hijo de Alejandro de Abrego y Josefa Sánchez, nació en 1792. Casado con Mónica García, con quien procreó a Pantaleón, Trinidad, Concepción, Paula y Perfecto. Los padres de doña Mónica fueron Vicente García y Cayetana Morales. Don Cosme fue un labrador. Murió el 8 de noviembre de 1872 en Santa Catarina. De hacienda de Ábregos a fábrica de la Fama de Nuevo león, que dio vivienda y escuela a sus trabajadores. Pueblo obrero y trabajador que alcanzó la categoría política de congregación y por ello no debe considerarse como colonia. Pero gracias a la abundancia del agua y a las ricas tierras, su gente también se dedicó a la agricultura. En 1906 a su escuela le pusieron Benito Juárez en honor al centenario del natalicio del benemérito y a la plaza le llamaron Bernardo Reyes en honor al entonces gobernador de Nuevo León. El único monumento que se inauguró en las fiestas del centenario de la Independencia está en ésta plaza: una columna con mármol negro y un pequeño busto con la imagen del Padre de la Patria. La escuela comenzó a construirse en la década de 1930. Tierra de obreros que se hicieron locutores como Rogelio García Frías, Pedro de Aguillón, Efrén García Palacios, Rómulo Lozano y Alberto García Guzmán. Pedro de Aguillón se fue de la Fama al cine y no al revés y Rómulo Lozano, con el respeto que se merece, se convirtió en un “remulo” conductor y animador.

El 20 de enero de 1856 fueron bendecidas las instalaciones por el entonces Obispo de Linares, Francisco de Paula y Verea. Tal vez los primeros vecinos del lugar bautizaron así a la capilla y a la calle que comunica a la Fama con la avenida Díaz Ordaz en la actualidad en honor al obispo que bendijo y dio inicio de las labores de la primera fábrica de Nuevo León. Después de la inauguración y bendición de las instalaciones, los accionistas y cerca de 200 invitados pasaron a un salón contiguo donde se sirvió un banquete. La convivencia fue muy animada y no faltaron los brindis y los vivas. ¡Feliz cumpleaños La Fama de Nuevo León! Y lo más triste de todo, tus hijos se olvidaron de ti y las autoridades del municipio en la que vives, parece no importarles tu existencia.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina



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