En la tradición bíblica contenida en el libro del Génesis, los pueblos de origen árabe descienden de Ismael, hijo de Abraham y de una esclava egipcia llamada Agar. El patriarca tuvo otro hijo con Sara al cual llamaron Isaac. Agar e Ismael debieron irse al desierto en donde fueron protegidos por el ángel de Dios, con la promesa de que a través de su hijo mayor se fundaría una gran nación. Antes de Mahoma, los habitantes de la península arábiga vivían en pequeños grupos nómadas, algunos otros en pequeñas aldeas y en las pocas ciudades existentes. Los nómadas pastores de rebaños eran conocidos como beduinos. Ellos recorrían el desierto buscando oasis en donde permanecer e instalando tiendas hechas con pieles de cabras. La mayoría profesaba la litolatría, es decir, veneraban a las llamadas piedras sagradas. La más famosa de ellas aun permanece en La Meca, en donde se le rinde culto en la Kaaba.

Cercana al mar Rojo, La Meca es el principal núcleo comercial y religioso de Arabia Saudita. Ahí nació Mahoma en el año 570, el máximo reformador religioso y político de los pueblos de origen árabe. Quien llegara a ser considerado el máximo profeta y enviado de Dios, pertenecía a una familia con cierta posición económica y sirvió como camellero de una viuda muy rica llamada Kadiya con quien se casó en el año 595. A Mahoma se le apareció el arcángel Gabriel en el 610 y le reveló una parte del Corán. Mahoma anunció su mensaje a conocidos y familiares, pero sus creencias le ocasionaron problemas y debió marchar a Medina en donde encontró mejor cabida a su doctrina. La huida de La Meca a Medina se conoce como la Hégira y los musulmanes la toman como el inicio de su calendario en el año 622, considerado el año más importante del Islam; es cuando cambia el contenido religioso. Ya en Medina, Mahoma se convirtió en un líder guerrero, político y religioso y regresó a La Meca en el 630 en donde se apoderó de la ciudad. Apenas dos años después Mahoma murió.

El anuncio divino dado a Mahoma está en el libro sagrado conocido como Corán o Al Corán. En los preceptos religiosos es notoria la conjunción de elementos propios del cristianismo y del judaísmo, los cuales seguramente conoció a través de los viajes realizados. En la fe islámica hay un principio fundamental: solo hay un Dios que recibe el nombre de Alá y Mahoma es su profeta. Alá es el principio del bien triunfante sobre el principio del mal llamado Iblis. El alma es inmortal y quien permanece fiel a las enseñanzas llega al paraíso. Según la tradición, Mahoma no sabía leer y escribir, lo cual no fue un obstáculo para redactar el libro dictado por el arcángel Gabriel. A la muerte del profeta, un sucesor de Mahoma llamado Abubéquer fue quien mandó recopilar los textos y las revelaciones. El Corán está compuesto por frases, conceptos o sentencias que sus discípulos aprendían de memoria. El Corán se divide en 114 capítulos llamados azoras.

Islam significa sometimiento a Dios. En la fe islámica no se permite el culto a las imágenes y la reproducción de figuras humanas. Por eso la decoración y arquitectura de los templos y edificios está orientada a otros rasgos estéticos como el de la caligrafía. Es deber acudir al menos un día en la vida a La Meca, hacer las abluciones diarias, recitar las oraciones respectivas en cinco ocasiones, practicar el ayuno en el mes del Ramadán, pagar el diezmo y en caso de necesidad, hacer la guerra santa, como una forma para extender la fe por las armas, no permiten la esclavitud y están contra la usura. En la estructura religiosa tenemos a los ulemas, quienes resuelven los problemas de conciencia de los fieles, los imanes que pronuncian sermones, los muecines llaman a la oración varias veces al día desde una torre o minarete de sus templos o mezquitas. Además de Mahoma consideran profetas a Adán, Noé, Abraham, Moisés y Jesús.

Abubéquer quedó como sucesor de Mahoma al no dejar descendencia varonil. Al poco tiempo llegó Omar, quien como guerrero y político envió a sus ejércitos a conquistar Palestina y Egipto, se quedó con el antiguo imperio persa y atacaron Bizancio. Omar fue sucedido por Otmán en el año 644. Este fue asesinado por Alí, primo y yerno de Mahoma, quien se quedó con el cargo por poco tiempo. Llegó al poder como califa Uthman ibn Affan, fundador de la dinastía de los Omeyas en el 661. Dejó la capital en Damasco y luego la trasladó a Andalucía, España. El extendió el islam hasta el Turkestán chino, impuso la lengua árabe en todos los países conquistados.

En medio de las pugnas por el poder político, entre el 750 y el 1258 gobernó la dinastía de los Abbasidas, con Abbul Abbas “el sanguinario”, desconoció los derechos de otros sucesores al trono y se hizo proclamar califa. Mandó matar a los miembros de la familia Omeya, excepto a uno que logró escapar a España en donde estableció un reino islámico independiente en Córdova. La capital pasó de Damasco a Bagdad. Esta dinastía debió padecer diversos enfrentamientos e intrigas en muchos de sus territorios y gradualmente fueron perdiendo el poder en manos de los turcos. El último de la dinastía de los Abbasidas murió en el 1258. El imperio turco fue establecido por Saladino, nacido en 1137 y muerto en 1193. Gobernó Siria y Egipto, combatió a los cristianos apoderándose de Jerusalén y se proclamó sultán. Saladino fundó la dinastía ayubita.

El segundo califa de Bagdad llamado Mansur al enfermar de dispepsia en el año 765. Como los médicos islámicos habían fracasado en el intento, mandaron traer a un médico de origen bizantino llamado Churchis quien le curó. El médico era cristiano ortodoxo y conocía las obras griegas. Entonces el califa consideró los consejos del médico, mandó traer todas las obras para traducirlas del griego al árabe y con los conocimientos ancestrales de medicina, física, astronomía, matemáticas y filosofía dieron lustre a la edad media. Los islámicos traducen a Aristóteles por su método empírico y su lógica tan acertada en las discusiones. Según la tradición, la escuela nestoriana de Edesa hizo las traducciones. Entonces se formaron grandes centros culturales en Bagdad y en Córdoba. Cuando la ciudad de Toledo fue recuperada por los cristianos en el año 1085, el arzobispo Raimundo siguiendo el ejemplo de Mansur, mandó traducir del árabe al latín la mayoría de las obras de la antigüedad y Toledo se convirtió en un gran centro cultural en donde los cristianos, árabes y judíos hicieron excelentes trabajos. Con ello inicia formalmente el periodo conocido como Escolástica.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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