Dicen que el clima de Monterrey y sus alrededores es estable: siempre extremoso, hace un calorón o hace un frío muy severo, los cuales nos hace pasar algunas inclemencias por parte de la temperatura. Una vez alguien en tono de burla se refería a la existencia de un anuncio que daba la bienvenida a todos los que arribaban al aeropuerto Mariano Escobedo con la leyenda siguiente: “Bienvenidos a Monterrey, si no le gusta el clima regrese en unas horas”. Es extraño pero para efectos geográficos, climatológicos y hasta económicos y turísticos, se dice que la temperatura promedio en la región es de 22 o 23 grados. Bueno, si sumamos la máxima temperatura que hace en el verano, por decir 46 grados y la más baja en el año, ocurrida en Monterrey que regularmente llega a 0 grados, las dividimos y con eso obtienen el promedio similar al clima que tienen en Cuernavaca.

Aun y cuando tenemos inviernos muy fríos, rara vez cae nieve, aguanieve o una helada destructiva. Alonso de León en sus crónicas nos advierte que cae nieve por diciembre y enero, a veces hasta un día entero. Donde si vemos algunos puntos blancos son en nuestras montañas, preferentemente en la Sierra Madre, en la Silla y en las Mitras. Pero reitero, aunque bajen mucho las temperaturas hasta el punto de congelamiento, es raro cuando cae nieve en la zona metropolitana de Nuevo León. Estos fenómenos climatológico-ambientales preferentemente se dan en las zonas altas. Incluso hasta tenemos dos montañas que se ven nevadas durante el periodo invernal: el cerro del Potosí en Galeana y San Antonio de la Peña Nevada, entre Aramberri y Zaragoza, en el sur del estado. Precisamente el insigne sabio y humanista, el doctor Gonzalitos, atribuye el clima a la existencia de tres zonas: las tierras altas del sur son templadas, las tierras bajas al norte son cálidas y las áreas al pie de las montañas en las cuales se dan todo tipo de climas según la mayor o menor altura de sus valles.

Los integrantes de la comisión de límites encabezada por Manuel Mier y Terán, en la cual venían botánicos y geógrafos como Rafael Shovell, Luis Berlandier y Josá María Sánchez, estuvieron en Monterrey entre el 6 y 21 de enero de 1828. De acuerdo a sus informes, Monterrey por estar situada al pie de la Sierra Madre, con poca altura respecto a Saltillo; provoca mucho calor en el verano y todo lo contrario en el invierno, especialmente “pues desatados los vientos del noroeste, penetran la población sin obstáculo alguno” (sic). Destacan el clima de Monterrey como desagradable por su excesivo calor y “de pronto, un viento del norte cubrió el cielo con nubes, llegaron las lloviznas y la temperatura bajó considerablemente” (sic). También Manuel Payno consideró al clima de la región como extremoso, haciendo más calor incluso en el otoño. Hasta Alfonso Reyes se refirió al clima en su poema Romance de Monterrey: “pues sufres a descompás, lluvia y sol, calor y frío y mojados los inviernos y resecos los estíos” (sic).

Las lluvias y tempestades más o menos ya las tenemos previstas para cada 20 o 30 años. Pero no es así con las nevadas. Don José P. Saldaña, quien fuera cronista de la ciudad de Monterrey, señala en una de sus obras que cayó nieve en 1894, 1925 y 1948. Tres años después se dejó sentir una fuerte helada el 31 de enero de 1951 que destruyó miles de árboles frutales según Santiago Roel, especialmente cítricos. La nevada más recordada por la gente de mi generación ocurrió el 9 de enero de 1967. Incluso los periódicos de la época la consideraron en su momento como la más intensa del siglo XX. En la madrugada del lunes 9 de enero de 1967, la temperatura llegó a los 0 y -3° grados, duró aproximadamente unas ocho horas y dejó una capa de nieve entre 30 y 60 centímetros. En fotos alusivas se ven los árboles, casas y vehículos cubiertos en un blanco intenso. La gente desafió con curiosidad el fenómeno climatológico-ambiental. Salieron a jugar, a hacer monos de nieve, a decorar los pisos, a arrancar las gotas de agua que se habían congelado. Yo apenas contaba con dos años de edad y según me cuentan, mi madre decidió encerrarnos prácticamente a mi hermana mayor con casi llegaba a los cinco años y a mí. Mientras mi papá acudió a buscar leña para mantener una adecuada temperatura en el tejabán en el cual vivíamos sobre la calle de Abasolo en el centro de Santa Catarina.

Luego tuvimos dos heladas en diciembre de 1983 y 1984, que destruyó casi todos los árboles de la región citrícola, además de tuberías rotas y los motores de vehículos averiados. En el mes de diciembre de 1988 bajó el termómetro hasta los - 9 y -11°. El 11 de diciembre de 1997, la llamada aguanieve destruyó la mayoría de los árboles, especialmente las especies introducidas conocidas como ficus. La más reciente ocurrió a principios de febrero del 2011, cuando también en algunos sitios se congelaron los depósitos de agua y se vio aguanieve. Este 2013 lo iniciamos con un frente frío. Se pronosticaron nevadas en Saltillo, Parras y General Cepeda, pero no se conjugaron los factores que propician la aparición de la nieve. En Monterrey mucha gente se quedó con las ganas de ver la nieve en sitios altos como Chipinque. Se registraron fuertes nevadas en la sierra de Arteaga, Santiago y Santa Catarina.

Apenas comienza enero y ya se han sentido bajas temperaturas. Faltan poco más de dos meses para que llegue la primavera. Aunque se han registrado bajas temperaturas a principios de mayo y tradicionalmente nunca hemos pasado una blanca navidad. Así está el clima en el Monterrey de las montañas de Alfonso Reyes.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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