Cuando Texas se separó de México en 1836 para constituirse en república, el general Antonio López de Santa Anna al frente de un contingente avanzó hacia el noreste con la intención de someter a los separatistas y rebeldes texanos, pero fueron derrotados en San Jacinto en el verano de 1836. Los texanos consiguieron que Santa Anna reconociera la independencia a cambio de salvar su vida y ordenando la retirada de las tropas mexicanas de Texas, cuyos límites históricos y geográficos se extendían por el sur hacia el río Nueces.

En Texas se debatían dos proyectos: uno para que Texas se quedara como república y otro para buscar la anexión a los Estados Unidos. Entre los primeros partidarios estaba el primer presidente interino Mirabeau Bonaparte Lamar y en la segunda postura estaba Sam Houston. Este llegó a la presidencia de Texas entre 1836 y 1838 y temporalmente se olvidó de sus pretensiones anexionistas. Lamar regresó a la presidencia ya en forma constitucional de 1839 a 1841. Sam Houston quedó otra vez como presidente de la república de Texas. En su discurso de la toma de posesión el 13 de diciembre de 1841, condenó la intromisión de Texas en las rebeliones federalistas de la frontera y recomendó neutralidad y mejor trato hacia México. Urgía el reconocimiento oficial y la total aceptación del congreso mexicano hacia la república de Texas y propuso el establecimiento de aduanas comerciales en las fronteras, protegidas por guarniciones militares compuestas cada una de ellas por 25 hombres. Además restableció los tratados de paz y comerciales con las tribus y fijó una política para salvar a la república de una crisis económica y dispuso la reducción de la burocracia que cobraba altos salarios. Texas tenía una deuda externa que impedía su crecimiento.

México aún desconocía a Texas como república y preparaba una misión para apoderarse del rico territorio que históricamente le correspondía. A principios de 1842, México y Texas entraron en una especie de guerra fría. Ambos padecían problemas similares en forma paralela: unos no podían recuperar lo perdido y otros no podían crecer como tenían previsto. Fue cuando resurgió la idea de que Texas se convirtiera en un estado más de los Estados Unidos y Houston era uno de los más convencidos en su conveniencia.

México preparó una ofensiva para recuperar a Texas. El 15 de marzo de 1842, llegaron hasta las inmediaciones de Béjar, unos 500 dragones a las órdenes del general Rafael Vázquez, quien se hizo de la plaza de San Antonio sin problemas. La guardia texana huyó cuando supo de la presencia de los mexicanos, quienes también llegaron hasta El Refugio y Goliad. Vázquez proclamó esos lugares dentro de la soberanía nacional, pero 48 horas después abandonó esos sitios, cuando vio que en realidad no había muchos recursos ni apoyos suficientes como para quedarse por más tiempo.

Para evitar el ingreso y el retorno de las tropas mexicanas, Texas se preocupó por la defensa de su territorio y sus costas, con la formación de una armada naval que defendiera los litorales y las aguas dentro de su soberanía en el golfo de México. Fue cuando el congreso de la república de Texas dispuso atacar a México. Houston logró convencerles de que para ello necesitaban más recursos y una fuerza considerable para hacerlo.

Los colonos de San Felipe de Austin no aprobaron la actitud conciliadora de Houston y en especial, porque habían citado al congreso para reunirse en Nuevo Washington, un lugar cercano a ciudad que honraba al considerado héroe de San Jacinto. Ahora había otro problema: los de Austin temían que trasladaran la capital de la república hacia Houston. Para ello dispusieron la protección del archivo del gobierno de Texas, al cuidado de una guardia especial que también recorría los principales accesos a la ciudad capital.

El 10 de diciembre de 1842, Houston mandó a un grupo de texanos leales para que sacaran el archivo de Austin y lo llevaran a Nuevo Washington, en donde el congreso debía reunirse. Lograron burlar la guardia especial y en tres carros sacaron al archivo el 30 de diciembre de ese año. Se detuvieron a pasar la noche cerca del fuerte Kinney y al despertar, se dieron cuenta de que los guardias de Austin los apuntaban con un cañón. El archivo de Texas regresó a la capital.

Como se advierte, había dos posturas prevalecientes en la política de Texas: una apoyada en la idea de Esteban Austin (muerto en 1836) para que Texas se consolidara como república, defendida por Mirabeau Bonaparte Lamar, la cual contaba con la simpatía de Inglaterra y de Francia. La república de Texas detendría el cumplimiento del Destino Manifiesto y el expansionismo norteamericano. Houston quería que Texas se anexara a los Estados Unidos. También éste quería sacar la capital de Texas de Austin y llevarla al pueblo que se llamaba Houston en su honor. Entonces hubo rivalidad entre los vecinos de Austin y Houston. La república se hallaba inmersa en problemas económicos y con la constante amenaza de sufrir una intervención militar. Por otro lado, las tribus de los llamados indios bárbaros, mantenían en estado de zozobra a las colonias y poblaciones. De igual forma, a Texas llegaban ladrones de ganado, aventureros, salteadores de caminos, mexicanos, indios y prófugos de la justicia. Además de esclavos negros que huían de las plantaciones de los estados sureños cercanos a Texas.

Cuando se supo que en Inglaterra se estaban armando dos barcos para que México los usara en contra de Texas, el encargado de negocios de Texas solicitó al gobierno británico su intervención para evitar el apoyo a los mexicanos. De todas maneras los barcos salieron de Europa, pero fueron capturados cerca de las costas de Yucatán por la marina de Texas.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales