Siempre he creído que el cronista debe hablar de esperanza y de alegrías. Pero indudablemente a veces nos ganan las actitudes críticas y contrarias. Recuerdo a un maestro que tuve, el maestro Rafael Garza Berlanga quien siempre me decía: “un pesimista es un realista informado mientras que un optimista es un idealista desinformado”. Y aunque no quiera hacer grillas, a veces la hago sin medir consecuencia y lo peor del caso, sin darme cuenta de los problemas en los cuales pueda caer.

En ésta ocasión quiero exponer mi sentir y pensar en torno a una obra necesaria y útil. De beneficio para todos aquellos que transitamos diariamente entre Monterrey y Santa Catarina, a través de un corredor convertido en 1971 como boulevard, al cual llamaron Gustavo Díaz Ordaz, en honor al ex presidente de la república entre 1964 y 1970. Para validar ese acontecimiento, vino el entonces presidente de la república, el Lic. Luis Echeverría Álvarez a inaugurarlo. Así Santa Catarina quedó unida a la zona industrial de Garza García con San Jerónimo. De una carretera de dos carriles de ida y vuelta, ahora una práctica avenida unía a Monterrey con dos municipios de la zona metropolitana.

Este camino es muy antiguo. Tan viejo como lo es la fundación de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey en 1596. Por aquí llegaron los primeros pobladores a partir de 1577. El camino original iniciaba en el arroyo de las Encinillas, llamado del Obispo en honor a don José María Belaunzarán y Ureña, quien llegó en 1831. Cuentan que venía en una carreta y los vecinos de Monterrey al ver a tan distinguido prelado, le quitaron las mulas y ellos mismos comenzaron a jalar el vehículo en donde venía el obispo para tomar posesión de la diócesis de Linares. Desde entonces el arroyo se llama del Obispo y curiosamente recoge las aguas del cerro de las Mitras. Ese lugar se conocía desde la colonia como el puerto Grande.

Ahí donde se juntan el arroyo del Obispo y el río Santa Catarina, don Jacinto Lozano puso el primer molino de trigo en 1849. Más adelante, en 1872 el terrenos de la hacienda San Antonio o del padre Guerra, Andrés Martínez Cárdenas y Roberto Law fundaron la tercera empresa textil de Nuevo León a la cual llamaron La Leona. En esos terrenos floreció un colegio al amparo de Juanita Llaguno Cantú y en 1959, el arzobispo Alfonso Espino y Silva, gracias a la donación de unos terrenos de la familia Llaguno, construyó la sede para edificar la institución educativa más antigua del noreste, el Seminario de Monterrey. En frente, los Britingham promovieron otra empresa representativa de la localidad llamada Cerámica Regiomontana.

Luego el camino seguía por la Fama, ahí donde surgió la primera industria de Nuevo León en 1854. Los molinos, la Leona y la Fama estaban unidos por un acueducto o atarjea que venía desde el cañón de Santa Catarina, el cual también estaba unido a una empresa surgida en 1874 llamada El Blanqueo. El camino real a Saltillo, comenzaba en el puerto Grande, se iba por la ladera del cerro de las Mitras hasta tocar el puerto del Durazno. En 1844 se decidió cambiar el trazo de la vía: en lugar de ir cerca de la montaña, debía pasar por Santa Catarina y de ahí a la cuesta de Carvajal, del Sesteo de las Aves hasta Rinconada y de ahí a la cuesta de los Muertos. Antes el recorrido se hacía por Rinconada, los Fierros, Nacataz, García y el Durazno. Para recortar distancias, ahora se pasaba por Santa Catarina. Por cierto, a lo largo del siglo XIX, se decía que el camino entre Santa Catarina y Monterrey estaba repleto de labores y sembradíos.

En 1917, las autoridades de Garza García decidieron la apertura de una calle que los comunicara hasta la Leona. Fue llamada de Corregidora y en 1934 se inauguró oficialmente la carretera que unía a las dos urbes más importantes del noreste mexicano, como lo son Saltillo y Monterrey. Por eso la carretera Monterrey Saltillo es muy importante, porque une al noreste mexicano con el resto del territorio nacional. Y desde 1971, a esa porción que pasa por San Jerónimo, Garza García y Santa Catarina se llama Díaz Ordaz.

Recientemente la delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Trasportes del gobierno federal, inició los trabajos de construcción de un puente sobre la avenida Corregidora y Díaz Ordaz. Desde hace tiempo lo temía y en especial, porque hacer un trabajo de gran importancia, exigía sacrificios y problemas para todos aquellos que transitamos entre Saltillo, Villa de García, Santa Catarina, San Pedro Garza García y Monterrey. Pero “¡Oh sorpresa!”. No avisaron ni nos pusieron al tanto. Sin decir agua va, desde el miércoles 19 de septiembre comenzaron a delimitar y colocar anuncios entre las calles que cerrarán y modificarán para bien de los que transitamos la zona.

Recuerdo que entre 1998 y 1999, nuestras autoridades municipales acudieron de visita a Curitiba, Brasil, con la intención de estudiar la vialidad de la gran urbe sudamericana. Al menos de Santa Catarina acudieron representantes y es probable que también participaran de Monterrey, San Nicolás y de San Pedro Garza García. Ellos trajeron la idea de hacer “pasos a nivel”, más baratos, eficientes, efectivos, no quitaban el precio ni la plusvalía de los terrenos aledaños, en especial cuando hacían puentes o pasos deprimidos. Eran tiempos que consideraban a los puentes como obras sin trascendencia. Los “pasos a nivel” trabajaban a contraflujos, semáforos sincronizados, carriles exclusivos para camiones y taxis, tal y como si fueran relojitos y cronómetros bien afinados. Los trabajos se tardaron poco más de un año, desde Alejandro Páez hasta Humberto González Garibaldi en Santa Catarina.

Destruyeron los camellones en donde había cientos de árboles y habitaban especies de aves endémicas. Tiraron los muros de contención de la avenida y los puentes peatonales que quedaron obsoletos e inservibles para los constructores. Recuerdo que fue un año de tanto batallar y ahora nos dicen que es necesario y urgente construir un puente entre Corregidora y Díaz Ordaz. Aplaudo la decisión y la inversión. Claro que se requiere, pero dejaron al Seminario de Monterrey, a las colonias Valle del Seminario, Lucio Blanco y Luis Echeverría incomunicadas y a las dos clínicas del IMSS sin posibilidad de accesos rápidos.

Es lamentable, pero quienes nos gobiernan, no programan obras. Las hacen al final del trienio o del sexenio. Si los puentes en Madero y Díaz Ordaz, los Treviño, la Fama y Corregidora se hubieran hecho entre 1998 y 1999, no estaríamos sufriendo por éstas vialidades obstruidas y sin vías alternas, porque a decir verdad, no las hay. Pero en fin, con paciencia y alegría, tendremos puente en marzo del 2013.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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