A diferencia de Sabinas Hidalgo, en Santa Catarina no tenemos tantos míticos y gloriosos barrios como el del aguacate, el de la carretera y el dólar solo por mencionar algunos de ellos. En Santa Catarina solo había tres zonas surgidas a raíz de la traza urbana en 1844: de cuatro calles entre oriente y poniente y de 17 callejones entre sur y norte, con una calle central que en su tiempo quiso ser la actual de Corregidora. A decir verdad, solo existían tres barrios: el del centro alrededor de la plaza principal, el templo parroquial y la presidencia municipal. El barrio de abajo conocido como el Bolsón, situado más allá de la calle Guerrero con rumbo al Molino y el barrio o sector de arriba, de Corregidora rumbo al sur.

Por razones prácticas, la calle de Monterrey se convirtió en la principal cuando el camino a Saltillo se modificó y pasó por el centro de Santa Catarina en 1844. Originalmente se recorría el tramo correspondiente a las actuales avenidas Clouthier y Luis Donaldo Colosio cercanas al cerro de las Mitras. La entrada a Santa Catarina estaba a la altura de donde está el panteón municipal llamado de San Juan. Se recorría por unos campos y terrenos de siembra correspondientes a la antigua hacienda del Molino. A la altura de prolongación Zaragoza y Colón se pasaba por un puente de piedra y se accedía por Zaragoza y Vidaurri, camino rumbo al sur se llegaba a la plaza principal.

El nuevo trayecto, en lugar de seguir por la ladera de las Mitras, recorría un camino entroncando las antiguas haciendas del padre Guerra, hoy la Leona, la de Abregos hoy la Fama, Los Treviños y los Arredondo para entrar a Santa Catarina que precisamente surgió en 1577 como punto de enlace y comunicación entre Saltillo y Monterrey. Por ello a esta calle le llamaron Monterrey o camino de los Saltilleros y desde 1910 le impusieron el nombre de Manuel Ordóñez cuando falleció el ilustre ex alcalde y comerciante de la localidad.

Desde entonces, esta vía separó el sur con el norte. La primera correspondía desde Corregidora hasta la Sierra Madre con todo y los poblados situados allende al cañón y la Ventana, con la haciendas de los Buentellos, la Banda y el sector sur del casco viejo en donde la calle Colón terminaba en Galeana, Zaragoza en Abasolo y la de Hidalgo si seguía hasta la Huasteca. De Manuel Ordóñez hacia el norte: la calle Hidalgo terminaba en donde estaba el colegio de Niñas, de ahí procede el nombre; Zaragoza, Colón y Constitución completaban hasta entroncar con la antigua hacienda del Molino. Esa zona estaba delimitada por una depresión a la que llamaba el Bolsón. Entonces el sur comprendía desde Guerrero hasta 5 de mayo, un sector centro no mayor de dos cuadras a la redonda de la plaza y el sur o de arriba desde Corregidora hasta las estribaciones de la Sierra Madre.

A partir de 1960, se poblaron otros sectores como el de Morelos al oeste con rumbo hacia el cerro de la Santa Cruz y en ellos aparecieron nuevas calles como la Primera y la Segunda Avenida, la 10 de mayo, Santa Anita y Santa Cruz. Por el sur, en los alrededores de la Casa del Campesino surgió un barrio llamado de muchas formas: del campesino, de la sierra madre pues ahí muchos vecinos que llegaron de ranchos y poblados situados en la sierra hallaron un solar para habitar y hasta le decían el barrio del Pujido, porque al estar cerca de la montaña, iban cuesta arriba para acceder con puros pujidos y cansancios.

Propiamente no había barrios o sectores plenamente identificados y en consecuencia, los santacatarinenses se dividían entre los de arriba y los de abajo. Los de abajo residían preferentemente en el Bolsón y en el Molino, al cual llamaron también del rastro porque el local para el sacrificio de animales y aves estaba en ese lugar. Conviene aclarar que esa diferencia no era necesariamente social, más bien pertenecía a ubicaciones de las dos zonas. Aunque a decir verdad, los más ricos del pueblo habitaban en las manzanas cercanas a la plaza principal de Santa Catarina.

Es curioso el hecho de que en ambos sectores, había habitantes que compartían los mismos apellidos y pertenecían a las mismas familias, no obstante se veían con cierta rivalidad. Por ello, en el norte no querían a los del sur en especial cuando éstos iban a buscar a las muchachas más bonitas de Santa Catarina que vivían en ese sector como las de Luna, las Ayalas, las Guerras, las Martínez, las Jiménez, las Treviño, las Garcías, las Buentellos y las Villanuevas. Los del sur laboraban en los temporales, haciendo piloncillo o en la ordeña de vacas y cabras, con las que hacían quesos y vendían la leche para la elaboración de dulces de leche mientras que los del norte en el Lechugal y cañón adentro. Cuando se instalaron las fábricas, todos ellos se sumaron a la fuerza laboral.

No hubo barrios y los pocos lugares que lo parecían, se diluyeron cuando se instalaron colonias, como la López Mateos, Protexa, la Industrias, las Sierras y la Aurora, como más antiguas y luego la Infonavit Huasteca, fraccionamiento el Molino, Nueva Santa Catarina, las dos Santa Marthas y la Lázaro Cárdenas. Luego más allá de sus linderos surgieron más fraccionamientos y colonias que todas suman algunas 250.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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