(a mi amigo Nacho Zapata, quien entendió el misterio de la participación social)

Nuestra realidad en el mundo en el cual nos movemos y existimos, se nos presenta con varias oportunidades, características y rasgos que nos ayudan a fomentar un ambiente más justo, pleno y humano en la sociedad en la cual estamos inmersos. Todo lo que daña a la dignidad de la persona, son injusticias que claman al cielo indudablemente. Y solo aquellos que no les importa lo que sucede a su alrededor no quieren verlo. Padecemos signos evidentes de injusticia, pobreza y desigualdad. Hoy en día, los obreros exigen no ser tratados como objetos, sino como personas que tienen injerencia en los sectores económicos y sociales, en la vida pública y en la cultura. Y lo mismo sucede con los pueblos indígenas, con los campesinos, los desposeídos, los maestros y todos aquellos que con su mano y mente construyen un espacio más digno y equitativo para todos. De hecho, tanto los obreros como la empresa misma, deben participar en aspectos como el arreglo de los conflictos laborales. En caso de problemas en torno a la relación entre empleados y empleadores, debe predominar el diálogo y si la situación no mejora, pues entonces pueden hacer uso de una huelga.

Las personas que trabajan en una empresa, deben participar en la toma de decisiones de la misma. Se recomienda que se organicen en asociaciones que aseguren el beneficio de todos los que están involucrados, con la finalidad de fomentar la responsabilidad de los obreros y de los empleados, además que los hará sentirse parte activa del progreso económico y social, tanto de la empresa como del bien universal.

Así como los obreros deben estar organizados, los ciudadanos deben estar integrados a sus comunidades políticas, con la intención de participar activamente en ella, gestionando los asuntos públicos y eligiendo a sus dirigentes; pues el voto es un proceso eficaz para promover el bien común. Como ciudadanos responsables, no debemos esperar todo del estado ni tampoco evadir el papel que nos toca desempeñar en la comunidad política. De igual forma, la presencia de la mujer en la vida pública debe darse de manera clara y operante, testificando la conciencia de su propia dignidad.

El ejercicio del poder público debe estar reglamentado por estatutos y leyes que permiten una repartición oportuna de las funciones y de la participación en los órganos de poder. Hay que señalar la importancia de la formación y educación cívica y política de todos los ciudadanos. Pero en especial de nuestros gobernantes y servidores públicos.

La mayoría de los países ya consiguieron su libertad o están a punto de hacerlo. Los hombres y mujeres son en la mayoría de los casos, ciudadanos de un estado autónomo, democrático e independiente o están por serlo. Pero continuamente escuchamos que México es una democracia en transición y con ello justifican la existencia de vicios y abusos de quien detentan el poder o sirven en él.

Hay que puntualizar que todos somos iguales en razón de la dignidad de nuestra naturaleza humana y porque somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza. Esto nos da conciencia de nuestras propias obligaciones y de nuestros derechos. Por ello, los cristianos deben mostrar sentido de responsabilidad y de consagración al bien común, para armonizar autoridad de quienes la ejercen y la libertad de quienes vivimos en esa sociedad.

Cuando en las relaciones de convivencia humana se ponen términos de obligaciones y derechos, los hombres se abren al mundo de los valores espirituales, como la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Y es cuando nuestra realidad se impregna de los valores últimos, aquellos que nos hacen más humanos y más personas. Esto nos da conciencia de pertenencia e identidad con el mundo en el que vivimos, mediante la unión de razas, pueblos y naciones.

La persona debe entender lo siguiente: la sociedad está constituida por una doble realidad, una de índole humano y otra por la parte divina. Por designio absoluto, todo está convenientemente repartido: los derechos de los ciudadanos permanecen intactos y además por las leyes divinas, naturales y humanas, los deberes de cada quién están debidamente señalados y su observancia estará oportunamente sancionada. En todas ellas encontramos notas que hablan de la promoción de los derechos más representativos del ser humano: salud, educación, satisfacción de necesidades, entre otras. Todos los hombres de buena voluntad, entienden ésta vida como una peregrinación a la patria eterna; saben que tienen a mano guías que los ayudarán a llegar y a conservar la seguridad, la propiedad y los bienes de que consta esta vida social.

Las autoridades deben elegirse por los ciudadanos que no deben negarse a su obligación de constituirlas. Todos debemos participar en las elecciones como obligación ineludible que tenemos para elegir a nuestros gobernantes. La sociedad civil y la política son dos realidades complementarias. Es la acción y la participación de la sociedad civil organizada para alcanzar el bien común. Actualmente vemos algunas intenciones cada vez mayores, de la sociedad civil que se interesa por los asuntos políticos.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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