Los libros proféticos conforman un núcleo importante en la Biblia. Para efectos didácticos se dividen en profetas posteriores y los anteriores. Entre los primeros están Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas que van desde Oseas hasta Malaquías, incluso Daniel. Entre los segundos están Josué, el libro de los Jueces, Samuel y el libro de los Reyes. Estos abarcan desde el siglo VIII antes de Cristo hasta la etapa postexílica. En los libros proféticos encontramos información muy valiosa en torno a las condiciones sociales y política de cada etapa determinada. A decir verdad, se consideran profetas principales Isaías, Jeremías y Ezequiel. Los textos proféticos tratan desde narraciones biográficas al igual que la interpretación de sus propios oráculos. Ya en el momento de la trascripción literaria, las revelaciones divinas fueron reinterpretadas de acuerdo a las nuevas circunstancias vigentes. Por el material tan rico en imágenes y presagios enigmáticos, trataré a Ezequiel en forma particular, en especial por la forma en que Dios le habló y se dirigió a él, dándole mensajes a través de visiones cargadas de signos y referencias misteriosas, de tal modo que San Jerónimo lo llamó "mar de la palabra divina" y "laberinto de los secretos de Dios".

Dios encargó a Ezequiel criticar la maldad y la idolatría tan recurrente en el pueblo de Israel. Ezequiel por su parte, descalifica a los falsos profetas y enumera los pecados que el pueblo de Israel ha cometido en contra de Yahvé a lo largo de su historia. Por ello justifica el obrar de los babilonios, el pueblo en donde se hallaba deportado el pueblo de Israel; quienes esgrimirán la espada de Dios para hacer cumplir su justicia y en consecuencia muchas naciones deberán sufrir. Ezequiel vio cuando el pueblo de Israel cayó, pero también se recuperó. Yahvé anuncia que el pueblo resurgirá y en el cual volverá a gobernar la estirpe de David. En forma paralela coincide con la caída y la reconstrucción del templo de Jerusalén. Presenta sus profecías en muchas imágenes, lo cual provoca diversas interpretaciones, como por ejemplo, en el capítulo 1 describe al carro de Yahvé al cual confunden con un platillo volador.

Ezequiel fue un sacerdote exiliado en Babilonia en donde ejerció su ministerio entre los años 595 y 570 antes de Cristo. Literalmente su nombre en hebreo significa “Dios fortalece”. Fue contemporáneo de Jeremías, Daniel y Esdras. Estuvo casado, fue hijo de Buzi, a los 30 años fue llamado por Dios para servirle como profeta en medio de problemas y de atribulaciones que su pueblo padecía a causa de vivir en el destierro. Ezequiel recibió de la mano de Dios el mensaje y el libro con el contenido a transmitir y lo que debe predicar (2, 1-3, 15).

Es interesante la lectura de sus textos, considerando que en ese tiempo cuando se hallaban fuera de Palestina; el pueblo de Israel no perdía la esperanza y buscaban consuelo en los profetas. En una etapa en la cual aparecían los falsos profetas quienes los engañaban al anunciarles el retorno a la Tierra Prometida. Muchos perdieron la fe y se entregaron a la desesperación. Por ello, Ezequiel llamaba a su pueblo para el arrepentimiento y les advertía que no cayeran en la idolatría, la corrupción, las malas costumbres y las falsas esperanzas del regreso a Jerusalén.

Como profeta, Ezequiel anunciaba la restauración del pueblo de Israel después del cautiverio y del nuevo reparto de la Tierra Prometida entre las doce tribus. Son tiempos de guerra y Dios puso al profeta como centinela para dar la voz de alarma ante el peligro. En consecuencia, Ezequiel carga con la responsabilidad del pueblo entero. Con su palabra y con su silencio, Ezequiel advirtió de las consecuencias de Israel por su actitud rebelde y su continua actitud hacia el pecado. Pecado es la ofensa a la santidad de Dios y la transgresión a las órdenes sagradas. Para descubrir y denunciar el pecado, el profeta dispone de una serie de criterios que le ofrece la tradición sacerdotal a través de los mandamientos de la Ley. Así, los mandamientos eran dados y recibidos como señal visible de pertenencia hacia Dios.

Ezequiel cargaba a cuestas los problemas de la comunidad desterrada por Dios y por eso responde al pueblo: “el que muera, será por su propia culpa...”(Ez 18,3-4). Trata de la responsabilidad y libertad personales y por otra, emite juicios globales y de grandes secuencias históricas. A Ezequiel se le conoce como el “Padre del Judaísmo”, por que inspira y orienta con su visión sacerdotal al futuro de Israel, la resurrección posexílica y la existencia ulterior del pueblo judío como pueblo elegido por Dios. Ezequiel es un profeta que nos habla en éstos tiempos de lo que Dios quiere de nosotros. Conviene su lectura en éstos tiempos cargados de falsas expectativas y de tanta información negativa que atenta con el porvenir de todos.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales