Son raras las personas que tienen el don de profecía y por ello pueden predecir los acontecimientos venideros. Por ejemplo, hace ya tiempo fui a comprar una cenas para mi familia, mientras aguardaba, llegó una jovencita y también esperó su entrega. Decidí cederle mi turno para continuar la plática con el propietario del negocio. Al recoger su cena se marchó y en eso me dice el dueño, “esa joven sabe cuándo, donde y en qué circunstancias te vas a morir”. Me sugirió hablar con ella, cosa a la cual me negué. Obviamente algún día nos llegará la muerte, más no sabemos cuando ésta ocurrirá y mucho menos me interesa saber cuando ocurrirá la mía.

En otra ocasión, de visita en Coyoacán en la ciudad de México, vi a un supuesto vidente a quien atendía a un buen número de paseantes a los que leía su mano. Me animé a hacer fila y en efecto, supo cosas que ya sabía y como buen observador me dijo cosas que yo quería o necesitaba saber. Debo reconocer que casi le atinó a la mitad de lo que me dijo. Lo raro es que no cobraba. Supuestamente quien ostenta un don sobrenatural, por ser un regalo divino no debe percibir un pago, excepto la propina voluntaria de quienes lo consultan.

En la mitología griega tenemos el caso de un joven doncella llamada Casandra quien estaba al servicio del dios Apolo, hija de los reyes de Troya. A cambio de una noche de pasión, Casandra pidió a Apolo el don de la profecía. Una noche, mientras dormía en el templo, llegaron unas serpientes que le limpiaron los oídos. Desde entonces, adquirió el don de ver el futuro. Cuando debía favorecer al dios, Casandra rechazó tener relaciones carnales con Apolo. Esto trajo la ira de Apolo quien escupió a Casandra en la boca. Por esta venganza, seguiría con su don de predicción, pero nadie le haría caso. Por ejemplo, Casandra supo de la caída y derrota de Troya pero nadie le creyó. En lugar de ser un privilegio divino, su problema se convirtió en fuente continua de dolor y sufrimiento. Por sus continuas ocurrencias y por la cualidad de entender el lenguaje de los animales, la gente pensó que estaba loca y por ello la mantenían encerrada en su casa.

Cuando fue el saqueo de Troya, Ayax vio a Casandra oculta bajo un altar dedicado a la diosa Atenea. Ella se sujetó fuertemente a la escultura, por lo que Ayax la violó en ese momento. Por eso cuando Ayax se fue a la mar, su barco fue hundido por el dios Poseidón, quien supo del ultraje perpretrado al altar de Atenea. Finalmente Casandra fue llevada a Micenas en donde estuvo al servicio del rey Agamenón, a quien previno de no pisar una alfombra morada dedicada a los dioses. Agamenón no le dio importancia a ese hecho pensando era una superstición pero al poco tiempo perdió la vida.

Entre los griegos existían las profetisas llamadas Síbilas, capaces de conocer el futuro. El nombre viene por una joven llamada Sibila, hija de Dárdano y Neso. Otras fuentes señalan que en realidad era hija de Zeus y de Lamia, hija de Poseidón. Desde entonces se llaman así a todas las mujeres que ejercieron esa capacidad de profetizar. Las síbilas tenían su morada en las grutas o cerca de corrientes de agua. Cuando tenían una visión entraban en trance, luego escribían sus mensajes en hexámetros, quienes eran interpretados por los ciudadanos. Muchas veces por el carácter ambiguo de los mismos, pensaban cosas distintas en torno a las profecías.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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