De acuerdo a un mito muy antiguo, un rosal floreció debajo del árbol del bien y del mal en el Edén, en donde nació un ave de bello plumaje y de canto singular. Esta ave no quiso probar de los frutos del mítico árbol que provocaron el pecado de Adán y Eva. Cuando el arcángel Uriel los expulsó del paraíso, cayó una chispa sobre el nido y el ave se quemó al instante. El ave tuvo la facultad de resurgir de sus cenizas, repleto de un plumaje rojo y con cuerpo dorado.

En consecuencia, por no probar del fruto prohibido, Dios lo premió con la inmortalidad y la sabiduría contenida en el árbol del bien y del mal. Por eso todos aquellos que buscaban el tesoro de la sabiduría y el conocimiento ancestral perdido, recurrían a su imagen para recuperar el conjunto de saberes perdidos de la antigüedad. De igual forma, pensaban que sus lágrimas curaban todo tipo de enfermedades.

En la mitología egipcia, el ave Fénix representaba al sol, el astro rey que muere al anochecer y renace con el amanecer. Hesíodo y Herodoto tenían la creencia en torno a la existencia de un ave con hermosas alas rojas a la cual llamaron Phoenicoperus. El nuevo Fénix renacido, acumula todo el saber obtenido desde sus orígenes y con ello comienza un nuevo ciclo de regeneración en la naturaleza. Los primeros cristianos, influidos por los relatos de pueblos paganos, hicieron de esta singular criatura un símbolo viviente de la inmortalidad y de la resurrección.

Otro símbolo vinculado al ave Fénix es el de la esperanza, que nunca debe morir en el hombre. También los árabes creían en la existencia de una ave, capaz de revivir de sus cenizas, quien habitaba cerca de un pozo de aguas frescas y se bañaba todos los días entonando una melodía tan bella, haciendo que el dios del Sol detuviera su carro para escucharle. Los pueblos mesoamericanos lo confundían con el quetzal.

En algunas leyendas, el Fénix realizaba su rito de regeneración vital cada 100, 500 o más años. El rito sacrificial iniciaba cuando el ave preparaba una pira funeraria en su propio nido. Luego colocaba incienso y otras plantas aromáticas. Entonces comenzaba a cantar con el más bello de los cantos para prenderse fuego a sí mismo hasta morir, luego a los tres días resurgía de sus cenizas.

El ave Fénix es una ave rara. Solo hay una de su especie, cuya forma de reproducción, es precisamente, el renacimiento a través de la muerte, del que también es símbolo de aquello que renace de sus propias cenizas y de la destrucción. Un ejemplo verdadero de esperanza. Tiene que morir para poder vivir. Por eso para los cristianos, el Fénix es la oblación del pastor que se hizo cordero para resurgir a una nueva vida. Indudablemente que el ave Fénix, es igual a la quimera y al unicornio. Símbolos mitológicos que nos hablan de la esperanza y del resurgir a través de los problemas que se nos presentan. Y en su honor, la capital del estado de Arizona se llama Phoenix en su honor.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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