En el medio cultural regiomontano, como en el resto de las demás regiones de nuestro país, somos muy dados a clasificar a las personas de derecha, de izquierda o de en medio. Los de derecha están más bien relacionados con el liberalismo económico que pregona la supremacía del mercado basado en la oferta y la demanda, así como también a quienes simpatizan y forman parte de la iglesia militante. Curiosamente también se considera liberales aquellos que están en contra de las propuestas empresariales como de la iglesia.

La izquierda regularmente la relacionamos con los simpatizantes del socialismo y ahora con aquellos a quienes consideramos populistas, mientras que los del centro, por moderación y prudencia se sitúan en ambos puntos como una forma de conciliar la libertad del mercado, con la irrenunciable responsabilidad del estado en proteger a los más necesitados y a promover las condiciones de igualdad, educación, salud, vivienda y trabajo para todos. Es probable que esa clasificación de izquierdas y derechas tenga que ver con los tiempos del protectorado inglés de Oliverio Cromwell[1], cuando en el parlamento se sentaba en la derecha a quienes estaban a favor de las propuestas del gobernante en turno, en la izquierda a quienes estaban en contra y en medio a los que se iban de acuerdo a la corriente.

En ese sentido bien podría ser catalogado de derecha, pues mi madre fue militante apasionada del PAN, acudía a la Acción Católica de mi parroquia y era una admiradora de la obra y figura de don Eugenio Garza Sada. Ella nos llevaba a las campañas políticas cuando estudiaba la secundaria entre 1977 y 1980. Recuerdo que junto con un grupo de señoras, andaban con todo para que no llegara a la gobernatura del Estado don Alfonso Martínez Domínguez en 1979. Ahí me tocó conocer a José Ángel Conchello como abanderado albiazul, una persona decidida, franca, echado para adelante como se dice en nuestros pueblos. Obviamente como todos sabemos, don Alfonso llegó a la gobernatura en ese año para continuar en el cargo que dejaba el Dr. Pedro Zorrilla Martínez.

Me llamaba la atención el origen del apellido Conchello. Gracias a la gentileza de mi amigo el genealogista Raúl Ricardo Palmerín, quien localizó el acta de nacimiento del personaje en cuestión. Ahí se señala que José Ángel Conchello nació el 17 de noviembre de 1913 en la ciudad de Monterrey, cerca del barrio del Mirador, cuando su padre, el industrial llamado Andrés Conchello Mesaguer, de 44 años de edad, originario de Valdesrobles, España, llevó a registrar a un niño al que pusieron por nombre José Ángel, su segundo hijo y de su esposa Clotilde Dávila, de 26 años de edad, originaria de General Terán, Nuevo León. Vienen los nombres de sus abuelos paternos Santiago Conchello y Agustina Meseguer y maternos Andrés Dávila y Eustolia Rodriguez.

José Ángel Conchello se graduó como abogado en la UNAM, con estudios de posgrado en Canadá y sirvió como tal a grandes firmas empresariales de Monterrey. También ejerció la docencia en la escuela de periodismo Carlos Septién García y en la Universidad Iberoamemericana. Desde muy joven se sintió atraído por la búsqueda del bien común y se afilió al PAN en 1947, cuyo fundador venía mucho a Monterrey pues servía como abogado del otrora llamado Grupo Monterrey, don Manuel Gómez Morín. Eran tiempos en que los panistas no ganaban las elecciones, pero fortalecidos en el empeño de construir un México mejor y una patria ordenada, digna y generosa, sacaban muy apenas las campañas electorales. Tiempos de Antonio L. Rodríguez, Alberto Fernández Ruiloba, Pablo Emilio Madero, Pedro Reyes Velázquez y de otros más cuyos nombres se diluyen en el tiempo y que vale la pena recuperar porque fueron golpeados, humillados y hasta muertos con la intención de ganar confianza entre el electorado.

Conchello con terquedad y aguante, llegó al congreso de la Unión en tres ocasiones: 1967, 1973 y 1985. Quiero suponer que sus empleos como diputado federal lo llevaron a instalarse definitivamente en la ciudad de México, pero sin olvidar sus querencias regiomontanas. Entre 1972 y 1975 fue presidente nacional del Partido Acción Nacional. También formó parte de la Primera Asamblea de Representantes de la Ciudad de México en 1988 a 1991 y electo senador en 1994.

A Conchello le tocó dirigir el PAN en medio de controversias. El encabezó un grupo llamado pragmático, confrontado a su vez con otro liderado por Efraín González Morfín, quien buscaba no participar en las elecciones de 1976 para no dar legimitidad al proceso electoral que llevó finalmente a la presidencia de la República a José López Portillo. Con el correr del tiempo, Conchello también confrontó a Luis H. Alvarez y a Carlos Castillo Peraza, quienes mantenían una cercanía cooperacionista con Carlos Salinas de Gortari. Hubo una corriente llamada forista que estaba en contra de ello, entre los que destaco a Pablo Emilio Madero quien finalmente renunció al PAN. En cambio Conchello se quedó en su casa.

Con la valentía y honestidad que lo caracterizaron, Conchello advirtió en su tiempo de las intenciones para desaparecer la famosa isla Bermeja en el golfo de México. Con ello, México perdió millas náuticas y redujo su extensión en una zona repleta de yacimientos petroleros. Al igual que fue un acérrimo opositor del sistema del Fobaproa y del sistema de las Afores. Siendo senador, murió en un accidente automovilístico el 4 de agosto de 1998. De manera póstuma, le fue entregada la medalla Belisario Domínguez que otorga el Senado de la República a sus hijos ilustres, en representación de su viuda Otilia Román el 7 de octubre de 1998.

Pablo Emilio Madero comentó acerca de su muerte, como una gran pérdida para México, porque fue un defensor de la soberanía nacional y un luchador honesto y congruente con sus principios. En éstos tiempos, hacen falta hombres como Conchello, pues luchó con energía para la construcción de un México mejor.

[1] Oliverio Cromwell (1599-1568) fue un estadista británico que dirigió la oposición puritana en el parlamento en 1640, siendo más adelante el caudillo de la revolución contra Carlos I en 1649 y por ello fue nombrado Lord Protector contribuyendo al poderío inglés en el siglo XVII.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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