Amparados por una supuesta profecía maya, el mundo acabará el 22 de diciembre del 2012. ¿Y quienes lo pregonan? Astrólogos, adivinos y supuestamente hombres dedicados al quehacer científico, participando en los medios de comunicación anunciando el fin del mundo y en consecuencia de la vida. Si el 22 de diciembre de 2012 no pasa nada, entonces debemos debemos preocuparnos por las nuevas predicciones y el temor que algunos provocarán entre muchos. Tal vez porque lo importante sea mantener ocupados y tranquilos a los cada más pobres y desposeídos de la tierra. Y por esa calidad, siempre vulnerables a las calamidades de la destrucción.

Las profecías sobre el fin del mundo no son nuevas. En uno de los pasillos de la gran pirámide de Keops en Egipto, está representada una cronología que dirige el 20 de agosto de 1953, cuando aparentemente surgió la nueva era de acuario y concluyó la de piscis, al igual que el cese al fuego entre las dos Coreas, dando origen a la llamada guerra fría. Según un jeroglífico situado en una de las cámaras de la gran pirámide, el día final llegaría el 17 de septiembre del 2001. Nada pasó. Luego los profetas se dedicaron a señalar el inicio del año 2000 como fatal, pues traería innumerables problemas. Para otros, el gran libro de la profecía anunciada está en el libro del Apocalipsis atribuido a San Juan. Otros se basan en las visiones y profecías de Nostradamus.

Decían que en 1950 harían estallar la gran bomba atómica. También pronosticaron de que algo malo ocurriría en 1962 debido a la conjunción de ocho planetas del sistema solar. En 1982 se decía había nacido un niño en el hospital de ginecología del IMSS en Monterrey. Cuando una enfermera lo bañaba le dijo que estaba muy feo, supuestamente el bebito habló y le sentenció que más feo iba estar el día 24, no recuerdo a que mes se refería, pero tampoco nada sucedió en los días 24 de los 12 meses de 1982. Hay quienes argumentan que la fecha del día en el calendario maya se señala debido a que no había más espacio para contabilizar o pronosticar otras fechas.

Lo cierto es que el fin del mundo nos lleva a replantear más bien distintos significados y no tomarlos tan literalmente. En uno de los episodios de los Simpson, Flanders tenía un refugio en donde se protegerían de los efectos de un choque de un meteorito. Flanders cuando vio que ya nadie cabía en él decidió salir a esperar el infortunio, mientras cantaba la canción de Doris Dey “Que será”. Es más, yo conocí una solar en Icamole, Villa de García, Nuevo León donde su propietario mandó edificar una casa en la que se pudiera vivir sin temor alguno. Lamentablemente su dueño no pudo ver su obra pues murió al poco tiempo. No faltará quien mandó hacer una especie de arca para salvarse en caso de una gran inundación.

Ahora, considerando que los mayas fueron una gran civilización, muy dada a la astronomía y en efecto, pudieron descifrar el día fatal. ¿Y si no pasa nada dentro de un año? Pues bueno, lamentaremos el fin de la civilización maya y diremos que por eso desapareció enigmáticamente, pues no fueron lo suficientemente buenos como para predecir su final.

El vocablo profeta viene del latín propheta, a su vez derivado del griego prophetés cuyo significado tiene con aquel que habla antes o pronostica algo. Su equivalente hebreo es nabi que significa portavoz. Originalmente los profetas eran portadores de la voluntad divina y en la mayoría de los casos, para mostrar su cualidad, debían predecir el futuro. En la historia de Israel, los profetas cumplían una vocación social. Los profetas fueron individuos que hablaron y actuaron en nombre de Dios. Su función consistía en mantener una relación correcta con Dios y fortalecer esa relación con sus palabras y sus actos. En el antiguo Testamento vemos profetas al servicio del templo, otros como asesores y confidentes del rey y otros retaban el poder religioso y civil con la intención de hacerlos regresar por la senda de la salvación. Para los hebreos y cristianos, el profeta es el portador de un mensaje de Dios a los hombres y para ello puede revelar o pronosticar el futuro. Para los musulmanes, la función del profeta es sagrada, pues profeta es el epíteto que acompaña siempre el nombre de Mahoma

En la historia de las civilizaciones, vemos la existencia de personas que tenían una vocación similar a la de profeta, ya sea como videntes y adivinadores, interpretando los oráculos a través de sueños, visiones y trances. En el cuento egipcio de Wen-Amón del siglo IX antes de Cristo, narra la vida de un joven quien en una ceremonia sacrificial, trasmitió el mensaje de una deidad que lo había poseído. En Grecia los profetas eran los intérpretes de las pitonisas y descifraban el sentido de sus gritos y gemidos, entre los cuales encontraban un mensaje expresado en un lenguaje enigmático y a la vez ambiguo.

Para los expertos en el tema, el 2012 será el año de la catástrofe económica mundial y la veremos reflejada en la muerte, el hambre, epidemias, desempleo, guerras y ocupaciones militares, el calentamiento global y sus efectos en fenómenos naturales. En la otra cara de la moneda, veremos como los grandes grupos que controlan la economía global se harán más ricos y en México, como es año electoral, la obra y la asistencia pública será irrelevante en comparación con el derroche presupuestal repartido entre los partidos y cadenas de medios de comunicación. Porque en el 2012, tendremos nuevos alcaldes con sus respectivos cabildos, senadores y diputados y hasta nuevo presidente de la república.

Para la Iglesia Católica, (CEC 2771 y 2772) la escatología trata del fin de los tiempos y por ello en la Eucaristía se reza por el fin venidero, al cual relacionan también con los tiempos de salvación que comenzaron con la venida del Espíritu Santo y terminarán con la segunda venida de Cristo. De ahí brota una esperanza, un tiempo de paciencia y de espera y vivir como hijos de Dios (1 Jn 3,2).

En efecto, Dios puede revelar el porvenir a sus profetas y a sus santos. Por ello nosotros como cristianos debemos esperar y entregar nuestra confianza a la Providencia en cuanto al futuro que aun no llega y abandonar toda curiosidad hacia las predicciones y profecías respecto al fin del mundo. Recuerdo gratamente las clases del padre Juan José Hinojosa, cuando nos decía que el fin del mundo ocurriría cuando todos conocieran el evangelio. Si consideramos que solo una cuarta parte de la población mundial profesa la religión cristiana, pues entonces falta mucho para que se acabe el mundo. También se dice que el mundo se acaba para quien se muere. Yo no lo creo, pues tenemos la confianza en la resurrección de los muertos y en la vida futura. Yo les deseo a todos Ustedes, un Excelente y feliz año. ¡Que todos sus sueños se cumplan! Y que todos Ustedes vivan el presente con alegría y felicidad.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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