La devoción a la morena del Tepeyac en Higueras es muy antigua. El primer indicio a su devoción de la Guadalupana, está en el testamento de Diego González en septiembre de 1728, al declarar que tenía en posesión un retablo de nuestra señora de Guadalupe. De igual forma sabemos que cuando Marín se convirtió en municipalidad, los vecinos juraron mantener el culto como patronos a San Antonio de Padua y a la virgen de Guadalupe. En el testamento que otorgó su hija María Teresa González el 19 de junio de 1754 se menciona la existencia de una capilla en la hacienda que: "se compone de adorno necesario, de su ornamento con su alba, un incensario con su naveta de metal; un lienzo grande de Nuestra Señora de Guadalupe y un frontal de bastidor, un acetre de cobre con su hisopo, unos manteles, un misal nuevo, dos candeleros, unas crismeras de plata, un rudal de plata por dentro con humo de oro, una cruz de plata hueca para el Santo Oleo".

Israel Cavazos señala que tuvo un sacerdote de planta llamado José Antonio de Almandos, originario de Monterrey, a quién el obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada lo nombró responsable espiritual del Valle del Carrizal. Sabemos que mandó construir la capilla de Higueras y que sostuvo por muchos años el esposo de la señora Teresa, don José Salvador Lozano. Lamentablemente la vicaría no persistió: la capilla se arruinó, por lo que el obispo pidió se edificara una nueva en Ciénega de Flores, pero no se consiguió levantarla. Pasó a Salinas, en donde falleció el padre Almandos en 1757.

Muchos años después, Higueras quedó como parte del curato de Marín. Cuando los vecinos de la hacienda de San Antonio de los Martínez pidieron su erección en villa, también solicitaron el establecimiento de una parroquia dentro de su jurisdicción. A principios de 1804 quedó constituida la nueva parroquia que comprendía los poblados de los Martínez, Santa Elena, la Acequia, Ciénega de Flores, Anteojos, Agua Negra, la Casita, Papagayos, el Castillo, Guadalupe, el Orégano y la Hacienda de Higueras.

El templo fue concluido en 1854. Sobre el altar mayor del templo existe una viga con esa inscripción. Una de las preocupaciones del primer ayuntamiento fue la del mantenimiento y la conservación del templo, pues la vida social se centraba en torno al mismo. Por ejemplo, el 15 de septiembre de 1863, el ayuntamiento acordó la realización de las fiestas en honor a la virgen de Guadalupe con corridas de toros y demás diversiones de costumbre.

Para 1868 el templo era atendido por un vicario llamado Félix Vargas, quién se dedicó a trabajar y apoyar a las obras del pueblo. Un informe del ayuntamiento, argumentaba la carencia de la casa consistorial, escuela y cárcel municipal por falta de dinero, por lo que pidieron a un grupo llamado "La Hermandad del Templo", la cantidad de 200 pesos para cubrir con los gastos de las autoridades. En ese entonces el templo tenía la categoría de viceparroquia y dependía del curato de Marín.

El ayuntamiento informó en 1875: "Hay en ésta municipalidad un templo católico en donde concurren todos los cristianos a hacer oración a Dios, no hay sacerdote diario y solo visita éste templo el cura de Marín cuando se lo permiten sus ocupaciones, no siendo dilatadas sus visitas, según la costumbre que tiene establecido". Su construcción estaba valuada en poco más de mil pesos y fue costeado por donativos voluntarios de los habitantes y era el único en toda la municipalidad. Tres años después el templo tenía un costo de 2,500. Toda población era católica, pero en especial 150 filigreses que pagaban al cura de Marín por los bautizos, casamientos y otros actos religiosos.

Por cierto, las autoridades habían fijado una tarifa para el cobro del servicio del doble y repique de campanas durante los oficios religiosos. El dinero obtenido entraba a la tesorería municipal. La imagen de la virgen de Guadalupe es muy apreciada por los habitantes del valle del Carrizal de los Ayguales. Antiguamente se le trasladaba en procesión de Higueras a Marín tanto de ida y vuelta, implorando la lluvia cuando había fuertes sequías en la región. En enero de 1879 el templo fue saqueado sin saber quienes fueron los ladrones.

A un lado del templo se localiza la casa cural, construida con sillar. En su tiempo tenía su corral de tapias, un cuarto, la cocina, una noria, una cochera y servía de establecimiento público cuando no había sacerdote destinado al templo. Probablemente su construcción coincida con la del templo. El 16 de febrero de 1868, el cabildo estaba preocupado por conseguir a un preceptor para la educación primaria en el pueblo. Había mucho alumnado, no había un maestro de planta y la escuela era un local insuficiente, entonces se utilizó al curato como plantel. Se le pidió al padre Félix Vargas instruyera a los niños en el aprendizaje de lectura, gramática, castellano, geografía, principios de moral y doctrina, con un sueldo de 27 pesos mensuales, cantidad que sería pagada por los padres de familia, además de un ayudante para atender a los alumnos en un jacal contiguo al curato. Así el presbítero se convirtió en el director del “Establecimiento Público de Primeras Letras de Higueras”. Pero se presentó el problema siguiente. Para el 4 de abril de 1868, el padre Vargas había renunciado, porque llegaron quejas al cabildo, de que en lugar de impartir clases, les imponía labores particulares de limpieza, le tiraban la basura, regaban las caballerizas y le auxiliaban en sus compromisos del templo y del curato. Entró a substituirlo Francisco Villanueva, quién ya había ocupado el cargo anteriormente.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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