Cuando se fundó la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey el 20 de septiembre de 1596, a ésta se le asignaron como jurisdicción territorial, quince leguas por cada lado. Una legua equivale cinco kilómetros aproximadamente y esa extensión nos da a poco más de 80 kilómetros a la redonda, que comprende en la actualidad desde Monterrey hacia el poniente, hasta tocar la cuesta de los Muertos, al norte, pasando la cuesta de Mamulique; casi todo el cañón del Huajuco tocando Allende hacia el sur, al oriente pasando el pueblo de San Juan en Cadereyta Jiménez y al noreste hasta topar con la sierra de Picachos. Si nos atenemos a las primitivas leguas, toda la zona metropolitana y su municipios periféricos se ajustan perfectamente a ese cuadrado de 15 leguas.

Las tierras que actualmente corresponden a la municipalidad de Higueras, fueron mercedadas en 1641 al general Juan de Zavala, primo del entonces gobernador del Nuevo Reino de León, don Martín de Zavala. quién las utilizó para la cría de ganado mayor y menor. A la región se le conoce como paraje o puesto de las Higueras desde 1650. Luego en 1690 una porción de tierras se le mercedaron al alférez Marcos Flores. Posteriormente el paraje de las Higueras perteneció a una familia avecindada en la ciudad de México de apellido Alcocer. Luego pasaron en 1703 a Juan Díaz de Bracamonte y en 1705 fueron vendidas a Jerónimo Monterde y Antillón. A su muerte pasaron a su hermano Luis Monterde, quién finalmente las vendió a Diego González.

El 20 de mayo de 1714, el alguacil Manuel de Mendoza y el mayordomo de Luis Monterde y Antillón, Antonio Guardado; informaron que rentaban el agostadero compuesto de 50 sitios de ganado menor, en la hacienda de "ovejas que pastan" (sic) del paraje nombrado de las Higueras, al capitán Diego González quien habitaba esas tierras desde hacía buen tiempo.

Para el 5 de noviembre de 1715, Diego González hizo la petición de compra de dichos agostaderos al gobierno del Nuevo Reino de León, argumentando lo siguiente: "Capitán... vecino y criador y hijo de los primeros conquistadores deste reino... digo que soy, como llevo dicho, nacido y con los méritos expresados y haber servido a su Magestad desde edad de catorce años, hasta la edad presente de cincuenta años que a su Magestad he servido con mis armas y caballos, sin costo alguno de la real hacienda"

Don Diego solicitó dichas tierras argumentando que tenía mucha familia. El gobernador dispuso que se les notificara a los propietarios y el 8 de noviembre de 1715, los Monterde consintieron la venta del Paraje de las Higueras mediante un contrato de compraventa por 2,500 pesos oro. Concluidos los trámites, Diego González fue los terrenos ahora de su propiedad e hizo la señal de posesión de sus tierras, "en un campo frente al río y mirando a la punta de un encinal copudo que sale a un llano donde estaba una palma alta en el camino real que va de Nuestra Señora de Guadalupe y de dicha palma sale el lindero de éste arroyo que sale del camino real que está en el Arroyo de Ramos".

Acompañado por Juan Muñíz de Herrera, entonces alguacil mayor del Nuevo Reino de León, quien lo tomó de la mano y lo paseó por sus tierras en el paraje nombrado del Orégano, del camino que va hacia las tierras de Antonio Guerra Cañamar y Nicolás González sus vecinos y los linderos en el cual una palma forma una cruz y las demás tierras que están dentro de una merced. Arrancó zacate, cortó ramas y tiró piedras en señal de posesión.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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