Santa Catarina fue asaltada por un bandido conocido como “El Tuerto” Nevares en octubre de 1932. En periódicos de la época podemos encontrar las siguientes leyendas: “Irrupción vandálica en Santa Catarina”, “Con inconcebible audacia un reducido grupo de malhechores asaltó la cercana población”. “Los atacantes fueron rechazados por los vecinos”. “Tras el juicio sumario fue pasado por las armas un chofer que tomaba parte de la peligrosa banda”.

Todos éstos encabezados refieren al asalto que hizo una banda de forajidos el 5 de octubre de 1932 a la cabecera municipal. En los momentos en que llegaban los asaltantes, los habitantes terminaban con sus labores diarias. Serían como las 8 de la noche cuando se detuvo frente al palacio municipal, un automóvil con las cortinas caídas y cuyas placas eran 1143. Del interior bajaron 7 individuos embozados con unas bufandas y vistiendo más o menos con decencia.

Uno de ellos, -que parecía ser el jefe- penetró al interior del edificio y al poco tiempo, regresó con un policía que estaba encargado de la presidencia. El policía fue desarmado y lo amagaron para poder entrar al palacio. Después de robar algunas pertenencias de las oficinas del alcalde y de sus colaboradores, los bandoleros se dedicaron a capturar a cuanto vecino pasaba por la presidencia, logrando meter a la cárcel a cerca de 70 personas.

Después pasaron a los principales comercios de la localidad: las tiendas de don José María Guerra, don Norberto Ordóñez y don Manuel Garza; a quienes capturaron y solicitaron fuertes sumas de dinero. Por cierto, cuando se llevaron a don José María Guerra, salió su hermana Petra a defenderlo pero la golpearon y amenazaron de muerte. De los negocios se llevaron cerca de 3,000 pesos y mercancías diversas.

Por lo que el alcalde -quién se había librado de ser capturado- organizó una fuerza formada por vecinos, mientras que otros vecinos acudieron a la estación telefónica Erickson para pedir ayuda a Monterrey, ya que los teléfonos de la presidencia estaban en poder de los maleantes.

Los vecinos llegaron a agruparse en dos bandos en plena plaza principal para apoderarse de la presidencia. El pueblo estaba a obscuras debido a que habían interrumpido el servicio de alumbrado público. Uno de los vecinos gritó: ¿Quién vive? y como respuesta recibieron una descarga de balazos que provocó a su vez un tiroteo que duró poco menos de media hora.

Tal vez las acciones se hubieran extendido hasta que uno de los dos grupos: los maleantes y defensores se hubieran quedado sin parque; pero en eso llegó un carro que venía manejado por una persona de nombre Luis Ortiz con la intención de recoger a los ladrones. Cuando los vecinos vieron que trataba de estacionarse, se abalanzaron sobre él y fue llevado con el alcalde don Leocadio Páez.

Los bandidos aprovecharon todo el alboroto y huyeron rumbo al Lechugal. Resultando herido uno de los asaltantes, quienes solamente se llevaron el dinero y dejaron los demás objetos. Una hora después llegaron las fuerzas del jefe de la guarnición de la plaza junto con el Coronel Julio Cejudo, Inspector General de Policía. Le presentaron al chofer, quién les informó que días atrás, como a las 5 de la tarde, se habían reunido en la Quinta Calderón, Pedro “El Tuerto” Nevárez y otros seis acompañantes con la finalidad de preparar un asalto a Santa Catarina, ya que contaba con apenas dos policías. Las autoridades le hicieron un juicio al chofer y lo encontraron culpable de formar parte de la banda, por lo que fue fusilado en el interior de la presidencia. Aunque existe también la versión de que le aplicaron la ley fuga en el lugar conocido como el COD, en lo actualmente es el cruce del antiguo camino a la Huasteca y Manuel Ordóñez.

Pocos días después, atraparon al resto de la banda y fueron fusilados. Luis Ortiz enterrado en el panteón de Santa Catarina y durante buen tiempo se vio que una señora - tal vez su esposa- le llevaba flores a su tumba. Aún existe la tumba pero está abandonada.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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