Durante el siglo XVII se definen las principales estructuras económicas de la Nueva España: la hacienda se consolidó como la principal unidad de producción y que va a subsistir hasta el porfiriato. La hacienda va a cambiar radicalmente el consumo y la forma de vida de los habitantes de la Nueva España: para empezar se tuvo que cambiar el modo de producción indígena de pequeñas parcelas, se tenía que producir el alimento para las misiones, pueblos y reales de minas.

Pero también se enfrentó a situaciones geográficas muy complicadas: las tierras en México dependen mucho de la oportunidad. Entonces la hacienda vino a solucionar todos esos problemas: el proceso de acumulación de tierras que obligaba a mantener organizados todos los modos de subsistencia. Pero la hacienda también le quitó a los indios sus tierras y los obligaba a trabajar para los señores que más bien parecían de estructura feudal.

La hacienda desempeñaba una serie de funciones sociales que aseguraban la permanencia de los trabajadores y la persistencia de la institución. El peón se endeudaba en las tiendas de raya lo cual lo mantenía atado al trabajo. Como España prohibía que sus colonias mantuvieran comunicación y comercio con sus colonias, comenzaron a realizarse obrajes para vestir a quienes no podían adquirir las prendas que si llegaban de la metrópoli. ¿Dónde se ubicaron las principales haciendas? En México, Puebla, Guanajuato, Jalisco etc.

Las haciendas se beneficiaron pues se convirtieron en centros de distribución para los sitios mineros. Se cambiaron los hábitos alimenticios para lo cual se trajeron azúcar, trigo y arroz. De esa forma surgen los campos en donde se cultivaba la caña de azúcar. Regularmente el establecimiento de pueblos mineros hizo posible la población en el norte del virreinato y en consecuencia el establecimiento de estancias y centros de producción agrícola. Estas se instalaban en donde había agua suficiente (manantiales y ríos) con los cuales se comenzó la construcción de obras de infraestructura hidráulica.

A mediados del siglo XVIII surgieron las composiciones, las cuales consistían en la medición y demarcación de determinada propiedad, así como la corrección de defectos de que adolecieran los títulos de propiedad y de merced. De la propiedad comunal indígena se pasó a la hacienda, símbolo de poderío y dominio, de orgullo y de bienestar personal. También se dice que la hacienda cambió o substituyó al viejo cacicazgo prehispánico.

El antiguo mexicano tenía su parcela, era dueño de su tierra que cultivaba. Pero la hacienda, como institución productiva por excelencia, fue fragmentada y ultimada por la revolución mexicana. Tal vez por ello solo existan muchos cascos de haciendas, pues las tierras fueron repartidas, convertidas en ejidos y ahora son propiedades particulares.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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