En 1859, Nuevo León y Coahuila conformaban una sola entidad. Apenas tres años antes, en febrero de 1856, ambas entidades se habían fusionado en una sola para tener mejor control, tanto de los ataques fronterizos de los llamados indios bárbaros y de los aventureros y filibusteros texanos, así como del control de las aduanas. Es importante señalar que solo los distritos de Monclova y Río Grande se habían pronunciado a favor de la anexión de los dos estados, misma que duró hasta 1864.

Por ende, su gobernador Santiago Vidaurri se convirtió en el jefe político y militar de una extensa zona. Para ello se apoyaba en un grupo de prohombres entre los que destaco a Ignacio Zaragoza, Juan Zuazua, Mariano Escobedo y Silvestre Aramberri y en Coahuila a Andrés Viesca, Evaristo Madero y Jesús Carranza. Indudablemente que el noreste mexicano fue la cuna de prohombres, magníficos jinetes, buenos tiradores acostumbrados a la caza y a la defensa de los constantes albazos, aunado a la fe que sentían por su causa y al conocimiento que tenían de su terreno.

En este tiempo, las relaciones políticas, económicas, sociales y hasta familiares fluían y se generaban sin problema alguno. Por ejemplo, Jesús Carranza Neira había contraído nupcias en 1837 con María de Jesús de la Garza, hija de dos prominentes vecinos del antiguo Valle de San Juan Bautista de la Pesquería Grande. A decir verdad y lo digo con respeto, que el homenaje el cual nos congrega el día de hoy en beneficio del 151 aniversario del natalicio del Varón insigne, sirva para presentar nuestro más sincero reconocimiento a don Venustiano pues nosotros en Nuevo León también lo consideramos como uno de sus hijos ilustres, al igual que lo hacemos con Miguel Ramos Arizpe.

Porque un 29 de diciembre de 1859 nació en la mítica Cuatro Ciénegas, don Venustiano Carranza Garza.

Carranza y Ramos Arizpe superan los espacios físicos y los límites temporales. Lo mismo son de Coahuila, que de Nuevo León o de México. Carranza ocupa el papel protagónico que Juárez vivió en su tiempo. Ambos son reformadores y celosos liberales de las instituciones, al igual que promotores de las leyes que constituyen y estucturan a esta gran nación. Juárez con las leyes de Reforma y Carranza con el municipio libre, base efectiva del verdadero sistema federal. Uno promovió la constitución el 5 de febrero de 1857 y el otro, exactamente 60 años después, a la Carta Magna que aun nos rige.

A la caída de Madero en febrero de 1913, en Coahuila surgió la reacción contraria al presidente Victoriano Huerta, pues en Ramos Arizpe, se proclamó el 26 de marzo de 1913 el plan de Guadalupe. Victoriano Huerta nombró como gobernador del estado al Lic. Salomé Botello quien tomó posesión el 24 de marzo de 1913. Originario de Villaldama, recibió abiertamente el apoyo de los grupos empresariales. Solo el alcalde de Monterrey, don Nicéforo Zambrano se opuso a él, por lo que fue aprehendido. Don Nicéforo había vivido en Cuatro Ciénegas en donde se casó con María de Jesús Castilla, y conoció a don Venustiano y gobernó a Nuevo León entre 1917 y 1919. Una de las cosas que hizo Salomé Botello fue la de organizar un grupo llamado la Defensa Social de Monterrey, conformado preferentemente por empleados de las empresas y principales casas comerciales y obreros de las industrias para que actuaran como grupo paramilitar y defendiera los intereses oficiales como de los particulares.

Muchos de los recursos y artículos de primera necesidad que se requerían, fueron conseguidos gracias al apoyo de la Cámara de Comercio de Monterrey, de la principales industrias y de los gremios de médicos, maestros y abogados. Cuando cayó Huerta, militares identificados con Carranza y que eran originarios de Lampazos del Naranjo, mi hidalga tierra, como Antonio I. Villarreal, Pablo A. González y Fortunato Zuazua, van a mantener el control militar y político de la región noreste.

Los días de mayor tensión en el estado fueron el 23 y 24 de octubre de 1913. Algunos municipios como Mina y Salinas Victoria ya estaban tomados por los carrancistas. El 22 de octubre de ese año se enfrentaron los carrancistas contra los últimos reductos fieles a Huerta en el Topo Chico.

Monterrey estaba defendida por una fuerza de mil 700 hombres que le hicieron la vida imposible a Pablo A. González, quien finalmente optó por la retirada, dejando una estela de destrucción y muerte. En los cables de luz y telégrafos quedaron decenas de carrancistas ahorcados. Muchas casas tenían las huellas de los orificios provocados por las balas y se veía a muchos cadáveres regados por doquier. Finalmente el 23 de abril de 1914 los carrancistas se hicieron de Monterrey, quedando como gobernador del estado don Antonio I. Villarreal. Los defensores pudieron detener el avance de los carrancistas, pues éstos, antes de atacar la plaza de Monterrey, prácticamente habían tomado las instalaciones de la cervecería y del producto que ahí guardaban.

Las tropas fieles al Plan de Guadalupe no se amilanaron y regresaron a Monterrey para ocupar la plaza. Las tropas huertistas debieron salir con rumbo a Saltillo y para no encontrarse con los enemigos, se aventuraron a cruzar la Sierra Madre a través del Cañón de Santa Catarina. Iban cerca de tres mil hombres, con ocho cañones y varias ametralladores al mando de Wilfredo Massieu.

Villarreal también enfrentó a los empresarios que habían mostrado simpatía hacia Salomé Botello e incautó bienes a los principales hombres que apoyaron al huertismo en Nuevo León. El 10 de junio de 1914, Pablo A. González impuso una fuerte multa a la Cervecería Cuauhtémoc, por lo que el cónsul de los Estados Unidos Phillip Hanna hizo un reclamo para evitar dañar la participación que los extranjeros mantenían en la empresa. A lo que Pablo A. González le contestó que era una empresa mexicana y que como tal debía estar sujeta a las autoridades del país.

Es probable que Carranza estuviera en al menos dos ocasiones en Monterrey. La primera el 25 de junio de 1914. Durante su estancia se quedó en una de las casas del cerro del Mirador y en Monterrey en la casa del Lic. Eugenio Castillón. Carranza estuvo otra vez en Monterrey entre el 13 y 19 de octubre de 1914. Fue bien recibido por los empresarios, quienes le hicieron una comida en la Quinta Calderón. No obstante al recibimiento que le habían dado, amenazó a los principales invitados con fusilarlos por apoyar al régimen del traidor Huerta.

Por estas fechas los ejércitos de Villa y Zapata rompen relaciones en contra del de Carranza, a quien desconocieron como primer jefe del ejército constitucionalista. De nueva cuenta la región fue escenario de los enfrentamientos entre la famosa División del Norte y la aguerrida División del Noreste. Finalmente los carrancistas entregaron la plaza y se fueron a algunos lugares de Coahuila y Tamaulipas en donde esperaron la oportunidad de enfrentar de nueva cuenta a los villistas. Se dice que en una cantina de Monterrey, los villistas compusieron unos versos en contra de los carrancistas, pero con música de una canción muy antigua llamada La Cucaracha.

Felipe Ángeles entró a Monterrey el 15 de enero de 1915, quien quedó como gobernador. Luego le siguió Raúl Madero, hermano de los mártires Francisco y Gustavo. Villa llegó a Monterrey con el grueso de la División del Norte el 13 de marzo de 1915, para dejar la ciudad el día 19 de ese mes. Finalmente los villistas fueron empujados por los carrancistas para dejar la ciudad, huyendo con rumbo a Icamole, perteneciente a Villa de García, en donde se enfrentaron. Ahí la División del Norte sufrió otra de sus peores derrotas.

Carranza es de México, pero también de Cuatro Ciénegas. ¿Y saben porqué? Porque este lugar bello y enigmático forja hombres y mujeres ilustres. Cuatro Ciénegas, al pie de las últimas montañas de la Sierra Madre Oriental con color a mar profundo, en donde el cielo y sus pozas se enlazan hasta confundirse en uno solo. Pueblo arrinconado a propósito en la entrada de cuestas y puertos de la colosal artillería de piedra que hace de muralla. Hecho para vigilar las acometidas y asaltos sobre el valle, protegido eternamente por el cerro del Muerto. Porque Cuatro Ciénegas es la esperanza del hombre del desierto que es mi hermano. Y que viva mi presidente Carranza.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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