Dr. Antonio Guerrero AguilarLos Herreras, Nuevo León es un municipio situado al noreste de Monterrey a poco más de cien kilómetros. Fue establecido a mediados del siglo XVII como una estancia ganadera a la que llamaron precisamente el rancho de la Manteca y perteneció originalmente a la jurisdicción territorial de Cerralvo. El 20 de noviembre de 1874 fue erigido en municipalidad con el nombre de los Herreras, en honor a los hermanos José y Martín Herrera quienes por cierto, fueron de los pocos que lucharon por la guerra de Independencia en el Nuevo Reyno de León en el verano de 1811.


Una vez el hijo más ilustre de los Herreras, don Lalo González “El Piporro” sentenció que su pueblo natal fue la última capital del mundo antiguo, pues cuando el coloso de Rhodas rodó y el Parthenón se partió, los restos se quedaron en Grecia, mientras que en Herreras solo se quedó pura piedra bola.

Pues bien, Eulalio González Ramírez, conocido en el ambiente artístico nacional como “El Piporro”, nació en los Herreras el 16 de septiembre de 1924, hijo de don Pablo González y Elvira Ramírez. Por razones laborales propias de don Pablo, de niño y adolecente Eulalio vivió en diversos puntos de la frontera de Tamaulipas como Ciudad Guerrero, ahora inundada por las aguas de la presa Falcón, los Guerras, una congregación que en ese entonces pertenecía a Mier y ahora es de Miguel Alemán, en Reynosa y Matamoros. En esos lugares inició sus estudios primarios, llegando a Monterrey en 1943 para cursar la carrera de medicina que no concluyó, por lo que se graduó en teneduría de libros y esteneografía. De igual forma incursionó en el periodismo en el diario El Porvenir y se dedicó a la locución en estaciones como la XEMR en donde imitaba a cantantes, luego pasó a la XEFB y posteriormente a la XET.

Laboraba en este medio cuando el desaparecido cantante y actor Pedro Infante lo invitó a la ciudad de México para que probara suerte en la farándula. Por su capacidad de imitar voces, fue contratado en 1948 para actuar en la radionovela “Ahí viene Martín Corona” en donde interpretó al “Piporro”, personaje creado por el bachiller Alvaro Gálvez y Fuentes.

Sus inicios en el cine fueron en 1950 cuando participó como extra en películas como “La Muerte Enamorada” y “Dancing”.

A partir de ahí inició una carrera en el cine nacional en donde compartió créditos con los más importantes actores de la época como Pedro Infante, los cuatro hermanos Soler, Antonio Aguilar, Antonio Badú, Pedro Armendáriz y también fue galán de las mujeres más bellas de la época como Christian Martell, Rosita y Elvira Quintana, Ana Bertha Lepe y la “Doña” María Félix, de la que por cierto Piporro se ufanaba se ser el único que la había cacheteado y nalgueada en películas, aún y cuando ella se había fajado de lo lindo a actores como Pedro Armendáriz y Jorge Negrete.

Un tiempo tuvo problemas con la industria cinematográfica nacional, por lo que se dedicó a producir y a realizar películas en forma independiente y también incursionó en programas de televisión. Por la cinta “Espaldas Mojadas” ganó un Ariel y por “El Pocho” una Diosa de Plata. En sus orígenes salía personificando a viejos. Por ejemplo, cuando comenzó a filmar “Ahí viene Martín Corona” debía dar vida a un personaje que rondaba los setenta años, cuando el no pasaba de treinta. Después hizo películas como El Bracero del Año, El Rey del Tomate, Torero por un Día, los Santos Reyes, la Nave de los Monstruos, De tal palo tal astilla, El Padre Pistolas. Entre otras más. Quien no recuerda cuando salió con Luis Aguilar, Pedro Vargas y Agustín Lara, a quien por cierto siempre le jugaba bromas.

Algo que es digno de reconocerse, es que la mayoría de los apellidos de los personajes que salían en las películas, eran Garza, Treviño, Martínez, Cantú o Villarreal. Es el prototipo del habitante del noreste mexicano, que junto con Eleazar García “Chelelo” y Jesús González Leal “Chis Chas”, han difundido el espíritu y el alma del noreste, con sus canciones, ocurrencias y forma de hablar fuerte y golpeado y la forma de ser del norestense y/o norteño.

Es un compositor prolífico de canciones de las llamadas norteñas, en las que hablaba personajes y lugares comunes como Saltillo, Ramos Arizpe, General Bravo, Allende y sin olvidar a su Reynosa querido. A el le debemos la incursión tanto en el cine nacional como de la grabación de discos de los Donneños, que siempre lo acompañaron en las canciones típicas y más conocidas del Piporro, como Agustín Jaime que por cierto cantó a dueto con Oscar Pulido, el Taconazo, el Abuelo Ye-ye, Chulas fronteras, y demás canciones en las que imitaba voces, metía mariachi o acordeón al rock and roll y demás lujos que solo Lalo González se podía dar. Con una chispa innata para la actuación, cuando Pedro Infante esperaba la oportunidad para empezar a cantar Cien años, Piporro se le adelanta, le roba la escena y lo guía para que comience a cantar.

Contrajo matrimonio con Ernestina Ballí González y de esa unión, nacieron seis hijos.

Seguramente doña Ernestina fue aquella mítica Petrita del Bracero del Año. Murió el 1 de septiembre de 2003. A siete años de su partida, siguen haciendo falta hombres como el Piporro, que nos hacían ver y reconocer a Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, como la parte del norte del México que desde el centro y del resto de la república respetaron gracias a las ocurrencias y forma de ser del Piporro. Y a reconocernos obviamente como habitantes del noreste mexicano. Por eso, nadie como él y nadie que llene sus botas con las cuales bailaba el Taconazo y gritaba: “Ajúa”.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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