Dr. Antonio Guerrero Aguilar

El Nican Mopohua es un relato compuesto por una serie de diálogos que se dan entre la Virgen y Juan Diego y de Juan Diego con el obispo Zumárraga. Se le atribuye su autoría a Antonio Valeriano quien nació en Azcapotzalco entre 1522 y 1526, fue alumno y maestro en el Colegio de Tlatelolco, en donde aprendió latín y castellano...

Dr. Antonio Guerrero Aguilar

El Nican Mopohua es un relato compuesto por una serie de diálogos que se dan entre la Virgen y Juan Diego y de Juan Diego con el obispo Zumárraga. Se le atribuye su autoría a Antonio Valeriano quien nació en Azcapotzalco entre 1522 y 1526, fue alumno y maestro en el Colegio de Tlatelolco, en donde aprendió latín y castellano. Fue colaborador de fray Bernardino de Sahagún para estudiar y recuperar la lengua y tradición prehispánica. Luego llegó a ser gobernador de Azcapotzalco en donde murió ya muy anciano en 1605. Como el Nicán Mopohua fue escrito casi 100 después, de ahí vienen las dudas en torno a su autenticidad, pues para algunos, los diálogos son similares a los que la Virgen María tuvo con el Apóstol Santiago en Zaragoza, España. De ahí la creencia de que está escrito en lengua náhuatl pero que expresa una mentalidad europea.

Hay que señalar que en ese tiempo, durante la llamada conquista espiritual, se usaba como método pedagógico, las representaciones teatrales llamadas “Neixcuitilli”, en la que los frailes, hacían ver como Dios, la Virgen y los santos participaban en la vida de los indios. Por ende, lo que pasó en el Tepeyac nos habla de cómo la Madre de Dios, la Tonatzin, eligió ese lugar para manifestar su amor y bendición al pueblo dominado por los españoles. Y tiempo después, los mexicanos aun recurren a la Madre de Dios para que les cumpla el milagro y aunque no se dé esa señal en forma muy explícita, de todas maneras van a los templos y parroquias en donde haya una imagen de la Guadalupana.

La Virgen de Guadalupe está preñada de la esperanza, en la que confluye el Cihuacóatl-Tonatzin, símbolo de la milagrosa lucha del parto para los mexicas. Desde entonces la Virgen de Guadalupe es la emperatriz del cielo, la reina de los ángeles y la madre de los elegidos. María es un ser celestial que representa también la dualidad del Dios creador y constructor del Universo.

Para muchos, la Virgen de Guadalupe es el origen del patriotismo criollo. Una vez Ignacio Manuel Altamirano escribió en torno a la visita al Tepeyac: “Allí están todas las razas de la antigua colonia, todas las clases de la Nueva República, todas las castas que viven en nuestra democracia, todos los trajes de nuestra civilización, todas las opiniones de nuestra política, todas las variedades del vicio y todas las máscaras de la virtud en México. Nadie se exceptúa y nadie se distingue: es la igualdad ante la Virgen, es la idolatría nacional”

El culto guadalupano se propagó a partir de la construcción del segundo templo en 1624 y tomó auge entre 1648 y 1747 cuando la Virgen ya fue declarada patrona principal de la Nueva España. Pero la Virgen es uno de los pocos símbolos de la identidad que ha prevalecido por más de cuatro siglos. Por ello Ignacio Manuel Altamirano señaló que en “México, además de la muerte, nada nos iguala tanto como la Virgen de Guadalupe”.

Para el escritor Rodolfo Usigli, “el mito guadalupano es el resultado más puro de los conflictos del siglo XVI entre España y la Nueva España. La Virgen de Guadalupe no es adorno es destino, no existe más que un milagro posible y ese milagro es la fe”. Por ello, cerca de un millón de peregrinos visitan la basílica cada mes y en diciembre la visitan hasta 3 millones.

El guadalupanismo es una síntesis, un encuentro de fe de los evangelizadores españoles con las tradiciones indígenas. Para el teólogo de la liberación Enrique Dussel “La Virgen de Guadalupe forma parte del imaginario popular, su verdadero significado se da en el plano simbólico. Esta virgen es venerada por el pueblo que se aglutinó en torno a ella para descubrir su verdadera identidad. La Guadalupana siempre ha sido estandarte de las luchas populares, siendo la Tonatzin, la madre de nuestra tierra, fue la bandera de Hidalgo, el estandarte zapatista durante la Revolucuión Mexicana. Es una virgen que desde sus orígenes ha estado con las causas de los oprimidos”.

Por ello es la Madre de todos los mexicanos, sin duda alguna. Por que dicen que todo buen mexicano es un buen guadalupano.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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