Dr. Antonio Guerrero Aguilar

Durante la conquista y la colonización del noreste mexicano, estuvieron presentes aventureros y mineros procedentes de Zacatecas, de la Nueva Vizcaya, la Nueva Galicia y San Luis Potosí...

Dr. Antonio Guerrero AguilarDurante la conquista y la colonización del noreste mexicano, estuvieron presentes aventureros y mineros procedentes de Zacatecas, de la Nueva Vizcaya, la Nueva Galicia y San Luis Potosí. También llegaron familias fugitivas procedentes del sureste ibérico, aparentemente con raíces sefarditas, además de tlaxcaltecas aliados a los conquistadores españoles que establecieron y poblaron una buena cantidad de pueblos, ya sea en el altiplano central, en las regiones esteparias semidesérticas o en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental. En el siglo XVII numerosas familias de origen vasco se introdujeron como ganaderos en el Nuevo Reino de León, quienes también dejaron nuevos modos de vida.

Durante la colonia y una parte del siglo XIX, las Provincias Internas de Oriente, tuvieron poco contacto con las principales ciudades del centro del país. Se sufría por el poco socorro y apoyo que llegaba de la ciudad de México. En cierta forma ésto permitió, que la manera original de hablar de los primeros pobladores no se perdiera y que una buena cantidad de arcaísmos, permanecen vigentes hasta nuestros días.

Se dice que con Carvajal y de la Cueva llegaron los sefarditas. Se denominan sefarditas, sefardíes o sefardim (vocablo que proviene de la palabra “sefaraad” y que tradicionalmente designa a España) a los judíos oriundos de la península ibérica. Fueron expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos y tomaron varios destinos como Portugal, Italia, el norte de Africa y algunas regiones del imperio otomano. Durante la ocupación árabe en España, tuvieron contacto con dicha civilización y aportaron una cultura muy sólida para el occidente. La lengua de los sefarditas es el ladino. Etimológicamente proviene del latín latinus. También se le conoce como idioma judeo español.

Esta lengua es un castellano muy propio del siglo XV y está compuesto por una incorporación de palabras del hebreo bíblico, del Talmud y de palabras hebreas españolizadas. El ladino se escribe con caracteres hebreos en la escritura cursiva española y para su impresión se empleaban en ocasiones caracteres latinos.

Es probable que en la nómina de los 200 pobladores que llegaron en la nave Santa Catalina con Luis Carvajal y de la Cueva, venían muchos de ascendencia sefardita. De aquellos peregrinos sefarditas aun queda algo de sus costumbres y vocablos. Por ejemplo, la elaboración de tortillas de harina, panes conocidos como turcos, el gusto por el cabrito, la preparación de dulces de leche, la creencia de que en la noche salen unos duendes en las cocinas y que hacen travesuras.

Según el investigador Ricardo Elizondo Elizondo, a ellos se les atribuye la tradición de sembrar en los patios un granado, una higuera y un limón. El granado significa unidad familiar, la higuera la sabiduría y el limón la resignación. La prohibición de comer carne acompañada de leche. Se le rinde culto a la noche a través de lunadas, cenas, pláticas, y caminatas. O la forma recurrente de curarse enfermedades con huevos y alumbre, tal y como lo prescribe el Talmud. La obligación del varón de ver a una hermana que no se haya casado, cierta práctica de levirato, que exige que el hermano del difunto debe tomar a la esposa o casarse entre los mismos. Tal vez el aporte cultural más típico y significativo sea la palabra güerco. Güerco viene del hebreo Horcus que literalmente significa demonio.

La gente de nuestros pueblos tiene la costumbre de suprimir la doble LL intervocálica: dicen sía por silla, blanquíos por banquillos o estrea por estrella. Se dice que la costumbre de suprimir u omitir la letra D en palabras terminadas en ado viene también de los sefarditas. Regularmente en las zonas rurales se dice juzgao por juzgado, ocupao por ocupado y ganao por ganado. Otras palabras de uso común como almorzar, querencia, arsado por oculto, ma por pero, prieto al negro, jerica por molestia, arrodear por dar la vuelta. Existe la posibilidad de que haya presencia sefardita en el norte de Coahuila, centro, oriente y norte de Nuevo León y norte de Tamaulipas.

De los primitivos pobladores del noreste, existen una serie de vocablos registrados en la toponimia regional, tales como Hualahuises, Agualeguas, Mamulique, Huinalá, Nacataz e Icamole. Existen varias singularidades que predominan por la influencia indígena: principalmente la utilización de diminutivos o contracciones como “pa cá” por para acá, “pa llá” por para allá. Decir “ancase” por “en casa de”, además del uso de una buena cantidad de nahuatlismos como mecate, molcajete y metate.

En algunas regiones de Nuevo León aun se habla con arcaismos. Se entienden por arcaísmos, a los usos y los empleos de una expresión anticuada en lugar de una contemporánea. Afectan a la forma de palabras porque producen supresiones, adiciones o substitución completa en la que se da una relación de oposición a las formas actuales de expresión.

Subsisten por el aislamiento geográfico y político característico de la época colonial los siguientes ejemplos: dende por desde, truje por traje, ansí, ansina o asina por así, daca por dame, vide por vi. Endenantes por hace poco, endevido por individuo, ler por leer, mestro por maestro, pelotera al tiroteo, espeta por esperanza y belduque al cuchillo. Regularmente se dice atrasado por enfermo o empeorado, cholenco si su dolencia es pasajera, atiriciado por melancólico y ñango por enfermizo.

También hay que resaltar los esfuerzos realizados por los indios tlaxcaltecas, para cimentar la colonización de todo el noreste mexicano. Partiendo de Tlaxcala, en 1591 se asentaron 400 familias en Zacatecas, San Luis Potosí, Coahuila y posteriormente en Nuevo León. A un lado de Saltillo formaron un barrio al que llamaron de San Esteban de la Nueva Tlaxcala. En Nuevo León tienen presencia en lugares como Bustamante, Guadalupe y Hualahuises. En ellos existen muchas arboledas, costumbres de elaborar pan de pulque y artesanías de cuero, madera o cerámica.

A partir de 1626 se dio un auge ganadera que propició una serie de vocablos, derivados de la labor de amansamiento y domesticación de reses y caballos salvajes. Palabras que nos recuerdan esa herencia son las siguientes: amachado por terco, cerrero por mal educado y baquetón por desvergonzado. De igual forma, se refleja en la particularidad culinaria, especialmente en cortes de carne y el gusto o consumo de cabrito, panzate, y cuajitos. En la repostería regional sobresalen las semitas, las hojarascas y los turcos que contienen carne y fueron amasados con carne de puerco.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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