Para 1702, el Padre Jerónimo López Prieto, originario de la Villa de Santiago del Huajuco y procedente de Guadalajara, solicitó permiso para instalar un colegio que sería atendido por los padres oblatos. Para 1712 ya estaba funcionando como colegio seminario, a un lado de un templo que se hizo especialmente para esos efectos: el templo de San Francisco Javier, situado en Morelos y Escobedo. Parece ser que la compañía de Jesús lo administró a partir de 1716, pero dejó de funcionar en 1736. Ahí se enseñó lógica, gramática, retórica, matemáticas, música, geometría y astronomía. Aunque los jesuitas tenían terrenos en Sabinas e Higueras, los vendieron y se fueron a Parras.

En 1762 se establece el primer servicio postal entre la ciudad de México y Monterrey. En 1767, la señora Leonor Gómez de Castro, dejó en su testamento, 6,000 pesos para que se le pagara a un maestro que se enseñara gramática. La escuela aun funcionaba para 1773 y en ella se enseñaba filosofía, retórica y literatura. Entre los alumnos que asistían estaba Servando Teresa de Mier y Noriega.

Un acontecimiento significativo para la región, fue el establecimiento del Obispado de Nuevo Reino de León en 1777, para lo cual se fijó a Linares como sede episcopal. Fray Antonio de Jesús Sacedón fue el primer obispo que tomó posesión en 1779 pero murió al poco tiempo. El segundo obispo Fray Rafael José Verger, llegó a la diócesis en 1783. Es considerado el primer urbanista de Monterrey pues planeó el crecimiento de Monterrey hacia el poniente por considerarlo más sano y consiguió que el agua del río Santa Catarina sirviera para el consumo potable. Para 1787 empezó la construcción del palacio episcopal sobre la loma de la Chepe Vera; supuestamente llamada así porque perteneció a un poblador llamado José Vera y además promovió la apertura de una escuela para niñas. Introdujo en la región una buena cantidad de conocimientos científicos y botánicos.

Pensó construir una catedral similar a la de su tierra natal Palma de Mallorca pero le sobrevino la muerte en 1790. En 1792, el tercer obispo Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés fundó el Real y Tridentino Colegio Seminario Conciliar de Monterrey, considerado como la cuna de la educación superior del noreste. En ésta época se hizo el primer plano oficial y se introduce la vacuna contra la viruela. Al año siguiente estableció el hospital de Nuestra Señora del Rosario, institución médica que prevaleció hasta la creación del hospital civil en 1853. También promovió la urbanización de Monterrey hacia el norte.

Hay que hacer mención del primer arquitecto urbanista que llegó al Nuevo Reino de León: Juan Crousett. Procedente de Baraiac, Francia, había estudiado arquitectura en Italia. Llegó en 1793 a instancias del obispo de Llanos y Valdés. Diseñó el hospital de Nuestra Señora del Rosario, la urbanización hacia el norte y la construcción de una catedral nueva que quedó inconclusa. En 1798 hizo un plano de Monterrey y en 1799 trazó uno del Nuevo Reino de León. También hizo un proyecto para canalizar un arroyo en Cadereyta. Y diseñó el campanario del templo de San Nicolás en Ramos Arizpe, Coahuila.

Para 1798 llegan los primeros médicos titulados y al año siguiente se construyó el puente de la Purísima y sobre él se instaló una imagen de cantera rosa traída de San Luis Potosí. El puente cruzaba los arroyos de los ojos de agua de Santa Lucía, en la calle Diego de Montemayor, casi esquina con Juan Ignacio Ramón. Muchos dudaron de su resistencia, por lo que el constructor hizo que pasara una carreta repleta de arena sobre el puente y se puso abajo para retar a sus adversarios. El puente no se cayó. Pero en 1934 fue derrumbado y la imagen destruida. La restauraron en 1940 y la instalaron en la explanada del Museo del Obispado.

En este periodo se fija el sentido utilitario de la vida en el habitante del Nuevo Reino de León, mismo que se refleja en el alma, en los sentimientos, la emotividad y hasta en el aspecto físico. Al norestense le gusta lo que va a permanecer y va a seguir actuando y funcionando.

La comunicación de los pueblos va a ser muy estrecha. La ganadería y la agricultura van a ser las principales actividades económicas. Estas se van a reflejar en la arquitectura y en la vestimenta: el tirolés de los muros que parece un aborregado que descompone la luz y evita su calentamiento excesivo, la lana, las primeras fábricas de hilados y tejidos y en la elaboración de los sarapes. De igual forma se generalizó la utilización del cuero en otras actividades como la minería y por supuesto, en la vestimenta.

Las construcciones y las casas tenían los colores típicos y que eran comunes en el paisaje: el blanco encalado, el magro que es un rojo oxidado y la cal mezclada con alguna tierra para que diera un color azulado.

No hubo grandes centros mineros. El que tuvimos se agotó rápidamente: San Antonio de la Iguana en Lampazos. Hubo reales de minas pero que no se comparan con los reales de minas que conocemos en el centro del país: Sabinas, Villaldama y Vallecillo, o también como Cerralvo, Higueras y Santa Catarina que dieron pocos metales de baja calidad.

El noreste va a ser tierra de guerra viva y siempre fronteriza. Los nombres religiosos van a imponerse en la toponimia regional: Guadalupe, Santiago, San Juan Bautista, San Pablo, entre otros. Las poblaciones se van a dar en orden jerárquico: gobierno de provincia o reino, ciudad, villa y pueblo. Había varios tipos de pueblos: puestos, haciendas, misiones y presidios.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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